Jaime Lissavetzky y el sistema

Guridi

 Jaime Lissavetzky no se ha retirado de la carrera para ser el candidato socialista a la alcaldía de Madrid porque lo viese todo perdido, sino porque había cierta posibilidad de ganar. Casi todo el grupo municipal y casi la mitad de los secretarios generales de Madrid le prometieron su apoyo. Y en las reuniones en las que Jaime preparaba su candidatura, veías cosas tan inverosímiles, como a Juan Barranco sentado a la misma mesa que históricos enemigos suyos -aquellos que se llamaban “renovadores” cuando Lissavetzky fue secretario general de la PSM-. También, pese al apoyo apenas disimulado de Pedro Sánchez, veías a algún líder madrileño del “pedrismo”, como el ex-concejal Daniel Vicente Viondi, que mandaba emisarios a presentar sus respetos.

 Lissavetzky tenía la oportunidad de monopolizar el descontento que la actitud de Tomás Gómez causa en los secretarios generales de la ciudad de Madrid. Para así lograr unas primarias mucho más igualadas de lo que tenían en mente Antonio Miguel Carmona, Maru Menéndez y Tomás Gómez, cuando lo “amarraron” todo en el Congreso Federal.

 La actitud de Carmona, reconozcámoslo, tampoco tenía excesivos seguidores en los cuadros medios. Todo el mundo sabe que su actitud de visitar los distritos de la capital sin presentar sus respetos a los concejales socialistas, o a los secretarios generales, estaba generando cierto hartazgo.

 ¿Qué pasó? Que alguien del PSM llamó a Ferraz, que desde Ferraz se llamó al despacho de Rubalcaba en la Universidad. Y que Rubalcaba termina llamando a su amigo Jaime para hacerle una última faena.

 Acaba así la carrera de Lissavetzky, “el Ruso”, que ha empezado y terminado casi al mismo tiempo que la de Rubalcaba pero, que a diferencia de éste, se despide diciendo: “me voy en contra de mi voluntad”.

 ¿Qué indica toda esta colección de anécdotas? La debilidad y las permanentes intrigas del marchito Partido Socialista Madrileño, que ya en el 15M vio cómo había más manifestantes frente a su sede, que militantes poseía en la ciudad de Madrid.

 El socialismo madrileño está envejecido, viciado por la acumulación de viejas luchas, cerrado al exterior, y no tiene más proyecto que la supervivencia de algunos de sus cuadros, que ya están en edad de jubilarse. O de acabar sus estudios, en algunos casos.

 Corre por las tertulias el rumor de que hay una encuesta de Demoscopia que sitúa al PSM como la 5ª fuerza política en el caso de celebrarse elecciones en este mismo momento. Las generaciones y el talento que han sido rechazados por los socialistas y por los apolillados dirigentes de IU Madrid se están concentrando alrededor de iniciativas como “Podemos” o “Ganemos”, que pueden poner en serios apuros el tradicional reparto de votos de la izquierda madrileña.

 Un veterano militante me confesaba que sentía tristeza, pues en las reuniones y asambleas abiertas que estos movimientos realizan había más ilusión y más ganas de ganar que en las ajadas agrupaciones madrileñas, que apenas han quedado como lugares de reunión para que grupos de jubilados nostálgicos comenten lo que emite el Telediario.

 ¿Qué puede hacerse? No es fácil pensar en una solución, dado que este declive se está produciendo mucho antes de todo este contexto de crisis económica e indignación general. Pero no creo que sea un problema exclusivo del PSM. Sin embargo, ponernos en el lugar de alguien que quisiera empezar a militar en el PSOE madrileño, pudiera ayudarnos a ver la dimensión del problema.

 Para afiliarse, nuestro hipotético simpatizante tendría que enfrentarse a caras largas y de sospecha en la agrupación en la que se presentara. Si es que la encontrase abierta. Lo primero que te suelen preguntar es de parte quién vienes.

 Luego, una vez rellena la ficha, toca el comité local, donde personas que llevan ahí desde 1977, decidirían si tramitan o no el alta del militante. Imaginemos qué pueden tener en la cabeza unas gentes que todavía viven y piensan como si estuviéramos en los peores momentos del enfrentamiento Leguina-Acosta.

 En el caso de que se tramitara, nuestro nuevo militante querría pasarse por la agrupación, para ver “en qué se puede ayudar”. En una gran mayoría de casos le dirían que puede pasarse por la tertulia de actualidad y poco más. En algún caso excepcional, le dirán que se pase por uno de los “grupos de trabajo” que organiza el PSM. Si es que se convocan.

 En los “grupos de trabajo”, algún diputado autonómico y algún concejal les pedirán consejos sobre el área que les toca gestionar, reconociendo abiertamente que no tienen ni idea, pese a llevar más de 20 años en política.

 Si el joven militante se limita a encogerse de hombros y a decir vaguedades, todo saldrá bien y podrá seguir acudiendo a ese tipo de reuniones e, incluso, ser llamado a alguno de los grupos de trabajo que se convocan en Ferraz. Si, por el contrario, empieza a decir cosas con sentido y a destacar sobre sus compañeros, el cargo intermedio de turno se encargará de bloquear sus ideas, copiarlas y pasarlas con su firma a quien corresponda. Y así hasta que los grupos de trabajo se dejen de convocar por dejadez e inasistencia creciente.

 Mientras, se le pedirá a nuestro joven militante que acuda a asambleas para votar a favor de lo que decida el Comité Local en asuntos de los cuales no se le ha informado. Se le sugerirá que reelija a tal cual candidato, porque -aunque ningún votante le conozca- “es buen chico y se esfuerza mucho”. Y, casi contra su voluntad, nuestro militante será encuadrado en alguna de las múltiples facciones beligerantes; hasta que, en su calidad de peón, sea sacrificado por el jefecito de turno.

 Y así, más o menos, acabaría la historia de nuestro joven amigo. Y digo amigo, porque si fuera amiga le sucederían hechos más vergonzosos todavía, que me da reparo imaginar y poner negro sobre blanco.

 Este sistema, estas costumbres y estos vicios son los que producen la política de mala calidad que se pretenda vender a los madrileños y madrileñas como si fuera la solución a sus problemas.  Y ese ciclo de acontecimientos no puede producir nada bueno. Es más, lleva años produciendo lo que todos conocemos y sufrimos.

 Volviendo al principio: estoy seguro de que Antonio Miguel Carmona puede ser un gran candidato para Madrid, pero su elección, su candidatura y su labor política estará generadas por el mismo sistema que se traga y escupe a nuestro hipotético militante joven. Tal vez habría que repensar el sistema que ha dado lugar ha esto. Puede que no para cambiarlo por otro, pero sí tal vez para reinventarlo, porque dudo mucho que hoy en día esté cumpliendo las funciones para las que se pensó en su origen. 

Mientras, se acerca el escenario en el que el PSM se enfrente de nuevo al resultado de las urnas. Y eso es algo en lo que ahora me da pánico pensar.