IU: Entre el caos y la esperanza

Millán Gómez

  

Izquierda Unida (IU) ha sido históricamente una fuerza importante dentro de la izquierda española. Aún viviendo mejores y peores momentos siempre ha estado ahí, a pesar de contar varios factores que han limitado su poder político, como son la existencia de una fuerza progresista más consolidada como el PSOE y una ley electoral que les ha perjudicado.

 

 Esta formación cuenta con la contradicción interna de contener en su seno un partido histórico y tan representativo de la lucha por la democracia en este país como es el PCE pero que, lejos de su pasado meritorio, entraña ahora unas posturas excesivamente fundamentalistas. Gran parte del problema actual de IU viene dado por su dificultad para adaptarse a los nuevos tiempos y trasladar un mensaje alternativo a la ciudadanía. Su papel durante el franquismo es impagable, así como su labor en la Transición, pero desde las primeras elecciones democráticas han ido perdiendo apoyos progresivamente. Supuestamente, el PCE debería haber reflexionado ante este hecho para limar su caída pero no lo han hecho. Es más, con sus posiciones maximalistas han impedido el avance de una coalición creada posteriormente en 1986 como es Izquierda Unida.

 

 En la última legislatura de Felipe González, IU llegó a igualar los resultados que había conseguido el PCE a finales de los 70 al superar el 10 % de los votos. De este modo, alcanzó los 21 escaños en el Congreso y obtuvo importantes parcelas de poder en comunidades como Andalucía. Lo alcanzó en un momento de debilidad del PSOE y donde IU era bien vista en parte de la derecha por esa bochornosa pinza entre Aznar y Anguita. Por interés te quiero Andrés.

 

 Desde Anguita fueron desfilando por el poder varios líderes que no han llegado a igualar aquellos resultados. Francisco Frutos, del PCE, pasó prácticamente desapercibido y desde el año 2000 hasta este 2008, Gaspar Llamazares fue quien dirigió los designios de la formación.

 

 Llamazares no ha sido capaz de movilizar al electorado potencial de IU ni siquiera en sus primeros años del cargo cuando Zapatero era el líder de la oposición y aún estaba dando sus primeros pasos al frente del PSOE. Llamazares perdió en ese momento una importante batalla. Ambos llegaron a la cabeza de sus partidos en 2000 pero ni siquiera durante los últimos años de Aznar en la Presidencia del Gobierno con el desastre del Prestige o la Guerra de Irak, IU supo transmitir un mensaje alternativo y diferenciado del PSOE. En algunos momentos, incluso, daba la sensación de que Llamazares era quien estimulaba a ciertos sectores de la juventud para salir a la calle para manifestarse ante los abusos de la derecha pero era el PSOE quien los movilizaba en las urnas. Era un momento en el que era complicado escuchar a gente de izquierdas que criticase a Llamazares. Y ahí quizá estuvo uno de sus grandes errores: no haber capitalizado parte de esa insurrección ciudadana que vio en Llamazares un líder movilizador en la calle pero no así en el Congreso.

  

IU, a pesar de ser la tercera fuerza política más votada, es la sexta formación con mayor representación en el Congreso. Los fantasmas de una hipotética desaparición cobran fuerza. El miedo a ser fagocitado por su hermano mayor dentro de la izquierda política está latente en muchos de sus simpatizantes. IU no existe como quien dice en muchas partes de España y su poder está menguando a velocidad de crucero.

 

 Cayo Lara es ahora el nuevo Coordinador General de IU. Tiene ante sus manos la enorme responsabilidad de intentar transmitir un mensaje alternativo, que no critique porque sí al PSOE como muchas veces hace IU sino que proponga iniciativas diferentes pero que también sepa dar la mano en aquellas cuestiones que supongan progreso y bienestar para nuestra sociedad. IU ha apoyado en muchas ocasiones a Zapatero desde que está en el Gobierno pero su manida tesis de que ellos son la verdadera izquierda ha quedado en evidencia durante la pasada legislatura, el cuatrienio donde, sin duda, se han implantado mayores medidas progresistas como la Ley de Dependencia, la Ley de Igualdad, los matrimonios homosexuales, etcétera. El PSOE ha lastrado con iniciativas muy de izquierdas el filón electoral de IU. Ha sabido ganarse con hechos el apoyo de electores que en otro contexto hubiesen votado a IU.

 

 Lara tiene ante sí una ardua tarea. Sólo si se despoja de determinados pensamientos sacralizados del PCE (complicado al pertenecer a esta facción) y posibilite evolucionar a su partido en consonancia con la sociedad actual tendrá visos para mejorar la situación de un partido en vías de extinción. IU tiene que mejorar la pésima imagen pública que tiene a día de hoy. Con poco lo conseguirá. La ciudadanía está más politizada de lo que algunos nos quieren hacer pensar a veces y sabe perfectamente agradecer a aquellos gestores que son algo más que la caricatura de sí mismos. Si IU es capaz de hacer una oposición constructiva al PSOE y lo vigila lo suficiente desde el punto de vista político para que los socialistas no deriven hacia el centro político tendrán mucho ganado. Su objetivo debe ser el conseguir que sectores progresistas vean en esta formación algo más que un partido que coopere con el PSOE sacando adelante iniciativas vitales para nuestra sociedad y que le obligue a tomar medidas profundamente sociales. Tienen que tratar de arrastrar el voto de electores que simpatizan con ellos en ciertos aspectos pero que, con razón, lo consideran un partido inútil, en ciertos aspectos trasnochado y que no camina a la par que la sociedad española.