La avispa y el diablo

Frans van den Broek

De común, noticias sobre el mundo eclesiástico eluden mi conciencia sin daño alguno para nadie, puesto que ni voy a misa ni soy acólito de religión alguna, y la Iglesia católica habrá olvidado mi nombre sin pena ni gloria en los polvorientos registros de bautismos y comuniones, pero la noticia de la abdicación del Papa actual logró inmiscuirse en mi atención lo suficiente como para provocar un par recuerdos y otras tantas reflexiones sin hilación ni concierto que paso a compartir en estas páginas.

Como todo peruano en los tiempos en que nací fui bautizado en la Iglesia Católica y recibí una educación más o menos imbuida de religiosidad, aunque de la manera laxa en que se vive la religión por aquellos lares. No sin mella, sin embargo, pues si bien de nadie se esperaba arrebatos místicos o disquisiciones teológicas, todos debían sufrir el repertorio doctrinal, ritual y moral que constituye el aspecto más ostensible de toda religión. Mientras que el mensaje de amor cristiano incitó siempre nobles pensamientos en mi alma infantil y hasta me detuvo a ratos de andar quitándoles las alas a las mariposas o las cucarachas, el resto del mensaje mejor no lo hubiera conocido jamás, pues estaba plagado de culpa, remordimiento y castigos pre- o post-mortem de inusitada crueldad. Nadie que haya sufrido una buena educación católica encontrará extraño lo que digo, aunque quienes pudieron soportarla tal vez se sientan mal representados por mis palabras. Me imagino que cierta dosis de temor al castigo es parte ineludible de todo organismo social, pero hacer del terror algo metafísico y omnipresente demuestra un refinamiento exquisito en el arte de la tortura. Por razones que no me atrevo a explicar, el ser humano necesita de sistemas de creencias de tipo religioso, algún tipo de ser superior, algún código o conjunto de reglas que estime sagrados y alguna explicación de su existencia que le preste sentido al hecho de levantarse todos los días a sudar la gota gorda tratando de sobrevivir. Pero de allí a hacer de la culpa el pilar de toda formación educativa hay un trecho que a veces me hace pensar que el atrabiliario Nietzsche no estuvo del todo desencaminado al vituperar la religión cristiana como religión de ovejas o corderos. Si a uno le dicen desde que empieza a hablar que se nace con el pecado original y que tocarse la picha es pecado mortal capaz de lanzarnos a fuegos eternos y demonios con tridentes, lo menos en que uno puede convertirse, a no ser que se carezca de toda sensibilidad, es en oveja. Lo peor no quiero ni imaginármelo.

Prefiero no cualificar aquello en lo que me convertí yo mismo, pero tengo tal certeza en que dicha educación hizo estragos en mi psique que estoy contemplando enjuiciar a la Iglesia Católica por tortura mental sostenida e implacable, con premeditación y alevosía, pero como diría el viejo Machado, a partir de los veintiuno uno se hace responsable de la propia cara, y, me imagino, de la propia neurosis, venga de donde venga. Además, ya muy ocupados se encuentran las autoridades eclesiásticas con juicios por una u otra acusación. Sin embargo, el recuerdo perdura, y sobre todo el sabor de abismal desesperación que acompaña al terror sobrenatural. ¿A quién se le ocurrió que era una buena idea decirle a un niño que se cree todo lo que le dicen que se va a quemar en el infierno si no se porta como es debido? No solo esto, según me lo enseñaron a mí, el mero pensamiento en algo malo podía condenarnos a los horrores del averno. Recuerdo con claridad la angustia que me producía el sacramento de la comunión, por esta misma razón. Entre el momento de la confesión y la penitencia, tras los cuales uno se supone libre de pecado y en estado de poder recibir el cuerpo de Cristo, esto es, la hostia, y el momento de recibirla, podían pasar muchos minutos, durante los cuales cualquier pensamiento negativo podía arruinar todo el trabajo de purificación llevado a cabo con tanto esmero y hacernos impuros de nuevo, incapaces de recibir la hostia. Y recibirla en estado de impureza era uno de los peores sacrilegios posibles, merecedor de lenguas de fuego de lujo, especialmente diseñadas para aquellos que tomaban el cuerpo sagrado como pecadores. ¿Se imaginan el terror que tenía a pensar malos pensamientos? ¿Y cuál es la mejor manera de tener pensamientos torcidos, como lo sabe todo aprendiz de psicólogo? Precisamente, no querer tenerlos, con lo cual creo que no hice ninguna comunión en estado de pureza y sin imaginarme a la vecina de al lado, italiana para más señas, y de muy buen ver, con las tetas al aire. Porque ¿quién se atrevía a levantarse de nuevo e ir a confesarse por el reciente pensamiento, si esto equivalía a confesar que uno no podía dejar de imaginarse cosas nada santas? Si de algo sabían los padres de la iglesia, era de lógica. De lógica perversa, claro está.

