La canción del verano

Barañain

Tras una primavera tirando a horrorosa y un mes de julio más cálido de lo habitual, agosto parecía una promesa de paréntesis confortable, por más que su pleno disfrute se adivinara problemático para una ciudadanía muy machacada por la crisis. Encima, nos fuimos de vacaciones con el eco trágico del accidente ferroviario de Santiago y con un ambiente político enrarecido;  aún rebotaba en las paredes del Congreso el “fin de la cita” con el que nuestro Rajoy quería zafarse de la exigencia de responsabilidades en relación con  Bárcenas y empezamos a descubrir que el actual presidente del constitucional es otro pillín.

La crisis económica seguía firmemente instalada entre nosotros aunque el gobierno quisiera disimular con una imaginativa contabilidad de las cifras veraniego de paro y de los efectos de la reforma laboral de su ministra Báñez (bajo la advocación de la Virgendel Rocío). Pero el Maligno no descansa y, aprovechando el general relajo veraniego, un día sí y otro también recibíamos mensajes (¿globos sonda?) con sus exigencias. Durante la segunda semana de agosto parecía que estuviéramos  bajo los efectos de un brain storming de los más listos de cada clase: si un día el FMI pedía castigo a las autonomías por el incumplimiento del déficit, al día siguiente algún comisario dela UE recomendaba una rebaja generalizada de los sueldos de los españolitos y, para no ser menos, desdela CEOE se vendía como gran idea la de convertir  los contratos de jornada completa en contratos a tiempo parcial. Menos mal que a mediados de mes decidieron irse de vacaciones y pudimos descansar de tanta genialidad.

Fue entonces cuando pudimos entretenernos un poco con el desfile de Cospedal y sus predecesores en la secretaría general del PP ante el juez Ruz, un displicente Alvarez Cascos y un amnésico Arenas. Pobre juez: parece que se tomó en serio lo que le contó Cospedal sobre la custodia de los antiguos ordenadores de Bárcenas. Lástima que hayamos acabado el mes sin conocer con exactitud el contenido de su declaración y si es cierto que la muy harpía desvió los tiros hacia Rajoy.

 A medida que avanzaba agosto, los periódicos iban adelgazando y no remontaban el vuelo ni con las aportaciones clásicas del verano –las inevitables noticias sobre el cruce del estrecho por oleadas de inmigrantes subsaharianos y sobre los incendios forestales-, ni con la canción del verano, título que este año ha ostentado, indudablemente, la crisis de Gibraltar. Y digo bien que ha sido la canción de verano porque no me negarán que este recurrente y discontinuo contencioso tiene un sabor antiguo, como a Fórmula V o a Georgie Dann (¡que aún actuaba este verano como artista principal en muchas fiestas populares de nuestro país!). El ministro Margallo insiste en que es merecedor de aplausos. No sé yo.

 Nos fuimos de vacaciones deshojando la margarita sobre el golpe/no golpe de los militares egipcios a los islamistas. Las noticias de árabes matandose entre sí, por miles, ya casi no impresionaban (la verdad es que nunca lo habían hecho demasiado; los muertos árabes sólo conmueven cuando puede hacerse responsables del hecho a otros…y no voy a señalar a nadie). Sin embargo, la solvente denuncia sobre unos ataques con armas químicas en Siria hizo que la indolencia demostrada hasta ahora por las potencias occidentales – incapaces de parar la matanza -,  se transformara en una insitada prisa de EEUU para darle un severo toque de atención al carnicero de Damasco. Los europeos, mayormente y con la honrosa excepción francesa, se ponían una vez más de perfil, que es lo que mejor sabemos hacer. Y eso que debería haber bastado con echar una ojeada a los países que, en esta hora crucial, se solidarizaban con el régimen sirio  -denunciando la intervención militar que prepara Obama como “ilegal”, “criminal” y no sé cuantas cosas más-, para despejar cualquier duda honesta que se pudiera albergar sobre las bases políticas, éticas o legales de la acción militar de  castigo. El elenco de acompañantes impresiona: Desde China y Rusia hasta Zimbawue y Corea del Norte, pasando por Argelia, Cuba, Venezuela, Bielorrusia….en fin, lo mejor de cada casa.

 Hay una actualidad que no entiende de estaciones ni paréntesis vacacionales. Y luego están  esas otras noticias que parecen fabricadas expresamente para el mes de agosto. Si Putin  -al que algunos suicidas caricaturizaban vistiéndolo con lencería fina-,  había despedido el curso anterior  dando un corte de mangas a Obama a cuenta del traidor Snowden, los americanos condenaban al soldado Manning que, en esa tesitura, se nos presentaba como Chelsea, mientras se divulgaba un antigua fotografía suya en el ejército con una larga peluca rubia (¿qué hubiera hecho con él Putin si el caso se hubiera dado en Moscú?). También con peluca rubia -de mucho peor gusto que la de Manning-  se exhibía ante el mundo  el presunto delincuente sexual Julian Assange, interesado al parecer en conseguir un asiento en el senado de su país.  La grotesca imagen era un broche perfecto para su wikimajadera carrera.

 En fin, agosto no da más de sí. Setiembre nos espera seguramente cargadito de emociones.Espero que hayan disfrutado de sus bien merecidas vacaciones. Eso, los que hayan podido hacerlo, que yo me he tenido que quedar aquí “apatrullando la ciudad”.  Mi pequeña venganza es este recordatorio de algunas de las cosas que han ocurrido por ahí mientras ustedes holgazaneaban.

 Volvemos al tajo.