La comunicación de crisis y las masas

Julio Embid

El pasado 15 de diciembre fueron asesinados en una masía de Andorra (Teruel), el ganadero José Luis Iranzo (39 años), así como los Guardias Civiles Víctor Romero (30 años) y Jesús Caballero (38 años). A esperas de la investigación judicial, presuntamente murieron por los disparos realizados por un exmilitar serbio conocido como “Igor el Ruso”, en busca y captura en varios países por el asesinato de dos carabinieri en Italia. El crimen fue realizado por la tarde y el presunto autor huyó casi 100 kilómetros por carreteras secundarias de las comarcas del Bajo Aragón y del Maestrazgo, hasta que tuvo un accidente de coche entre Cantavieja y Mirambel de madrugada y fue detenido por la Guardia Civil.

Es probablemente el más horrible suceso ocurrido desde que estoy en el Gobierno de Aragón y mando todas mis condolencias a las familias de los tres fallecidos. El pasado sábado estuve en la manifestación de Andorra y honestamente creo que tardará mucho tiempo la gente en superar el duelo y vencer al miedo que tuvo lugar esos días.

Creo que no hubo un momento peor que aquella tarde de jueves donde los grupos de wasap y los mensajes multiplicaron el miedo y la angustia con capturas de audio donde, entre otras cosas, se dijo que: había habido 9 muertos, que había tenido lugar un tiroteo en la Plaza del Regallo de Andorra o que había tomado varios rehenes en una cafetería y se había atrincherado. Incluso llegó a circular una fotografía del presunto autor por wasap que nada tenía que ver con el detenido posterior. Los vecinos, probablemente de buena fe, intentando ayudar, o simplemente para ser protagonista, multiplicaron con sus reenvíos y difusiones una bola con informaciones erróneas o falsas y crearon en el norte de Teruel un miedo horroroso. Gente que nunca había cerrado la puerta con llave, ese día durmieron con la escopeta en la mano. Y nadie, nadie, nadie, asumió su responsabilidad en la multiplicación del dolor producido por un triste asesinato, porque de lo que te dice tu hermano, tu vecina o tu cuñado te fías, aunque este no tenga forma de corroborar lo que se ha dicho en el grupo de wasap de la peña o de los padres del colegio.

Cuando sucedió en agosto los terribles sucesos de los atentados de Las Ramblas de Barcelona y Cambrils, desde la Dirección General de Justicia e Interior del Gobierno de Aragón se lanzó una campaña llamada #StopBulos para evitar que el momento posterior a una tragedia derive en un caos, más o menos provocado. Con la comunicación de emergencias, cuanta más gente involucrada no es mejor sino peor. La recomendación es siempre informarse por las cuentas oficiales de Twitter de la Policía Nacional, la Guardia Civil y en nuestra Comunidad, la del 112-SOS Aragón. Los medios de comunicación, especialmente los digitales de escaso presupuesto, por intentar adelantarse a la noticia y lograr más retuits, difundieron los mismos bulos de los grupos de wasap con total impunidad. Probablemente, nadie será procesado por hacer pasar un mal rato a la población con embustes y bulos, incluso con flagrantes faltas al honor de aquel cuyo rostro fue reenviado como sospechoso.

Lo siento mucho por las familias de los fallecidos y espero que esta tragedia nunca vuelva a pasar. Pero en nosotros está la responsabilidad de que el dolor no derive en entretenimiento para sádicos y miedo vecinal. Cuando se reenvía una información falsa, se hace mucho daño porque una sociedad aterrada es una sociedad peor.

 

2 pensamientos en “La comunicación de crisis y las masas

  1. Estoy muy de acuerdo con sus observaciones sobre los irresponsables de los medios digitales.
    En medio del estupor que produce la aparición en nuestro país de asesinos despiadados ( en esta ocasión con entrenamiento militar ), no nos queda otra que refugiarnos en el cada vez mayor grado de profesionalidad y sacrificio del que dan muestra los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.
    Merecen nuestro respeto y solidaridad.

  2. La guardia civil, por cierto, también merece chalecos antibalas, que, salvo grupos especiales, no dispone de ellos.

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