Jugar en terreno ajeno

Lobisón

Un partido (político) juega en terreno ajeno cuando asume como temas centrales de su programa o de su política cuestiones a las que la opinión pública considera propias de otro partido. Al hacerlo es inevitable que esos temas pasen a primer plano, relegando los temas en los que el primer partido podría jugar con ventaja, y que por tanto deberían ser centrales en su estrategia.  Pero además los electores prefieren el original a la copia, con lo cual el primer partido siempre pierde al competir con el partido al que pretende disputar sus temas propios. Como es evidente, eso es lo que le está pasando a Mas tras haber centrado la agenda política catalana en la cuestión de la soberanía, terreno en el que sólo puede ganar ERC.

Algo similar parece estarle sucediendo al PS con el Frente Nacional de Marine Le Pen en la cuestión de la inmigración ilegal. La detención el 9 de octubre durante una excursión escolar de Leonarda Dibrani, de 15 años, para su inmediata expulsión a Kosovo con toda su familia, ha supuesto un notable escándalo en Francia, motivando el rechazo del 46% de la opinión. Pero lo que se rechaza es que se detuviera a la niña durante una excursión, mientras que el 65% de los entrevistados se oponen a que la familia regrese a Francia.

El presidente Hollande ofreció una solución salomónica —es decir, una falsa solución—: que Leonarda regrese pero su familia no. La muchacha rechazó inmediatamente esa absurda posibilidad, ya que no tiene más familia en Francia, y por otra parte sus hermanos también estaban escolarizados. Pero el ministro del Interior, Manuel Valls —descendiente de españoles, para colmo—, ha sido tajante: la ley es la ley y debe ser cumplida. O modificada, si lleva a actuaciones injustas, pero no serán Valls ni el PS quienes hagan cambios que puedan dar ventaja al Frente Nacional.

Como se sabe, el partido de Marine Le Pen está fuerte, cuenta con el 24% de la intención de voto para las elecciones europeas, y puede convertirse con mucha facilidad en el segundo o incluso el primer partido más votado. Probablemente su atractivo no se basa sólo en su rechazo de la inmigración (legal o no), sino también en sus planteamientos nacionalistas, antieuropeos y antisistema. Pero el PS —como antes lo hiciera Sarkozy— parece creer que la única forma de frenarlo es mediante la dureza frente a la inmigración ilegal y frente a los asentamientos gitanos.

Esta vez el gobierno puede evitarse el mal trago de hablar de ‘gitanos’, lo que ya ha hecho en ocasiones anteriores provocando una reprimenda de la UE, y puede limitarse a recordar que la familia Dibrani es kosovar, y no puede acogerse por tanto a la libre circulación de personas que rige entre los países de la UE. Y frente a la inhumanidad de la expulsión, cuando sólo dentro de dos meses la familia cumpliría las condiciones fijadas por la ley para poderse quedar en Francia, Valls ha prometido mayor rapidez en los trámites de expulsión para evitar que éstas lleguen a producirse, como en este caso, in extremis.

Todo es muy racional, pero probablemente es mala política —puede reforzar al FN en vez de frenarlo— y sobre todo resulta muy desmotivador para el ‘pueblo de izquierda’, como dicen los franceses. ‘No me esperaba eso de Hollande’, dijo Leonarda desde Mitrovica, donde al parecer tiene pocas posibilidades de continuar sus estudios por la discriminación existente en Kosovo contra los gitanos. Bueno, pues muchas otras personas tampoco nos lo esperábamos.