Y esto me lleva a un recuerdo aciago, uno de aquellos que por alguna razón permanecen en la memoria, aunque en verdad no sean más incisivos que otros o más peculiares. Tendría yo unos siete u ocho años, y debo añadir de entrada que en aquel entonces los niños no sabían nada de nada, y se tragaban todo lo que les echaban sin chistar, no como ahora, que saben más que las arañas y no hay adulto que pueda con ellos, avezados navegantes de la red y de la vida como se han vuelto. Había sol, y sería la primavera, y estábamos todos en clase oyendo a una profesora de religión, cuyo rostro se ha desvanecido, quizá para proteger mi conciencia, cuando algo inesperado ocurrió. Recuerdo que la clase explicaba algún pasaje de la Biblia, algo relacionado a Jesús, cuando de pronto una avispa entró por la ventana, una de aquellas avispas remolonas y brillantes que habitan por tierras temperadas, que alborotó a los niños y perturbó la clase. Todos empezaron a gritar, más por afán de juego que por temor, y a arremolinar los brazos y las manos para espantarla. En eso, la profesora dio un grito más fuerte que el de todos juntos y peroró con verbo tembloroso sobre la presencia del mal donde menos se esperara, para anunciar acto seguido que la remolona avispa era nada menos que el mismísimo Lucifer encarnado que venía a desgraciar la clase de religión, para impedir la salvación de nuestras almas, y perder sobre todo a aquellos que se hubieran distraído con el insecto o hubieran atraído al malvado por su actitud extraviada y distante. Lo que siguió a aquel anuncio lo recuerdo a medias y mal. Mi primera reacción fue caer presa de un inapelable terror que congeló todo mi cuerpo y me petrificó. Lucifer en forma de avispa merodeaba por la clase, y lo peor era que la profesora nos había ordenado callarnos y dejar de movernos. No solo eso, el que habla había estado pensando en los huevos del gallo justo en el momento en que entró la avispa, por lo que me sentía responsable de haber atraído al demonio con mi incuria y flojera. Quizá hasta se cebaría conmigo, alma débil y pecadora. Sé que los interminables segundos o minutos que siguieron fueron de un aturdimiento allende mi poder de descripción, hasta que la profesora logró arrear a la avispa de algún modo mágica y ésta salió por la ventana en dirección a su reino de horror. No estoy seguro, pero hasta creo que tenía lágrimas en los ojos. De lo que sí estoy seguro es de que no recuperé un estado normal hasta el día siguiente, pues todo el resto de aquel día se me fue en ponderar la extensión de mi culpa y en recordar con pavor la contemplación del príncipe de las tinieblas con mis propios ojos. Tan asustado estaba, que ni siquiera comenté el hecho con mis compañeros o mi familia, pues me sabía culpable, condenado a los castigos más horripilantes. Desde entonces, jamás he podido ver avispa alguna que no me recuerde al diablo. Lo bueno es que también me recuerda el alivio que siento de no ser ya más aquel niño aterrorizado que se creía baboserías de profesoras sin sensibilidad o criterio. Me pregunto, sin embargo, si no habré trasladado dicho temor a otros terrenos de los que no soy consciente.

