Kosovo: ¿y ahora qué?

GCO

Ayer se cumplió un año de la muerte de Slobodan Milosevic en su cárcel de Holanda. Como con Pinochet, el “carnicero de Belgrado� no llegó a escuchar su sentencia, esa que hace pocas semanas le condenaba y responsabilizaba por crímenes de guerra, contra la humanidad, torturas y genocidio durante las guerras de Croacia, Bosnia- Herzegovina y Kosovo. Este aniversario pasó casi desapercibido para la prensa, pero lo cierto es que en Belgrado, algunos miembros del Partido Socialista Serbio, el mismo que él dirigió, y simpatizantes suyos rindieron homenaje a tan monstruoso líder. El presidente Serbio, Boris Tadic, recordó para la ocasión que su país aún sigue en un proceso de transición delicado y señaló a la brutal política desarrollada por Milosevic como causa de muchos de los males de la actual Serbia. Porque, aunque el nacionalismo recalcitrante que predicó Milosevic ha desaparecido, ha dejado algunas pústulas ideológicas. Con todo esto, Serbia hace frente a una delicada transición que además se está complicando con el problema del estatuto de Kosovo, un asunto cada vez más enconado. Más...

Y es que, tal y como era de esperar, en Viena han concluido la ronda de conversaciones entre las partes, la Serbia y la albanokosovar, para negociar la salida a Kosovo. El propio enviado especial de la ONU, Marti Ahtissari, ha sido muy concluyente respecto a las expectativas para una salida negociada de la cuestión: “Lamento decir, que al final de la jornada, las partes no tenían voluntad de ceder en sus posiciones (…) Las visiones respectivas de las partes respecto a un futuro del status de Kosovo no incluyen ningún terreno en común�. Pero por si alguien se hace alguna esperanza para un acuerdo en un futuro próximo, Ahtisaari concluía que “el potencial de las negociaciones está agotado�. Tras 14 meses de negociación, y con el plan ya presentado, las posiciones siguen en el mismo lugar y la pelota está ahora en el tejado de la ONU.
De nada ha servido que el proyecto presentado por el Enviado Especial trate de evitar el polémico término de la independencia. La fórmula escogida, que no representa estrictamente la independencia, planteaba un alto grado de autonomía que a efectos prácticos convertiría a Kosovo en un estado prácticamente soberano. Entre las atribuciones otorgadas, Kosovo podría firmar acuerdos internacionales sin contar con la probación de Serbia. Pero Kosovo sigue siendo un tema tabú para la inmensa mayoría de los serbios, nacionalistas o no. El presidente, Boris Tadic sólo ha transmitido lo que piensa la inmensa mayoría de la población: La propuesta de Ahtisaari – dijo- es inaceptable porque implicaba quitarle tierras a un Estados Soberano para dárselas a un grupo étnico. Ahora bien, no parece que sea el único en su cerrazón: En la provincia, los albanokosovares no se plantean otra cosa que no sea la independencia formal.
A nadie se le escapa la realidad socio- cultural de Kosovo. Como tampoco que la independencia de la región pasa por ser la única salida posible. Pero quizás, es demasiado pronto, quizás la ONU se hizo demasiadas promesas, puso plazos demasiado cercanos y que a la hora de la verdad no podía cumplir sin volver a despertar los fantasmas de los Balcanes. Tantas promesas también han calado en la población albanokosovar, que representan un 90 % en la región y que están impacientes por gozar de su total impaciencia. Estados Unidos y la Unión Europea temen que si no se hace a través de la ONU, sean los propios albanokosovares los que proclamen su independencia de forma unilateral, algo que trae muy malos recuerdos en los Balcanes.
Quizás por eso Ahtissaari ha comunicado que pretende remitir la cuestión al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El Enviado Especial sabe que su modelo ha sido bien acogido entre las distintas instancias internacionales, pese a que ha sido rechazado por las partes. Pero incluso en la ONU hay obstáculos para el plan de Ahtisaari, y estos resultan ser la última esperanza serbia: Moscú, con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas exige que cualquier solución para Kosovo sea alcanzada con el beneplácito de las partes y podría estar dispuesto a usar su veto en el caso de que se pretenda imponer.
¿Qué decidirá el Consejo de Seguridad? El tema no es baladí y trasciende a la zona. Sea como fuere, si el plan se impone, no se hará sin una cierta humillación a Serbia, algo profundamente contraproducente. Si no se hace, se incumplirá la promesa dada a los albanokosovares que incluso piensan que el modelo de Ahtisaari es insuficiente y pueden proclamar, tal y como temen Estados Unidos y la Unión Europea, una independencia unilateral, con consecuencias impredecibles.
Tampoco se escapan los intereses particulares de cada país y de cada potencia sentada en el Consejo de Seguridad. El Primer Ministro en funciones de Serbia, Vojislav Kostunica, no sin cierta razón, avisa del peligro que puede suponer otorga la independencia a Kosovo por el precedente que eso supone. Según el mandatario serbio, esto “significaría ver muchos mapas de Europa�, y advierte del daño que esto haría a la estabilidad internacional. Obviamente, esto resulta exagerado, pero no deja de guardar cierto sentido.
Aunque para los albanokosovares sea insuficiente o para los serbios sea inaceptable, lo cierto es que el Plan para Kosovo presentado por su Enviado Especial responde a ese histórico y delicado equilibrio de la zona. Es una de las soluciones más lógicas, dadas las circunstancias. Pero quizás se haya presentado antes de tiempo, quizás hubiera que haber esperado un poco más. Ahora, no tiene vuelta atrás. Fracasadas las negociaciones, su desarrollo lo decidirá el organismo menos democrático y más politizado de la ONU, el Consejo de Seguridad. Básicamente, podemos volver a encontrarnos con otro de esos juegos de geoestrategia entre potencias – Estados Unidos, Europa, Rusia- ahora ambientado en el siempre peligroso avispero de los Balcanes.