La balkanización de España

Rubén Ruiz-Rufino

En Septiembre de 2005 José María Aznar concedió una entrevista al diario argentino “La Nación” donde afirmó que España estaba en “riesgo de balcanización”. Para el ex-Presidente del Gobierno las políticas territoriales que estaba llevando a cabo Rodríguez Zapatero buscaban “la radicalidad”, cuya consecuencia más inmediata era el envalentonamiento de los nacionalismos. 

Los resultados de las pasadas elecciones generales han producido un reparto de escaños ligeramente parecido al existente en la pasada legislatura. El partido ganador no ha obtenido una mayoría absoluta de escaños por lo que, una vez más, tendrá que buscar apoyos parlamentarios externos para poder sacar adelante sus leyes. Ante el descalabro electoral que ha sufrido Izquierda Unida (IU), socio preferente del gobierno en la pasada legislatura, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) tiene que buscar esos apoyos externos entre las fuerzas nacionalistas que sí han conseguido mantener su fuerza en el Congreso.

Es verdad que CiU y PNV tienen una imagen más moderada que ERC (el otro socio del gobierno socialista en la pasada legislatura); pero también es cierto que si el PSOE consigue llegar a acuerdos de gobierno estables tanto con CiU como con el PNV, lo lógico es que estos partidos obtengan ciertas concesiones por parte de los socialistas. Así ha ocurrido siempre en nuestra historia democrática reciente. Para empezar, ya se han oído algunas voces que hablan de reformar el estatuto de autonomía del País Vasco. Si eso ocurriera, no sería descabellado pensar que el Partido Popular (PP) volviera otra vez a la carga con su “España se rompe” o peor, dada la complejidad política del País Vasco, no sería de extrañar que, junto a la ruptura de España, rescataran la hipótesis de la balcanización de España.  Ante lo ya dicho en 2005 por Aznar y lo que podríamos volver a oír cabe preguntarse si es verdad que España puede balcanizarse. Me imagino que cuando los responsables del PP hablan de balcanización se están refiriendo al proceso que se desarrolló en la antigua Yugoslavia entre 1991 y 1999 y que acabó con la desintegración del país debido a cruentas disputas étnicas. La balcanización territorial a la que tanto aluden los populares se refiere al proceso de desmembramiento de lo que desde 1956 se conoció como República Federal Popular de Yugoslavia. Este desmembramiento se produjo como consecuencia de la caída del comunismo y comenzó en aquellos territorios, como Croacia o Eslovenia, que ya habían obtenido su independencia en 1918 y que se confederaron en 1929 con Serbia para juntos formar el llamado Reino de Yugoslavia.El proceso de desintegración de la República Federal Socialista de Yugoslavia (llamada así desde 1963) se caracterizó por la brutal guerra civil que asoló todo el territorio y que fue originada por un nacionalismo feroz que alimentó el odio entre los distintos grupos étnicos. Es inevitable no pensar en Vukovar, Srebrenica o Sarajevo cuando hablamos de los sangrientos episodios que se vivieron en la antigua Yugoslavia sobre todo entre los años 1992 y 1995.  Vuelvo a mi pregunta inicial, ¿es posible que en nuestro país se vivan hoy acontecimientos como los ocurridos en la antigua Yugoslavia durante los años noventa del siglo pasado? ¿Podemos imaginar un escenario en España donde nos encontremos con territorios que declaren de forma unilateral la independencia y que el resto del país no acepte tal declaración y emprenda una guerra cruel y sangrienta con el fin de exterminar a los miembros de los territorios sublevados?Si observamos la evolución política de las democracias industrializadas desde 1950, apreciamos que en ninguna de ellas se han producido fenómenos de balcanización como los que pronosticaba Aznar para España en 2005. Ninguna democracia con un alto nivel de renta per cápita y cierta estabilidad institucional ha experimentado movimientos secesionistas con capacidad para declarar de forma unilateral la independencia. Sí han aparecido movimientos nacionalistas más o menos extremos y, por supuesto, movimientos terroristas que han golpeado los sistemas democráticos, pero que no han logrado ni desestabilizarlos ni, mucho menos, conseguir el suficiente apoyo popular para declarar con éxito la independencia soñada.  Pero hay más. Hablar de balcanización implica, como ya he señalado, la existencia de conflicto étnico. Los conflictos étnicos aparecen en sociedades heterogéneas, o sea, en sociedades donde grupos con distinta lengua, religión o raza viven bajo un mismo sistema político y legal. Los estudios en política comparada nos han mostrado algunas condiciones que aumentan o disminuyen la aparición de conflictos étnicos en estas sociedades. Por ejemplo, sabemos que cuando las voces de los grupos étnicos minoritarios están integradas en el proceso de toma de decisión política, el riesgo de que se genere conflicto étnico es menor que si no lo están. Así, existe una menor probabilidad de encontrar enfrentamientos entre los distintos grupos si el sistema político es parlamentario y además los grupos étnicos cuentan con representación política. También los sistemas federales ayudan a prevenir estos conflictos. Descentralizar los recursos políticos y económicos para conseguir más autogobierno reduce el riesgo de enfrentamiento étnico.Que España es o no un país multiétnico es debatible como lo muestran distintas bases de datos o estudios sobre etnicidad. Lo que sí es cierto es que en España existen grupos sociales que tienen lengua propia o incluso defienden una procedencia étnica distinta. Las instituciones políticas que empleamos desde 1977 se caracterizan precisamente por incluir a todos estos grupos más que por excluirlos. Desde 1982, un promedio del 9% de los escaños en el Congreso de los Diputados han sido ocupados por miembros de partidos nacionalistas o regionalistas. El sistema de organización territorial prácticamente federal que existe en España ha permitido que durante años existan gobiernos autonómicos formados por partidos nacionalistas.Este sistema político ha contribuido a que España se convierta en una economía fuerte dentro y fuera de Europa, además de haber generado una estabilidad política que sin duda no existió en los Balcanes. Decir que España se balcaniza es falaz al igual que proclamar a los cuatro vientos que España se rompe. Tratar de establecer paralelismos entre España y la antigua Yugoslavia es sencillamente erróneo, no solo desde el punto de vista de las instituciones políticas, sino también teniendo en cuenta el nivel de desarrollo económico.