La bolsa de Lázaro

Guridi 

Pedro Sánchez no quiere decir de dónde sale el dinero que tan alegremente gasta en su campaña. Bueno, dice que sale de las donaciones anónimas de generosos y abnegados militantes para su campaña política. ¿Cuál es el problema? Que la ley prohíbe las donaciones anónimas a los partidos políticos. Así que la Gestora le sugiere a Sánchez que cumpla la ley, desglose los ingresos de su colecta y traslade el dinero a una cuenta que el PSOE someta al control del Tribunal de Cuentas. Lo que supone ajustarse a la ley, vamos. ¿Cuál es la respuesta de Sánchez? Que es todo un malvado complot de la Gestora para “fichar” a sus patrocinadores y apretarles las tuercas.

El caso es que el otro candidato que se está financiando por colectas (crowdfunding lo llaman) no tiene ningún problema en hacer lo mismo. Pero es porque es un traidor y un vendido y un montón de cosas que no tienen nada que ver con explicar de dónde sale el dinero que estás usando para financiarte.  

La idea de querer preservar el anonimato de los donantes, aparte de ir en contra de lo que la ley dispone para la financiación de los partidos políticos, tampoco es incompatible con traspasar esos datos al PSOE. Primero, porque el PSOE no va a hacer públicos esos datos (tal y como manda la ley), segundo, porque si los donantes son todos militantes del partido, tal y como aseguran desde el equipo de Sánchez, esos datos ya obran en poder del PSOE y el PSOE (de nuevo por ley) está obligado a custodiarlos y a mantenerlos en secreto.  

Si la excusa es el miedo a las represalias del “aparato” a quienes le apoyan, Sánchez debería de oponerse igualmente al sistema de avales del reglamento de primarias. En la práctica, los avales son una primera de vuelta de votaciones no secretas. Y nadie ha dicho nada de eso. Así que tampoco se entiende ese argumento.  

Además, los representantes de la candidatura de Sánchez han estado en Ferraz, reunidos con la Gestora y los representantes de las otras precandidaturas. Y en la reuniòn estuvieron dóciles como corderitos, no pusieron pegas a nada y en todo en lo que no se veían capaces de llegar a acuerdos, prometieron estudiarlo de manera constructiva. ¿Cuándo se va eso a la porra? Pues cuando esos representantes salen de la reunión, llaman a Sánchez y a su jefa de prensa Marichta Ruíz Mateos y reciben la orden de contar una versión inexistente de la reunión. Un “relato” que ya estaba prefabricado de antes y que busca negar que haya existido diálogo entre las partes. Cómo la perplejidad de los enviados de Sánchez les hace dudar, sale a hacer las declaraciones a los medios Andrés Perelló, que no estuvo en la reunión, pero sí al teléfono con Pedro y con Marichta. Y de ahí se pasa a hacer unas declaraciones que nada tienen que ver con lo acordado, con lo tratado en la reunión con la gestora y ni siquiera con la posición defendida por sus enviados unos momentos antes.  

Parece que Pedro Sánchez ha aprendido de las tácticas de sabotaje de acuerdos que Pablo Iglesias usó con él. Decir una cosa en las reuniones y luego montar un numerito en los medios. Añádanse unas gotas de vandalismo, insulto y acoso en las redes sociales y ya tenemos el cóctel podemita listo para servirse en un vaso de campaña de Pedro.  

Y el caso es que seguimos sin saber quién le está pagando la fiesta. En sus tácticas de imprudencia, de tierra quemada y de falta de escrúpulos, a Sánchez no le importa que el Tribunal de Cuentas (que no está copado precisamente por jueces progresistas) pueda abrir un proceso por financiación ilegal al PSOE. No a él, sino al PSOE. Al haber montado una asociación privada que recibe donaciones anónimas y que sirven para financiar campañas electorales. Vamos, lo que en otros lados se llama FUNDESCAM o lo ya aprendimos que no debía de ocurrir cuando FILESA. Es que eso puede pasar aunque ganara las primarias. Ganar no pondrá a cero el contador de la cantidad de disparates e imprudencias que está cometiendo en su cabalgada de Cid Campeador redivivo.  

Perelló comparó a Pedro Sánchez con Lázaro resucitado. Puede que esté resucitado, pero el caso es que sigue oliendo mal.