La abdicación del Papa es un hecho histórico, sin duda, pero lo verdaderamente histórico sería que no lo remplazara nadie y que tomáramos su partida como metáfora de lo que debiera ocurrir con toda religión o sistema de creencias que deviene sistema de condicionamiento y cerrazón cognitiva. Lo que debiera ocurrir es que el Papa real o simbólico que nos aprisiona abdique para siempre y deje a nuestra conciencia el juicio sobre nuestros actos y nuestros valores, aunque necesitemos compartir comunitariamente experiencias y formas sociales que satisfagan nuestra necesidad de trascendencia. Creo que hay un sentido interior, de carácter universal, propio de nuestra especie, que nos indica de muchos modos el valor de nuestras acciones y creencias, pero también creo que no es fácil cultivarlo, y menos promoverlo, pues tiende a opacarse por las excrecencias doctrinales y rituales que lo sofocan. No podría definirlo con claridad, pero creo que está más allá de los artilugios culturales o ideológicos de que nos valemos para justificar nuestras ideas y lealtades. Uno de los mensajes de Cristo mismo fue el de recordarnos que toda institución o sistema legal o ritual es vacío sin la sustancia amorosa que le da vida. Eso fue lo que me recuerda la avispa también, a su modo y con las distancias debidas, que solo en los ojos de un insensato es una avispa, o el mundo, o la creación, expresión de maldad, y que más bien el demonio anidaba en las palabras de la profesora, no en la belleza refulgente de aquella inocente avispa que perturbó un clase que quizá, bien vista la cosa, debía ser perturbada de todas formas para dejarnos disfrutar de la primavera y del sol esporádico de Lima. Más allá de muro alguno y sin infierno que valga.

9 pensamientos en “La avispa y el diablo

  1. Buenos dias Frans van den Broek ,caballeros callejeros y cabelleras al viento:
    Hoy al ver el titulo del articulo “La avispa y el diablo” antes de comenzar a leerlo,pensaba que Frans nos hablaria de Cospedal y de Barcenas….un escalofrio ha recorrido mi columna vertebral que me ha incendiado mi cerebro…..unas decimas de segundo que me han parecido eternas….pero que al leer el articulo de Frans me han devuelto a otra realidad ,esa en la que tan bien describe Frans en sus articulos y aunque mi gozo se fue el pozo he de reconocer que Frans siempre alaga mi inteligencia,la mece y la estimula al mismo tiempo y que en alguna mediada hace que cada dia le tenga mas respeto.
    Y claro está ,me pregunto que será de mi el dia que sin yo esperarlo me hable de lo que discute mi intelecto….¿será un extasis freudiano o una terapia teresina?…no se,pero quizas si llega ese dia ,no me haga falta ninguna nave espacial para cruzar los cielos,el espacio y el Universo.
    Ante mi doy fe,que me inclino ante usted ,esperando un nuevo articulo.
    AC/DC
    “firamado”:
    JAJAJA….que nervios.

  2. La involucion politica ha dado sus fritos….no no me he equivocado ,digo bien “fritos” y no “frutos”.
    El Partido Popular ha logrado en menos de dos años cabar con el socialismo que todos conociamos.
    Pasito a pasito ha conseguido que su involucion politica y su descaro hayan logrado separar Catalunya del resto de España .
    Dejo en su inteligencia ,la lectura de lo que les digo entre lineas….pero sei quieren que de una pista para ver lo que hay en ellas,solo tienen que escuchar a La vicepresidenta Soraya ,decirle a los socialistas que defiendan la unidad de España.

    ¡¡¡Manda güevos!!!!….JAJAJA….que nervios.

  3. Buenos días, previa felicitación al articulista.

    Querido Amistad: en el momento en el que no es que peligren, sino que directamente se han conculcado derechos sociales que tardaron décadas en construirse como realidades, había que optar entre izquierda y nación. El PSC ha optado por “nación”, poniendose del lado de CiU, una de las formaciones que se ha ensañado del modo más cruel con aquellos derechos y con aquellos servicios públicos cuya defensa es la seña de identidad del socialismo. Aquí, en Catalunya y en Guinea Ecuatorial.

