Izquierda Hundida. Izquierda Huérfana

Aitor Riveiro

Que al PSOE le interesa la desaparición definitiva del único partido político que le quita votos por la izquierda es una evidencia que se demuestra por dos hechos irrefutables: su negativa a cambiar la ley electoral durante la última legislatura y el tremendo alegrón que se han llevado los mamporreros ferracistas, tan felices por la debacle de Izquierda Unida que no se dan cuenta de lo injusto que es y de la mala noticia que representa para España. Que IU es responsable directo del batacazo electoral sufrido el pasado 9 de marzo sólo lo negarán los que sufren de idiocia. Está claro que la organización dirigida aún por Llamazares debe leer los resultados de forma muy crítica y preguntarse porqué su partido ha perdido 300.000 votos con respecto a las elecciones de 2004.

Pero me resulta entre gracioso y preocupante comprobar que los defensores del autodenominado Partido Socialista Obrero Español hacen bromas con un asunto que, en mi opinión, es muy serio: casi 700.000 españoles han visto hurtado su derecho a representación parlamentaria. Serán llorones, comunistas desfasados, idiotas utópicos y muchas otras cosas (no digo yo lo contrario porque no los conozco a todos y no puedo hablar por ellos), pero son 700.000. Un dato: el número de afiliados del PP (el partido líder en ese aspecto) es, precisamente, ese.

Pero bueno, este análisis ya se ha hecho y no merece la pena discutir lo que es una obviedad para cualquiera que no esté ciego o que aplauda a rabiar al Emperador aunque vaya en pelota picá.

Así que, alegrémonos. Albricias y zapatetas. Por fin, 30 años después de reinstaurado el sistema democrático en nuestro país, la cobardía ha vencido a la valentía. Por fin, digo, el único partido que conseguía arrancar al PSOE políticas de izquierda y que propiciaba saltos adelante tan maravillosos y deseados como los matrimonios homosexuales o la Ley de Dependencia ha desaparecido. La suerte de IU está echada y no hay lugar a la duda: se finí.

Hoy, muchos de los muy demócratas socialistas se ufanan en la suerte del partido de Llamazares y ríen mientras barruntan unas posibles deserciones en las filas poscomunistas (¿quién dijo estalinismo?) y sueñan con que nunca más dejarán el poder. ¿Cómo vamos a perder nunca las elecciones si el millón de votos de IU va a ser para nosotros hasta el fin de los días? España es ya suya para siempre jamás y nadie les descabalgará de los 11 millones de votantes.

Quien así piensa debe ser el Carlo Magno de la estulticia. Los peores (ojo, los peores) resultados de la historia de IU han consistido en algo menos de un millón de votos. En una campaña polarizada por el voto útil (con antiguos compañeros de viaje de IU y del PCE pidiendo el voto para el PSOE), en el que los debates a dos entre Zapatero y Rajoy han acaparado la precamapaña y la propia campaña, en el que las encuestas publicadas en prensa, radio, televisión e Internet presagiaban un empate técnico entre PSOE y PP que podría devolver el poder a la derecha de Zaplana y Acebes, en ese escenario, un millón de españoles han pasado del PSOE. No recuerdo una campaña tan bipartidista como la que acabamos de pasar. Y aún así, un millón de personas ha confiado en IU.

No recuerdo tampoco una legislatura tan dura y en la que un gobierno deseoso de realizar múltiples reformas de calado haya sufrido una oposición tan dura y rastrera. Aún así, ese gobierno ha conseguido importantísimos avances sociales que han sido refrendados por más de un 43% de los votantes. Y, pese a todo, un millón de personas ha decidido que su voto era para Izquierda Unida.

¿De verdad, pobres incautos, pensáis que toda esa gente que ha desestimado votar al PSOE cuando era lo más fácil (y puede que lo más lógico) lo va a hacer dentro de cuatro años? ¿Qué pasará cuando el gobierno se vea obligado a aceptar las políticas nada progresistas de CiU si no quiere tener problemas en las votaciones cruciales de la legislatura? ¿Qué pensarán los votantes catalanes de izquierdas cuando comiencen a ver que el PSC hace guiños a su derecha?

Pasará algo muy sencillo: que el PSOE no sólo no recibirá ese millón de votos que dejarán de ir a la desaparecida IU, sino que perderá votos a millares por la izquierda. Votos que, por desgracia, no encontrarán un partido al que votar, porque habrá desaparecido.

Por eso el gran reto de la izquierda huérfana es impedir, precisamente, dicha orfandad. No creo que las personas que hoy ostentan un cargo en IU sean las llamadas a refundar ese partido de izquierda llamado a no gobernar pero a ser imprescindible para que este país avance socialmente. Tampoco creo que ese partido sea IU (que ya veremos si es capaz de pagar si quiera la deuda contraída durante la pasada campaña; me río yo de los créditos de La Caixa al PSC).

Quizá, al final, pase como en Alemania y no sean los votantes de IU los que se pasen al PSOE, sino que sean los votantes del PSOE hastiados de ver a su partido gobernar para los de siempre (¿quién dijo ETT?) los que se aproximen a la orilla izquierda y, juntos, funden ese partido.