La cosa está mal, remal, pero hay esperanza

LBNL

Me explico. O lo intento. Sí, como decía Xavier Vidal-Folch el sábado en El País, la crisis de Grecia “es el peor revés para la mejor criatura de Europa desde su fundación en 1957”. Ciertamente el euro es de lo mejorcito que ha creado la Unión Europea, sin desdeñar la libre circulación con DNI, Erasmus o la liberalización del tráfico aéreo, que nos permite vacacionar a mitad de precio. Y lo que pueda pasar en los próximos días es una amenaza en toda regla al futuro de Europa, no sólo el económico o financiero. Pero no todo está perdido, aunque lo parezca.

El jueves pasado la Unión plantó a Tsipras diciéndole que tenía que aceptar la última oferta de las denominadas “instituciones” – Comisión, Banco Central y FMI. Grecia tiene muchos problemas, la Unión ha hecho un gran esfuerzo de flexibilidad y ya no hay más, vino a ser la respuesta que recibió Tsipras de sus pares cuando intentó convencerles de que su oferta – equilibrar las cuentas por la vía de incrementar los ingresos mas que por bajar el gasto – era la única sensata y aceptable por la ciudadanía griega. El ultimatum se consumó en la reunión del Eurogrupo del sábado en la que el bueno de Varoufakis fue ninguneado por los demás Ministros de Economía y finalmente excluido de una reunión ulterior en la que los demás empezaron a prepararse para la debacle.

Tsipras reaccionó convocando a la ciudadanía griega a expresarse sobre la oferta de “las instituciones” el próximo fin de semana. No le creían capaz. Daban por hecho que una economía periférica que supone poco más del 1% del PIB de la Unión acabaría aceptando, que iba de farol. Pero no. Doble farol porque formalmente los griegos se expresarán sobre una oferta que, en principio, caduca mañana martes, como se han encargado de recordar los más talibanes del Eurogrupo. Sería interesante ver qué pasaría si los griegos aceptaran – contra la recomendación de Tsipras – la oferta europea: ¿sería Europa verdaderamente capaz de ignorar una respuesta democrática positiva por un mero formalismo? Probablemente no, pero me temo que nos quedaremos sin respuesta académica porque los acontecimientos se precipitan – y seguirán precipitándose en los próximos días – a la velocidad de la luz. Además, dudo mucho que los aguerridos griegos, que votaron a Syriza pese a la intensa amenaza de caos que emanaba de Europa, den su brazo a torcer. Eso si hay referendum, que está por ver.

La Unión Europea es una construcción legal de instituciones cada vez más sofisticada – que dirían sus defensores – o burocrática e ininteligible – que acusan sus detractores – ambos llenos de razones. Lo técnico se dilucida en innumerables grupos de trabajo y finalmente en las reuniones del Consejo de Ministros, en el caso de Grecia en el Eurogrupo. Lo político, en cambio, se trata en las reuniones, en la práctica trimestrales, del Consejo Europeo, es decir, por los jefes de Estado y de Gobierno de los 28 Estados Miembros. Tsipras esperaba encontrar una actitud más flexible por parte de sus pares, que sin embargo – comandados por su Presidente, el polaco Donald Tusk – rechazaron entrar en el fondo del asunto. A continuación tuvieron una desagradibilísima y agitadísima discusión sobre la inmigración durante la que el Primer Ministro italiano, Mateo Renzi, se despachó a gusto frente a los varios que mostraron con crudeza su total cicatería frente a la petición de ayuda italiana para acoger a sólo 60 mil de las miles de personas indocumentadas que Italia salva de la muerte en el Mediterráneo cada semana. Cómo sería la cosa que cuando le llegó el turno, el Primer Ministro británico – el tercer reto de los que enumeraba la semana pasada – planteó de pasada su necesidad de operar algunos cambios remitiéndose al Consejo Europeo de diciembre para cuando se haya podido progresar algo en las negociaciones técnicas.

Es muy peligroso creerse la propaganda propia. Así que no les aconsejo ceder a la tentación de culpabilizar a los griegos por todo lo que les pasa y desear internamente que Grecia salga del euro y nos deje en paz de una vez. Al menos por tres razones: parte de su catastrófica situación es culpa de la receta que se les ha impuesto durante los últimos años, las consecuencias de su salida del euro afectarán a nuestros bolsillos, y el daño para el proyecto político de la Unión Europea será muy cuantioso, si no fatal, en vista de la pobreza de miras que también se aplica a otros retos.

