La Arena

Julio Embid

Hace unos  años estuve en el Madrid Arena en la entrega de unos premios deportivos. Me pareció el típico pabellón de deportes, para eventos pequeños, y mal situado, en mitad de la Casa de Campo, lejos del Metro y con malos accesos para vehículos. Nunca pensé que iba a ser utilizado para una macrofiesta como si fuera una discoteca.

Hace ya más de dos meses que fallecieron cinco chicas durante la Noche de Halloween en una avalancha producida en ese Madrid Arena y todavía no ha dimitido la máxima responsable de dicha catástrofe, la alcaldesa. Desde el principio se hicieron las cosas mal. Nada funcionó como debía. La empresa organizadora Diviertt pidió permisos para una fiesta para 5.000 personas, por la cual pagó la ridícula cifra de 6.000 euros, mientras se calcula que ingresaron 700.000 euros en beneficios. El aforo permitido por el Ayuntamiento era de 10.000 pero la Policía Nacional calculó que se vendieron casi 20.000 entradas y que pudo haber hasta 23.000 personas entre gente que se coló y entradas que se vendieron dos veces. Para vigilar este recinto con más de 20.000 personas había doce policías municipales y 39 seguratas identificados.  Por si pasaba algo, para atender todo este jaleo había un médico jubilado, exconcejal del PP y de 77 años. El SAMUR (las ambulancias de Madrid) no estaban avisadas, pero cuando les llamaron atendió un operario que era chofer del Ayuntamiento de Madrid pero que por los recortes acababa de ser recolocado en la atención del teléfono de urgencias.

Y aquí no pasa nada. Con el Madrid Arena precintado por investigación judicial, al Ayuntamiento de Madrid le cayó encima el Mundial de Balonmano que tendrá lugar este enero y que iba a realizarse en este polideportivo. La Federación Internacional de Balonmano (IHF) avisó y en el Ayuntamiento dijeron, ¡Qué se haga en La Caja Mágica! ¡Será por pabellones! Y mientras tanto, cada información que sale sobre los macroeventos de los polideportivos es peor que la anterior. ¿Hay derecho que el principal imputado (Flores) sea amigo personal del vicealcalde de Madrid (Villanueva) y paguen cuatro perras por una fiesta en la que van a facturar cientos de miles de euros? ¿Hay derecho a que el jefe de la policía municipal y concejal de seguridad (Guindos) no haya dicho ni mu porque mandó solamente una docena de policías para semejante tinglado? ¿Va a cambiar algo o en dos meses olvidado?