Jugar en el cuatro y medio

Lope Agirre

Cuando el lehendakari Ibarretxe anunció la fecha de convocatoria de las elecciones autonómicas vascas para el día 1 de marzo, la sorpresa fue grande, porque, aunque se puede suponer que la decisión habría sido analizada, discutida y tomada en grupo, pocos se esperaban que dichas elecciones de Euskadi coincidieran en el mismo día que las de Galicia. El lehendakari, en su breve intervención a la prensa reunida para el efecto, tampoco aportó datos que justificaran dicha coincidencia. Dijo que el trabajo más importante estaba hecho y que había que celebrar las elecciones cuanto antes, termino impreciso donde los haya. Podía haber convocado una semana antes o una semana después de las gallegas. Pero, no; el mismo día. Tradicionalmente las elecciones autonómicas vascas no coinciden con ningún otro acontecimiento, festivo, religioso o electoral. Esta vez va a ser diferente. Ibarretxe quiere jugar de otro modo y en otro espacio.

 

El deporte de la pelota, uno de los deportes más estéticos y antiguos, se celebra en un frontón, que tiene sus propias características, según sea la modalidad. La más extendida es la cesta, o cesta punta, también llamada jai-alai (fiesta alegre) que se juega, o jugaba, en Miami, Filipinas, Uruguay, Argentina, Macao y otros lugares exóticos y atractivos. Va muy unido a ese concepto tan etéreo que se llama suerte, porque su objetivo es el estímulo de las apuestas y de la movilidad del dinero. Se juega en un frontón largo. Otra modalidad, más literaria, es la del trinquete, que fue deporte de nobles y príncipes, en Francia, al menos. Fue el rey navarro Enrique IV, el que exclamara aquello de “París bien vale una misa”, quien lo llevó a París. En francés se llamaba jeu de paume. La revolución francesa le debe mucho a su existencia.

 

La pelota a mano se juega en un frontón que mide 36 metros de largo y está dividido en diez cuadros. El saque se hace desde el cuatro, y, si la pelota bota en el nueve, se considera falta. Quien haya contemplado algún partido de pelota a mano sabe que es un deporte muy duro y que requiere, del jugador, unas características muy especiales, agilidad para moverse por el frontón, y, sobre todo, fuerza, para responder desde los cuadros últimos. Existe otra modalidad que es la del “cuatro y medio”. Se juega en los primeros cuadros del frontón y requiere, además de agilidad, astucia e instinto.

 

Las elecciones autonómicas vascas han sido, hasta ahora, partidas de pelota en el frontón largo. El candidato elegido en ese santuario que se llama “Sabin Etxea”, situada, ¡oh casualidad!, en un lugar preeminente de Bilbao, cerca de la Universidad de Deusto y de la sede del BBV, ha jugado, lo digo en el sentido literal del término, con el de la oposición, y lo ha derrotado. Pero esta vez el candidato que el espíritu de Sabino, hecho carne, ha seleccionado de entre los suyos prefiere jugar en el cuatro y medio. Será, creo yo, que se siente más cómodo y con posibilidades de ganar.

 

La coincidencia de las elecciones autonómicas en Galicia y Euskadi obliga a los medios de comunicación estatales a dividirse y a no prestar toda la atención requerida o necesaria a cada una de las contiendas. Ello perjudica más al PSE que al PNV, por la sencilla razón de que los medios de comunicación públicos (vascos) están en manos de gente afín al partido gobernante, y los privados, excepto los pertenecientes al grupo Vocento, seguramente también. El eco mediático será menor que en otras elecciones, algo que tampoco favorece al PSE, que se mueve con mayor dificultad en la calle, mientras que el PNV, con su red de batzokis, su control social, su imbricación popular, puede impulsar campañas silenciosas, boca a boca, tremendamente selectivas y efectivas. En las elecciones del 2001 la búsqueda del voto individual fue la clave de su éxito. Agitación y propaganda: Don Arzallus llamando desde la sede por teléfono a cada uno de los militantes y recordándoles los favores prestados, las intervenciones de los candidatos en cada una de las televisiones y emisoras locales, por pequeñas que fuesen, en idioma vernáculo, la movilización de todos los efectivos… Se daban por perdedores y, sin embargo, en aquella ocasión vencieron.

 

La campaña se jugará en el frontón pequeño, entre amigos casi. EL PNV intentará conservar su voto fiel, y para ellos no necesita una campaña altisonante y espectacular, sino una callada y casi inadvertida.

 

Ibarretxe, a pesar de sus defectos, es un excelente comunicador. Domina la lógica de los medios de comunicación y es maestro en la utilización de la retórica. Juega en casa, y, por ello, cuenta con ventaja. Sus intervenciones en ETB, mirando fijamente a la cámara, y respondiendo con frases sencillas y simples, apelando a los sentimientos de la gente, dando lecciones de modestia y de humildad, poniéndose en el lugar de las madres y de los padres, dejan a muy poca gente indiferente. Las mujeres lo adoran, por algo será. Es astuto y marrullero, deja poco margen a la improvisación. No hay que menospreciarle.

 

El Gobierno de Ibarretxe tiene esta vez a todos en contra: sindicatos (la intervención de Josu Onaindi, secretario general saliente de CCOO en Euskadi durante la clausura del Congreso, fue de las más duras que yo recuerde),  IU, EA y la parte del PNV alineada con Imaz, están deseando un cambio de Gobierno. La izquierda abertzale ya ha proclamado que no correrá a socorrerle como otras veces. Y la crisis económica…

 

Aún y todo, no va a ser fácil vencerle.