La crisis del PSOE

Lobisón

¿Alguien sabe qué quiere decir que para resolver la crisis del PSOE hace falta más socialismo? Yo no, y además las expresiones vacías me ponen de muy mal humor. Pero la peor hipótesis es que se trata de un guiño a la izquierda. ¿A la izquierda socialista, a los socialistas simpatizantes de Podemos o próximos a IU? Ay, señor.

La crisis del PSOE, me temo, es bastante complicada. Por una parte en buena medida se ha perdido la identificación de un gran número de ciudadanos con el liderazgo socialista. En este aspecto hay una componente generacional: los menores de 35 años no han vivido los cambios de los años ochenta y están hartos del protagonismo y el autobombo de la generación de la transición. Pero no es sólo eso: un 60% de los votantes de Podemos son mayores de 45 años. Su desidentificación parece ser consecuencia del rechazo de los cambios económicos y sociales que arrancan en mayo de 2010, y de que no ven en el PSOE un voto útil para crear una nueva situación general.

Podemos pensar que el origen es el giro de ZP a la consolidación fiscal, pero el problema es que el liderazgo socialista no ha logrado sacudirse ese estigma después de 2011. Y no será porque no lo ha intentado: ahora que Rubalcaba ya ha anunciado su retirada alguien podría comenzar a estudiar con cuidado y objetividad los ataques de la oposición socialista al gobierno de Rajoy. El problema era que la gente no escucha lo que dicen los políticos, sino que les ven la cara, y a Rubalcaba ya se la habían visto, y mucho, durante el gobierno de Zapatero. Ya podía decir misa.

Quizá entonces el primer paso es un necesario cambio de caras. Pero después la gente va a fijarse en lo que dicen las nuevas caras, y a la gente común no nos gustan los guiños, como nos ponen nerviosos los tics de Rajoy. Lo que tendrá que hacer el nuevo secretario general del PSOE, y más aún el futuro candidato o candidata a la presidencia del gobierno, no es entretener a la parroquia con nuevos y audaces mecanismos de participación y gestos de renovación de la vida partidaria, aunque sean necesarios. Lo que la gente quiere es un discurso coherente sobre lo que hay que hacer con España, para superar las divisiones territoriales y restablecer la cohesión social.

Vale, la campaña para ganar un congreso partidario no es lo mismo que la campaña para ganar unas elecciones generales, pero si en el congreso no se consigue dar una imagen de propósito serio de cambiar España, se va a poner muy cuesta arriba hacerlo después, en las primarias o en la campaña para las locales y para las generales. Y no basta con decir que la actual recuperación económica es frágil y no compensa los destrozos sociales causados por la austeridad. Por cierto, ¿alguien piensa hablar de Europa y no sólo como excusa? Como sigamos así el PP, podrá gobernar una segunda legislatura mientras nosotros seguimos haciendo guiños y aspavientos.