Las últimas noticias son que el Banco Central Europeo amaga pero no corta la financiación de urgencia a los bancos griegos, que a su vez son el único sostén financiero del gobierno griego, mientras que el gobierno de Tsipras cierra los bancos de dos a siete días y también los mercados, limitando las retiradas de efectivo en cajero a 60 euros. Vamos, lo que se dice un corralito en toda regla. Pero no desesperemos. Merkel y Hollande, los líderes del verdadero eje que ha construido desde sus orígenes lo que hoy conocemos como Unión Europea, han convocado reuniones de urgencia que bien podrían resultar en una reconducción de la crisis antes del referedum. Tsipras no se ha echado atrás y pudiera ser que finalmente los verdaderos líderes de la eurozona tomen el control y reconduzcan la situación.

Merkel y Hollande son también los que, ante la peligrosa deriva del conflicto en Ucrania, cogieron el toro por los cuernos y fueron a negociar con Putin un cese el fuego, con el aval de Obama que no podía mostrar debilidad ante la agresión militar rusa pero que es igualmente consciente del riesgo de una guerra abierta en plena Europa. Obama aboga también por una solución que permita mantener a Grecia como miembro pleno de la Unión Europea y de la OTAN. Y aquí entra de lleno Putin poque no me extrañaría – aunque apenas nadie lo menciona – que Tsipras esté jugando con cartas marcadas, sabedor de que, en última instancia, Rusia le preste unos pocos billones que le permitan esquivar el impago internacional. Con las consecuencias políticas que ello tendría para la Unión, uno de cuyos miembros habría sido salvado del desastre no por sus socios sino por aquél a quien la Unión somete a sanciones por su irresponsable y agresiva conducta en Ucrania.

En fin, días agitados en Europa, como también en el PP. Aznar despotricaba ayer contra Rajoy por haber abandonado las esencias y las críticas internas arrecian contra los limitadísimos cambios que Mariano ha introducido tras la debacle de las últimas elecciones. Las críticas son completamente acertadas, obviamente, lo malo es eso de recuperar las esencias. ¿Se refieren a lo de la lucha contra la ETA autora intelecutal del 11-M y hoy completamente fenecida? ¿O a lo de Cataluña, cuyo futuro es hoy más incierto que nunca gracias al recurso de inconstitucionalidad contra el Estatut legitimado democráticamente por la ciudadanía catalana? ¿O más bien a las manifestaciones contra el matrimonio homosexual? Que tomen nota de la decisión del Tribunal Supremo norteamericano de la pasada semana “inconstitucionalizando” la prohibición de dicho matrimonio por los pocos Estados que la mantenían.

Hace 10 años Zapatero convirtió a España en el tercer país del mundo que extendía la libertad de casarse a las parejas homosexuales. En aquel entonces, la mayoría de los Estados norteamericanos la prohibían con ahínco y el estratega electoral de George W. Bush, Karl Rove, convocaba referendos estatales coincidiendo con las elecciones para revalidar el mandato de su jefe. Zapatero era un hereje, que había traicionado a Occidente sacando las tropas de Irak y casaba maricones. ¡Y les permitía adoptar! Hoy la inmensa mayoría de los norteamericanos sabe que la invasión de Irak fue un error garrafal cuyas consecuencias seguimos pagando día a día – y si no, que le pregunten a los familiares de los asesinados en Túnez dónde nació el ISIS/Daesh – y los maricones han dejado de serlo, al menos a efectos de poder casarse, también en Estados Unidos.

Pero dale Ansar, a recuperar las esencias hasta la derrota final, de la mano de tu amigo Netanyahu, que con amigos asi para qué quiere uno enemigos.

Ah, se me olvidaba lo de la esperanza. De una parte está lo que puedan hacer Merkel y Hollande. De otra, el broche final al acuerdo con Irán, que debería llegar en los próximos días. El mundo sería más seguro con las limitaciones y garantías que impedirían que Irán produjera bombas nucleares, se generarían miles de millones de euros en inversiones, tanto en Irán como en Occidente por la bajada o mantenimiento de precios energéticos bajos, y podríamos empezar a dar algunos pasos para contener más eficazmente la amenaza wahabita que emana desde hace décadas desde Arabia Saudí.

En fin, atentos al transistor que los próximos días van a ser apasionantes.