La cuarentena

Barañain

“¿Dónde está Rajoy?” La pregunta ha recorrido casi toda la prensa nacional, ha rebotado en los medios europeos  (BBC,  Le Monde, Financial Times,…) y está siendo motivo de chanza en las redes sociales. Incluso en la prensa amiga: en El Mundo, un humorista disfrazaba  en su viñeta a Rajoy de Wally,  el personaje del jersey de rayas rojas y gorro con borla que había que localizar entre montones de gentes y animales en todas las partes del mundo.

Mariano Rajoy – ¿se acuerdan de él? – es la persona que encabeza el gobierno de España tras la victoria electoral del PP, el gobierno que ha empezado a tomar determinadas medidas frente a la crisis -llámenlas “ajustes”, “recortes”, “tijeretazo”, “limitación temporal”, o como prefieran-, incluidas algunas que  rechazó rotundamente  durante su etapa como líder de la oposición y aún en la misma campaña electoral. Es esa persona que reprochaba con vehemencia a su antecesor que no diera suficientes explicaciones a los españoles sobre la gravedad de la crisis y sobre sus políticas frente a ella.

 Desde que asumió el mando, no ha concedido una sola rueda de prensa ni ha pronunciado discurso alguno. El 20 diciembre fue elegido presidente y el 21, al jurar  su cargo y anunciar sus ministros, no respondió a preguntas de los informadores. Al día siguiente acudió al juramento de Soraya Sáenz de Santamaría y apenas si realizó algún comentario. El 23 presidió su primer Consejo de Ministros: ni una palabra. Ya el 27 de diciembre acompañó en silencio a los reyes en la inauguración oficial de la X legislatura. Tres días más tarde presidió el consejo de Ministros donde se aprobó el “tijeretazo”, pero no compareció en rueda de prensa. El día 5 enero presidió su tercer Consejo de Ministros y el 6 fue visto en los actos de la Pascua Militar. La Vicepresidenta quiso aclarar que Rajoy “comparecerá cinco consejos de ministros y un mes y una semana después de su investidura”, y que, por tanto, “no está demorado en el tiempo”. No busquen la lógica en esa aclaración.

Inaugurando un nuevo y sorprendente estilo, el flamante presidente ha decidido desaparecer de la escena y dejar que sean sus segundos de a bordo los que den explicaciones, ante los ciudadanos y ante el Congreso, sobre las decisiones adoptadas. La diferencia con el proceder del resto de mandatarios europeos es notable: los recortes aprobados en Italia, Grecia, Portugal o Irlanda siempre han sido comunicados por sus primeros ministros. Como si temiera no poder disfrutar del tradicional período de gracia de cien días, Rajoy ha optado por no arriesgarse y dejar que sean otros los que quemen su imagen anunciando las malas nuevas. Él se reserva para dentro de un mes, para después de que haya estrenado en la primera cumbre de gobernantes europeos que compartirá como presidente el próximo 30 de enero.

Sáenz de Santamaría justificó el “mutis por el foro” de su jefe porque, según dijo,  debe detallar las decisiones que se tomen en esa cumbre europea, que es “clave y determinante para las finanzas españolas”. Lo que no dijo es por qué debía demorarse la explicación ante los españoles y/o sus representantes sobre las decisiones ya tomadas por su gobierno. Tampoco pareció recordar que lo de “ir a remolque de los europeos” fue una continua acusación de Rajoy al ejecutivo anterior. Tal vez Rajoy crea que, tras esa cumbre, envueltas sus medidas propias entre las del conjunto de los europeos, le resulte más fácil de vender la receta a la opinión pública. Como esto ocurre en un momento excepcional para la economía española, es inevitable recordar las veces en que Rajoy aseguró -con la solemnidad que le caracteriza a veces- que lo importante, frente a la crisis, es transmitir certidumbre. ¿Qué certidumbre contagiará quien no se atreve a dar la cara en el momento en que empieza poner en práctica sus planes?

Cuando Rajoy reaparezca habrán transcurrido al menos  cuarenta días desde su toma de posesión. Toda una “cuarentena”, como la de aquellos períodos de aislamiento  a los que se sometía, en los puertos, a viajeros sospechosos de portar una enfermedad contagiosa, cuando procedían de regiones con epidemia. Aunque aquí la cosa es al revés: parece que es Rajoy quien decide aislarse para protegerse de sus conciudadanos (y mejor no especulo sobre las semejanzas de esta situación con la “cuarentena” entendida según la otra acepción del término -popular en Latinoamérica-, como sinónimo de puerperio, el período de adaptación del cuerpo de la mujer tras el parto hasta su vuelta a su estado previo).

Descartado que el presidente del gobierno tenga a bien intervenir en el Congreso de los Diputados dentro de un par de días, cuando se reúna para convalidar el real decreto con las medidas de ajuste,  se nos ha dicho que tal vez se avenga a conceder alguna entrevista durante este período de cuarentena para calmar nuestra ansiedad. No hay que hacerse muchas ilusiones sobre ello, habida cuenta de que, ya en la oposición, Rajoy se mostró tacaño con los medios de comunicación y cogió gusto a esas ruedas de prensa en las que no admitía preguntas de los periodistas. Pero es más difícil que pueda escapar  – sobre todo si arrecia el “¿dónde está Rajoy?” -, de una rueda de prensa, de las de verdad, cuando reciba a Sarkozy en La Moncloa la semana próxima, aprovechando que el francés viene a recibir no sé qué condecoración de manos del rey; aunque, por si acaso, cuando escribo esto aún no se ha anunciado qué formato tendrá el encuentro entre ambos mandatarios.

A esta desaparición del presidente del gobierno, su fiel vicepresidenta lo  llamó “economía procesal”… ¡y se quedó tan ancha! Mejor no ahondamos en esa tontería (por lo del período de gracia) y vamos a suponer que si a Soraya Sáenz de Santamaría no se le ocurrió en ese momento otra salida sólo fue por su escasez de recursos dialécticos y no porque refleje verdaderamente una siniestra concepción de la responsabilidad del gobernante en democracia. No es cosa -¡tan pronto!-, de empezar a temer por la “calidad democrática” de la  legislatura que nos aguarda. Aunque la comparación entre aquel primer Zapatero que debutó haciendo del buen “talante” su contraseña y este Rajoy que se estrena con  “economía procesal” ante la ciudadanía es, no me lo negarán, algo inquietante.