La conjura de los necios

Aitor Riveiro

El pasado lunes dejé escritas mis dudas sobre la existencia real de los madrileños, o de nuestra idiotez, a cuenta de las encuestas que dan al PP una victoria abrumadora en las elecciones que se celebrarán el próximo domingo. Por mor de unas bien merecidas vacaciones en unas preciosas playas del sur peninsular no pude contestar a las críticas de los coblogueros, que no compartían mis impresiones acerca de la memez de los madrileños. Como mi ego es mío, contesto hoy.

De camino a esas merecidísimas vacaciones pasé dos veces (una de ida y otra de vuelta, que parar no paré) por Murcia. Yo pensaba que Madrid tenía asegurado el número uno en el ranking de grúas por metro cuadrado. Pero, oh error, nuestra otrora maravillosa huerta murciana es hoy un bosque de armatostes mecánicos concebidos para el maravilloso arte de la construcción y seguro que ha desbancado a la capital en la cabeza de la clasificación. Hace mucho que no paso por la Comunidad Valenciana, y no conozco Baleares, pero cuentan las crónicas que ambas regiones pujan seriamente por conseguir el liderato en tan magna competición.

¿Qué tienen en común las cuatro comunidades nombradas? Con la excepción de las islas mediterráneas todo hace pensar que el PP no sólo va a revalidar los gobiernos locales y autonómicos en dichas regiones, sino que van a aumentar considerablemente su porcentaje de votos y el número de escaños y concejales. Lo de Baleares está por ver.

He de suponer que los millones de votantes del partido de Esperanza Aguirre, Camps, Valcárcel, Matas, Gallardón, Barberá y compañía ven lo mismo que veo yo: una economía basada en el cemento, una retahíla de amiguismos y favoritismos dignas de la España de los 90, una corrupción más propia del Caspio que del Mare Nostrum, una desconsideración absoluta hacia el desarrollo sostenible, el descuido de los servicios básicos: educación, sanidad, transportes,…

Por tanto, si todos vemos lo mismo, ¿qué lleva a millones de españoles a confiar su voto a los mismos que están jugando con el futuro de sus comunidades autónomas y ciudades? Se me ocurren varias opciones.

1º Todos participan en el reparto del pastel. Quizá yo y mis conocidos seamos los únicos madrileños que no estamos pillando nada del descontrolado mercado inmobiliario de la Región. Pero puede que Gallardón y Aguirre estén redistribuyendo la riqueza que genera el soterramiento de la M-30, la construcción de hospitales en eriales alejados de todo núcleo urbano, la expansión del metro hacia futuros emplazamientos que ni siquiera se han comenzado a construir, la recalificación de la sierra de Guadarrama, el despilfarro de agua en las instalaciones deportivas públicas (esto se merece otro artículo aparte, todo se andará), la construcción de más y más autovías con peajes encubiertos que pagamos los contribuyentes, … Si es así, entiendo que la gente no es idiota, sino egoísta, que casi es peor, porque implica maldad.

2º La mayoría considera buenas las políticas de estos gobernantes. Es harto posible que yo esté equivocado y, en realidad, las políticas desarrolladas por el PP en los lugares antes mencionados sean las correctas. Es muy probable que sea mejor construir más y más líneas de metro que discurran paralelas a las líneas de cercanías en lugar de potenciar éstas. También pudiera ser que gastarse más de un billón de las antiguas pesetas en soterrar parte de la M-30 en lugar de apostar por la gratuidad de un transporte público de calidad sea lo más apropiado. No digo que no sea menester construir hospitales con dinero público para otorgar luego su gestión a empresas con un currículo tan prestigioso en lo que a salud pública se refiere como El corte inglés o ACS. Entonces el idiota soy yo, por no enterarme de nada. Who knows.

3º Soy Ignatius J. Reilly en ‘La conjura de los necios’ y todo esto no es más que un compló de la Diosa Fortuna que me tiene manía. Iré escribiendo mi obra maestra en este nuestro blog (no tengo acceso a los cuadernos ‘Gran Jefe’ del gran Ignatius) hasta darme cuenta de lo equivocado que estaba. Aunque para entonces, viviré en Cementolandia, capital de Ex-paña.

Cada uno que saque sus conclusiones, pero no puedo evitar pensar que vivo rodeado de estulticia, en un país que prima la mercadotecnia, la imagen, la oratoria por encima de las acciones y la realidad. Pero, reitero, no descarto que el idiota sea yo.