Jugando al límite

Millán Gómez

La exigua mayoría parlamentaria del PSOE en el Congreso obliga a los socialistas a realizar equilibrios imposibles en cada votación. Por ello, los medios de comunicación ya barajan la posibilidad de que los próximos Presupuestos Generales del Estado (PGE) no puedan ser aprobados vista la coyuntura de soledad política de los socialistas en la Cámara baja. En ese caso, a no ser que los presupuestos sean prorrogados, como así ha ocurrido en otras ocasiones, podríamos vernos abocados a disolver las cámaras y convocar elecciones anticipadas.

En Ferraz, como no puede ser menos, contemplan esta opción. Saben que la crisis les está pasando factura y que posiblemente si los ciudadanos acudiesen hoy a las urnas perderían el poder. De todos modos, algunos datos ya consolidados como es el hecho de que el PP no termina de postularse como una alternativa sólida y el descenso del paro conocido en la mañana del miércoles les permiten albergar una cierta dosis de optimismo. También confían que en un duelo cara a cara entre Zapatero y Rajoy el primero cuenta con mayor recorrido potencial en forma de votos. Su campo de acción es más grande y cuanto más acentúen las diferencias entre ambos mayores posibilidades de victoria tendrán los socialistas.

La izquierda parlamentaria se muestra contraria a las últimas decisiones de Zapatero. La duda radica en si preferirán lo malo conocido del PSOE o lo peor aún del PP. Una cosa es que critiquen abiertamente al Gobierno por determinadas gestiones y otra muy diferente que indirectamente ayuden a que el PP llegue al poder. En este ámbito, el PSOE cuenta con 169 escaños en el Congreso y precisa de siete votos favorables del resto de formaciones para hacer valer su programa. Parece lógico que formaciones como el BNG, UPN e incluso los conservadores del PNV colaboren con el Gobierno para sacar adelante sus proposiciones.

Los nacionalistas gallegos actuarían con cierta coherencia si apoyan al PSOE en el sentido que permitirían allanar el camino a una posible alternativa al PPdeG en la Xunta. Su electorado está herido pero también entiende que esta entente es la única posibilidad de retomar el poder perdido en Galicia hace poco más de un año. El Gobierno ha atendido con bastante responsabilidad las pretensiones del BNG desde que Zapatero llegó al poder y no parece descabellado que la situación continúe en esta dirección. Por su parte, UPN agradece al PSOE el pacto no escrito según el cual los regionalistas continuaron en el poder en la Comunidad Foral tras los primeros rumores de un pacto PSN-NaBai que fueron abortados por Ferraz. UPN no lo olvida y así lo ha demostrado en numerosas votaciones en Madrid. Otra alternativa lógica es el PNV, con el que el PSOE ha llegado a acuerdos puntuales en Madrid y en Gasteiz. En Euskadi mantienen una oposición dialéctica importante pero eso no ha sido óbice para que la relación entre ambos se haya deteriorado hasta el punto de romperse. De hecho, un acercamiento a los jetzales sería rentable en términos electores para los socialistas y sumamente interesante para el futuro de Euskadi donde los dos principales partidos vascos deben entenderse para desbloquear la ya de por sí complicada realidad sociopolítica de aquella comunidad. El PNV sabe que no se puede echar al monte, que allí ya han habitado durante los últimos tiempos y han perdido cuerpo electoral. Saben que no pueden entregar un cheque en blanco pero enrocarse sólo lleva a su aislamiento y a consolidarse como oposición y nada más que oposición en Euskadi.

En 2009 los PGE se aprobaron con el apoyo de PNV y CC. Los nacionalistas canarios son impredecibles por su excelsa facilidad para pactar tanto con unos como con otros. CiU parece prácticamente descartable porque, pese a la demostrada responsabilidad de Durán i Lleida, las elecciones catalanas están demasiado cerca como para darles oxígeno a sus contendientes. IU tampoco parece que le interese en términos electorales acercarse a los socialistas vista su mejora en las encuestas y su capacidad para mostrar un discurso diferente al del PSOE.

Por todo esto, la situación del PSOE es crítica pero ni mucho menos irrevocable. Tienen aliados potenciales con los que les unen diferentes factores que les pueden permitir continuar en el poder y agotar la legislatura. Un anticipo electoral supondría la parálisis de este país y el reproche continuo entre las diferentes candidaturas que sólo provocarían desconfianza en los mercados. La responsabilidad pasa ahora por seguir gobernando y, por favor, por ir todos a una tanto dentro como fuera del partido de gobierno. No creo que sea tan difícil. Inténtenlo por lo menos.