¿Israel, una república judía?

Magallanes

 Este es el título de un excelente artículo publicado en el INYT del 26 de diciembre de 2014 y escrito por Kai Bird. Su claridad expositiva me ha animado a traducirlo pensando que puede ayudar a comprender mejor lo que está en juego con el concepto de Estado Judío. Lo expongo a continuación.

“Israel tiene un problema de identidad. ¿Es un estado judío que ofrece preferencias legales y materiales a los ciudadanos de ascendencia judía?, o ¿es un estado laico, pero que tiene sus raíces en la cultura judía y el idioma hebreo? Durante más de 6 décadas los políticos israelíes han mantenido una cómoda ambigüedad sobre esta profunda cuestión existencial. Pero ya no más.

En las elecciones de marzo, los votantes israelíes se verán forzados a elegir entre  alternativas excluyentes sobre la identidad nacional de su país. En ausencia de una constitución formal escrita, el primer ministro  Netanyahu ha propuesto una ley que garantizaría “derechos nacionales” solo a ciudadanos judíos.

El resultado de estas elecciones no está nada claro. Inicialmente, las encuestas sugieren que Netanyahu podrá cimentar mejor su liderazgo y acelerar la derechización de Israel. Pero la reciente coalición entre Isaac Herzog, líder del partido laborista de centro izquierda, y Tzipi Livni, líder del partido Hatnua de centro derecha – que, al convocar Netanyahu nuevas elecciones, fue cesada de su cargo de ministra del gobierno –, permite suponer que dicha coalición puede constituir una alternativa electoral con posibilidades.

Herzog y Livni se oponen a una nación-estado judía. Son sionistas anticuados, ligados al concepto de que todos los ciudadanos de Israel, sean judíos o no judíos, deben tener los mismos derechos democráticos. Y, al contrario de Netanyahu, comprenden que el control continuo de los territorios ocupados por Israel después de 1967 amenaza su carácter democrático.

La Declaración de Independencia de Israel de 1948 garantiza “la completa igualdad de derechos políticos y sociales de todos sus habitantes independientemente de su religión, raza o sexo”. De manera que Israel puede ser un “estado judío” en sentido cultural, pero por lo menos no en mayor medida  que EE. UU. puede ser un “estado cristiano”. Nunca se intentó que Israel fuese una teocracia.

Israel alberga menos de la mitad de las personas que en el mundo reivindican su ascendencia judía. Un 20% de su población no es judía, sino musulmana, cristiana y drusa. Y esta minoría está creciendo.

Además, la mayoría de ciudadanos israelíes que reivindican su ascendencia judía, no son de hecho practicantes de su religión. Una gran mayoría del  millón y pico de inmigrantes de origen ruso no son reconocidos como judíos por los tribunales rabínicos ortodoxos.

Una ley de nación-estado judío discriminaría en contra de estos ciudadanos no judíos, pero además podría ser el pretexto jurídico para denegar la ciudadanía a los palestinos si la ultraderecha consigue su propósito de anexionar los territorios ocupados. Desde cualquier punto de vista es una mala idea.

La realidad es que Israel es una sociedad civil multiétnica, vibrante y en gran parte no confesional. Esto no constituye una tragedia. De hecho, es lo que la mayoría de los padres fundadores sionistas  idearon – un nuevo y moderno estado en la antigua Palestina donde aquellos judíos que así lo quisieran pudiesen convertirse en ciudadanos en iguales condiciones que los ciudadanos de cualquier otra nación. Los “israelíes” no serían considerados miembros de la diáspora judía sino ciudadanos de su propio estado.

Hillel Kook (1915-2001), un líder sionista del ala revisionista, concibió al nuevo estado israelí como una  “República Hebrea” – un lugar donde los judíos podrían olvidarse de la diáspora. En vez de ser judíos norteamericanos o judíos franceses, su identidad se definiría en primera instancia por su nueva identidad de ciudadanos del nuevo Israel – y no por su raza o religión. Serían israelíes antes que otra cosa y podrían practicar o no practicar su religión, al igual que la mayoría de franceses es católica pero no es practicante.

A lo largo de 6 décadas y pico los israelíes han creado una cultura nacional propia, apoyada por su idioma – siempre un ingrediente básico para cualquier identidad nacional. Y esta identidad cultural está separada de la religiosidad.

Esta definición de la identidad israelí – una basada en el idioma y cultura hebrea en vez de en la religión – es una noción muy útil para consolidar la perspectiva de paz.

La OLP y la mayoría de los líderes árabes  reconocen actualmente la realidad del estado israelí. Por tanto, ¿por qué  los líderes israelíes quieren ahora definir su identidad frente a sus vecinos en términos  religiosos?

¿Por qué Netanyahu quiere definir su nación-estado con precisamente las mismas frases que Hamás, un partido confesional y extremista dedicado a la formación de una república islámica? El mismo Netanyahu es un político laico. Su insistencia en un “estado judío” parece ser una receta para un conflicto interminable con sus vecinos musulmanes – y quizás hoy en día una táctica para posponer las negociaciones sobre la creación de un estado palestino.

El concepto de un estado judío es en último término un veneno político para la diáspora judía y específicamente para los judíos norteamericanos. Si Israel es visto como un estado judío,  entonces existe la implicación de que algunos o todos los 7 millones de judíos norteamericanos “tienen como patria” a Israel. No es así. Su patria es EE.UU. y no se van a ir a ningún otro sitio.

Por todas estas razones, hablar de un  “estado judío” destruye una útil e inteligente ambigüedad. En vez de ello, los israelíes deberían celebrar su identidad nacional israelí. Y deberían hablar también de su futuro y donde deben estar sus fronteras definitivas para poner fin al interminable conflicto entre palestinos e israelíes.”

Como complemento al artículo anterior, me gustaría comentar que en una reciente entrevista del periodista Roger Cohen a Tzipi Livni, ella declaró: “ Para aquellos que creen en la idea del Gran Israel, un día más que pase sin negociaciones es otro día victorioso en su consecución, mientras que para mí es otro día perdido para alcanzar la paz.”