La carta de Putin

LBNL

Ayer el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, escribió a un puñado de líderes europeos una carta bastante inquietante. Los destinatarios son los dirigentes de los muchos países de la Unión Europea que consumen gas ruso, la mayor parte del cual llega a través de gasoductos que atraviesan Ucrania. En la cara, Putin les informa de que Ucrania lleva meses sin pagar el gas que consume por lo que su deuda con Rusia, de varios miles de millones de dólares, no hace más que incrementarse. Les recuerda también que dicha deuda es bastante inferior a lo que podría ser dado que Rusia viene suministrándole gas a Ucrania desde hace años a precios bastante inferiores a los del mercado libre y más baratos del que pagan por el mismo gas los países de la UE. Finalmente, Putin advierte de que a partir de ahora Gazprom va a pedirle a Ucrania que pague por adelantado y que, en el supuesto de que no pague, dejara de suministrarle gas.

Hasta aquí, Putin describe hechos bastante incontestables. Lo malo es que Putin interpreta que Ucrania no paga el gas ruso porque tiene un gran déficit comercial con la Unión Europea, que inunda Ucrania con sus productos manufacturados. A continuación, Putin llama a la Unión Europea a sentarse a concertar cómo sacar a Ucrania de la crisis económica en la que se encuentra porque Rusia no puede seguir siendo la única que arrima el hombro.

La carta es sin duda una amenaza meridiana: si Ucrania sigue sin pagar, dejaremos de suministrarle gas y por ende, el suministro a la UE se verá afectado. En particular, cita que para afrontar el invierno que viene, sería necesario inyectar en los meses que vienen gas por valor de cinco mil millones de dólares en los depósitos subterráneos ucranianos. La conclusión es evidente: si vosotros europeos queréis tener calefacción el invierno que viene, más vale que convenzáis a los ucranios de apoquinar los cinco mil millones o los paguéis en su nombre.

Hasta ayer mismo, en la Unión Europea el debate era sobre si imponer sanciones económicas a Rusia, de qué tipo y fijar la línea roja que la UE no aceptaría que Rusia traspasara. La anexión de Crimea conllevó la imposición de algunas sanciones políticas (suspensión de negociaciones en curso) y algunas sanciones individuales (prohibición de viajar a la UE y bloqueo de fondos a un par de decenas de cómplices de la anexión). Pero muchos querían ir más allá, especialmente si Rusia invade otras partes de Ucrania, en las que de momento se limita a promover protestas para desestabilizar Ucrania entera. Por su parte, Gazprom ya le había anunciado a Ucrania que podía ir preparándose para pagar precios más elevados por el gas que consume. Ahora en cambio, Putin ha tomado la iniciativa sacando a colación el tema de fondo: si queréis que Ucrania no siga en la órbita de influencia de Rusia, tendréis que ser vosotros quién costeéis los subsidios a su economía que hasta ahora ha financiado Rusia.

Putin va a medias de farol porque Rusia es la primera interesada en seguir vendiendo gas a Europa y a Ucrania, pero sólo a medias porque ni Europa ni Ucrania se pueden permitir prescindir del suministro ruso. Como tampoco de las ingentes cantidades de petróleo que le compramos. Para que se hagan una idea de la magnitud del asunto, son varios los países europeos – y algunos bastante importantes – que sufrirían apagones recurrentes en el supuesto de que el gas ruso dejara de manar. Hay depósitos de reserva y como el invierno ha sido suave, Europa podría aguantar más o menos hasta el invierno, pero no más allá. No está claro cuánto podría aguantar Rusia pero es menos doloroso privarse de ingresos que de calefacción…

En todo caso, Rusia no está amenazando a la Unión Europea con cortarnos el gas; se limita a exponer que alguien tiene que pagar por el gas que consume Ucrania y que debemos afrontar el tema conjuntamente para evitar que la cosa llegue a mayores.

Por muchos atenuantes que se puedan alegar, la anexión de Crimea es una violación del derecho internacional inaceptable e impropia de un país que, como Rusia, se precia de regirse por el mismo. Es lógico, por tanto, que la UE haya reaccionado negativamente suspendiendo el supuesto partenariado estratégico del que Rusia se ufanaba. Lo que no tiene sentido es que sean tantas las voces que piden, a gritos incluso, que lidiemos con Rusia como si nuestra dependencia energética no existiera. De acuerdo, no es dependencia sino inter-dependencia porque ellos también tienen mucho que perder. Pero nosotros también y con las cosas de comer es mejor no jugar.

Putin lo sabe y ha tomado la delantera: señores, si quieren a Ucrania, paguen lo que yo venía pagando por ella y si no están dispuestos a hacerlo, dejen de renovar la oferta para que se integre en la OTAN, por ejemplo. ¿Tiene sentido querer integrar en la OTAN – una alianza que nació para contener a Rusia y que sigue orientada contra ella – a un país que Rusia sostiene económicamente? Sólo si se está dispuesto a asumir la factura. ¿Lo estamos? Lo dudo mucho. Hemos ofertado un gran paquete de ayudas, la mayor parte préstamos, a cambio de reformas y compromisos ucranianos, pero no creo que los contribuyentes europeos estén dispuestos a pagarle el recibo de la luz de los hogares ucranianos. Y tampoco veo por qué deberíamos estarlo.

Siendo así, más valdría apartar de la mesa a aquellos que, entre nosotros, parecen estar deseando elevar la confrontación, como por ejemplo a los amigos de la OTAN que ahora que acaba su misión en Afganistán, se relamen ante una posible guerra fría II que seguiría dando sentido a su misión. No estoy seguro de que vayamos a hacerlo, sin embargo. De lo que estoy seguro, en cambio, es de que finalmente tendremos que envainárnosla y en tales casos es mucho mejor preverlo y evitarse la humillación no sacando la espada.