La coherencia como antídoto al oportunismo

Millán Gómez

La cancelación del espectacular mitin que el PSOE tenía previsto celebrar el próximo 3 de abril en el Palacio de Vistalegre de Madrid ha provocado un revuelo de enormes consecuencias. La división interna socialista es cada día más acuciante y no terminará hasta que Zapatero anuncie oficialmente si se presenta a la reelección o, por el contrario, da un paso al frente y deja que un delfín encabece la lista. Todos los focos apuntan a Rubalcaba pero Bono ya declaró hace un tiempo que no descartásemos la opción de que el actual Vicepresidente Primero del Gobierno no fuese más que una simple “liebre” cual carrera de medio fondo.

El 22 de mayo se celebran elecciones municipales y autonómicas. Por lo tanto, lo lógico es que los protagonistas sean los propios candidatos locales que aspiren a ser alcaldes de sus municipios o presidentes de sus comunidades. Los líderes estatales deben aparecer en los mítines si todas las partes lo consideran oportuno pero centrando la atención siempre en quienes realmente se la juegan el próximo 22 de mayo. En un país descentralizado y abierto, ésta sería la decisión coherente. El problema radica en que históricamente no ha sido así. Por esta razón, el hecho de que algunos candidatos socialistas como Tomás Gómez u Óscar López obvien el anagrama de su partido en sus anuncios electorales es cuanto menos sospechoso. Una cosa es requerir que el protagonismo recaiga en ellos y otra muy distinta que se avergüencen de su partido por intereses electorales. Hay que ser consecuente en la vida.

Flaco favor se hace el PSOE tratando de obviar a Zapatero y su equipo de Gobierno. Con razón, el PP acusa a los socialistas de arrinconar a sus imágenes visibles. El argumento de que el protagonismo se delega en los representantes locales si bien resulta positivo y sensato huele a oportunismo barato. El PSOE debería ser el primero en reconocer sus propios errores (y en parte lo ha hecho) pero tampoco debería olvidar a quien ganó las elecciones contra pronóstico en 2004 y de forma holgada en 2008. Ni Zapatero antes era quizás tan bueno ni ahora tan malo. La política se convierte en ocasiones en una obra teatral donde los actores aparecen como figurantes según sople el viento de los intereses a corto plazo. No hay memoria ni principios.

Mala imagen dan los socialistas cambiando de decisión en el último momento. Mejor tarde que nunca, es cierto, pero la sensación que han transmitido es que no saben lo que quieren y viven angustiados (con total fundamento) por una situación que a todos (y no solo al Ejecutivo Central) se la he ido de las manos. No han sabido reaccionar. No son responsables del origen de la crisis como algunos quieren hacer creer pero sí son culpables de algunas importantes decisiones que han tomado en los últimos tiempos para revertir la situación económica. Al César lo que es del César.

Los comicios generales son en principio en marzo de 2012. Por lo tanto, ahora, como diría Pujol, esto no toca. Dejemos paso a quienes tienen propuestas para mejorar el Estado del Bienestar. Ya habrá tiempo para cuestiones de Estado. A partir de mayo, ¡si no ya antes!, viviremos una campaña electoral de enorme tensión. Todo a su debido tiempo. Pero de la misma manera que hay que delegar en los protagonistas de cada cita con las urnas también actuemos consecuentemente y no según nos interesa en cada contexto. Con Zapatero se está cumpliendo esa sensación que tienen quienes han llegado al éxito y luego han caído en declive: todos son muy amigos cuando el viento es a favor pero cuando las cosas se ponen feas si te he visto no me acuerdo. ¡País!