La comunicación de la nada

Este artículo trata sobre la comunicación política. Y empezaré diciendo que yo soy un firme creyente en que es necesario aprender a comunicar y cuidar esta comunicación en todo lo posible, por respeto a tu electorado. De la misma manera en que debemos ser educados en nuestro trato hacia los demás, los políticos deben esforzarse por transmitir clara y correctamente sus actividades al soberano, que es el pueblo.  

Ahora bien, la comunicación es un medio, no un fin. Y sin embargo estos días se mitifica más que nunca cómo la herramienta definitiva en la política, como la piedra filosofal que convierte colores de corbata en programas políticos. Durante mis años de experiencia haciendo comunicación política en las redes sociales, he asistido atónito al surgimiento de expertos cuya única experiencia era diseccionar con lupa las campañas de Obama, ver “El Ala Oeste de la Casa Blanca” y decir que el color de camisa de Kennedy le hizo ganar las elecciones frente a Nixon. Muchas de estas personas han progresado profesionalmente (más que yo, lo digo con envidia) sin haber conseguido que sus clientes ganen una sola elección y sustituyendo a “El Ala Oeste” por “House Of Cards”.

La comunicación política, tal y como parece que nos la quieran vender, parecen ser un conjunto de rituales secretos que consiguen obnubilar la mente del electorado para que vote según lo que ha visto en un anuncio de la tele. Y para presumir de lo que se sabe de comunicaciçon política, aparte de diseccionar ficciones -como todas esas series que les entusiasman-, se obsesionan por analizar el caso de éxito más reciente que tienen a mano. Hace unos años, invitado a dar una charla sobre este tema, presencié con horror cómo uno de estos expertos proyectaba a los asistentes un vídeo de Nigel Farage, el demagogo y xenófobo exlíder del UKIP y uno de los ideólogos del Brexit. El ponente, dentro de su chaqueta y de su nudo Windsor, nos vendía el odio, la demagogia y las mentiras de Farage como “comunicación política efectiva”.

Lo mismo sucede una vez que, desaparecido Obama, Donald Trump gana las elecciones estadounidenses. “Es la comunicación” -nos dicen-. “Trump supo comunicar mejor que Hillary”. Y el anaranjado empresario pasa a ser considerado caso de éxito y, por consiguiente, modelo canónico de los expertos en comunicación, que tratan de ver señales de “House Of Cards” en el caos plutocrático, xenófobo y mentiroso de la Administración Trump.

Eso no es comunicación. Mentir para salirte con la tuya, la demagogia, el juego sucio en las elecciones, las apelaciones a la oclocracia, ya vienen recogidas en los textos de griegos y romanos. No hace esperar a que lo saquen en la tele. Y, amantes de las series, tengo un “spoiler” para vosotros: si se sigue haciendo eso las democracias se marchitan y caen. Y los dictadores son malos clientes.

Puede que peque de idealismo pero para mí, la comunicación en una democracia es parte del deber de publicidad y transparencia que tienen todos los actores del sistema político. La comunicación en una democracia consiste en decir todo o casi todo lo que se hace, en explicar los motivos por los que se hace y en ser didácticos a la hora de explicar a la ciudadanía las reglas de nuestro sistema. Me parece terrible que haya políticos que se dediquen a criticar el sistema electoral sin molestarse en explicar antes cómo es, o diciendo burradas tales como que el número de escaños depende más de la famosa Ley D’Hondt que del tamaño de la circunscripción.

Me fastidia que ciertos políticos, animados por ciertos expertos, se dediquen a buscar los culpables de la precariedad laboral y omitan deliberadamente la existencia de sindicatos e inspección de trabajo.

Me preocupa que nos pongamos a medirnos el tamaño de las banderas, en lugar de explicar que las identidades no han de imponerse y que la obligación de los políticos no es la de ganar, sino la de hablar con los demás.

La comunicación política debe estar pensada para la ciudadanía y no para vender a un político fotogénico como si fuera un producto de la teletienda. Así que imaginareis que se me lleven los demonios cada vez que leo/oigo aquello de “nos fallado la comunicación”. La comunicación es tu obligación, no un arte marcial secreta. Y puede lo que haya fallado sea tu manera de aplicar tus política o tu hermetismo a la hora de dar cuenta a quienes te votan.

Y sobre “El Ala Oeste”, “House Of Cards” o “Borgen”, ¿qué pensariais si los mandos de la UME se pusieran en manos de expertos que creyeran que “El Equipo A” es el modelo perfecto?

3 pensamientos en “La comunicación de la nada

  1. Los políticos difícilmente pueden hablar con los demás si no ganan o son financiados con fondos de los que ganan de otro modo. Podemos incluido.
    Usted mismo señala – en su contradictorio artículo – los casos de éxito de un tipo de comunicación especifico de la clase política.
    El Papa Francisco tiene otro, muy diferente al de la revista Lancet o el de la Real Academia de la Lengua y, todos ellos , muy distintantes al de los ejércitos y las fuerzas de seguridad.
    La trasparencia es incompatible con el ejercicio de la política y , más en concreto , con su ejercicio desde el poder, cuya tendencia natural es la reserva.

  2. Interesantes ideas las que arroja el artículo, pero me quedo con la sensación de que a ratos se critica la forma distorsionada como se interpreta el papel de la comunicacion y a ratos se ataca la falta de principios con que se acomete el hecho comunicativo en la arena politica y de ideas que lo sustenten… pero bien.

  3. Cataluña vive un sin vivir.
    Un quiero y no puedo.
    PuigDevil quiere gobernar pero no puede.
    Orioli JunKer As quiere gobernar pero no puede.
    Arriquemasdas quiere gobernar pero no puede.
    Rajopiyus quiere gobernar …ejem.

    Y Mi Yo ,Yo Mismo y mis Dos Neuronas ,Una y Otra..queremos gobernar pero no podemos.
    iiiQue he hecho Yo para merecerme esto.?!!!!…JAJAJA…que nervios.

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