    Que les aproveche: reconstitución de la Federación Catalana del PSOE ya. No hay otra.

  4. Apreciado Jon Silver Berry….no hace falta reconstruir la Federación Catalana del PSOE….con que se afilien los españolistas al Partido Popular es suficiente.
    ¡¡¡España UNA ,GRANDE y Libre!!!…..JAJAJA…que nervios.

  5. “A mí, la unidad de España me suda la polla por delante y por detrás, que se metan a España en el puto culo, a ver si les explota dentro y les quedan los huevos colgando del campanario; que vayan a cagar a la puta playa con la puta España, que llevo desde que nací con la puta España, vayan a la mierda ya con el país ese y dejen de tocar los cojones”- Pepe Rubianes

  6. Frans, cada vez es más obvio que hemos tenido infancias opuestas… y no veas cómo me alegro!!!! 🙂
    A mí la religión no me afectó ni me preocupó nunca lo más mínimo. Mientras los demás se dedicaban a sus comuniones tal y como dices (que yo no hice porque me dejaron elegir) en mi casa nos dedicábamos a los deportes. Cuando los demás se asustaban de avispas (con esa terrible profesora que cuentas) en mi casa la única avispa que disfrutábamos era la de Manhattan Transfer:

    http://www.youtube.com/watch?v=eeQYQBLuaF8

    P.D. La era del Pápa ha terminado…. y comparto contigo los cambios sugeridos, el principal podría ser tener una Máma!!

  7. Muhcas gracias a Frans por el artículo, especialmente por su finañ y por su siempre fluido castellano.Como le leo es como a mi me gustará leerme.

    Dicho lo cual, Frans toca un tema que a mi me gusta especialmente y del que, sin embargo, no hay demasiadas ocasiones de poner en común. La religión, ni más ni menos.

    Yo como Frans también crecí en un ambiente donde la religión forma parte de la vida cotidiana. En mi caso no es la Lima de los 70 sino un pueblo manchego de los 80. Teniamos religión en el colegio, que nos impartian hasta 6 de EGB la propia maestra de primaria, y luego las clases de catequesis si uno queria hacer la comunión (y normalmente querias). Sin embargo yo no recuerdo enfoque alguno en el pecado y el castigo. Eramos peques y aún no tocaba hablar -afortunadamente- de los temas sensuales. Paa mi la religión de mi niñez se asocia a una serie de rituales: rezar antes de dormirse y santiguarse delante de una iglesia o una ermita, o reglas de conducta cuyo culmen era ir a misa los domingos, cosa que cumplimos a rajatabla hasta los 13 años más o menos,según recuerdo yo. aAui donde me ven yo he ido a cantarle a la virgen muchas tardes de mes de mayo,-ni una risa, que les veo-Porque es lo que en mi pueblo hacian los niños y niñas en las tardes del mes de mayo.

    Yo no tengo asociado ningún recuerdo traumatico a curas, monjas o cosas asi, ni me asustaron con penas del infierno y otras cosas, seguramente porque fui a colegio público toda la vida y porque en mi casa este tema siempre se vivió de una manera laxa. Sin embargo puedo decir a día de hoy que soy feliz, convencida y beligerantemente ateo.

    Si Frans acaba con que no hay más demonio en la situación de la avispa, que el querer ir contra la propia naturaleza human de unos crios en una tarde de primavera deseando distraerse con cualquier cosa.,yo ahondo en el mismo surco. Con lo que ha llovido y con lo que hemos visto, como podemos tener la pereza mental, o el miedo al vacio de pensar que hay un ente, insondable, inefable, incomprensible, inaprensible, es el responsable de todo lo bueno que hay en nosotros y en el mundo, mientras que somo nosotros, sin embargo, los responsables de todo lo malo que hay en nos y hacemos a los demás.

    No hace falta que te asusten o tener experiencias personales negativas con el hecho religioso, o con los religiosos en si, para darte cuenta del engaño, entre cómodo e interesado, entre perezoso y de mano muerta que constituye la religión, cualquier religión.

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