Intervenir para Ayudar

 Alejandro Corvalán 

“La Liga tiene la obligación de velar por el bienestar y el desarrollo de aquellas colonias y territorios que, como consecuencia de la última guerra,  hayan cesado de estar bajo la soberanía de otros estados que antes los gobernaban y cuyos habitantes aun no son capaces de manejarse por sí mismos bajo las extenuantes condiciones del mundo moderno. El mejor método para llevar a cabo este principio es entregar el tutelaje de estas personas a las naciones avanzadas, las cuales en virtud de sus recursos, experiencia y situación geográfica, están en una situación privilegiada para cumplir tal responsabilidad.” Artículo 22, Pacto de la Liga de las Naciones 1920. 

La principal justificación histórica para las intervenciones de los países desarrollados en aquellos más pobres ha sido proveer ayuda a estos últimos. La versión moderna de este difundido relato fue impulsada desde el Imperio Británico al mismo tiempo que este iniciaba su ocaso. El argumento sugiere que los países más avanzados poseen “buenas instituciones” que tendrían efectos beneficiosos si se traspasan a los países que carecen de ellas. Hoy en día, la principal de esas instituciones es la democracia. 

¿Han sido, efectivamente, “democratizadoras” las intervenciones de los países avanzados? Su presencia, ¿ha afectado de manera positiva el desarrollo de los países intervenidos?

 Estas preguntas adquieren particular relevancia en la coyuntura actual, y hoy tenemos información suficiente para obtener algunas respuestas. La reciente desclasificación de los archivos confidenciales tanto de la CIA como de la KGB ha permitido evaluar las consecuencias de la participación, directa o encubierta, de EEUU y URSS durante el período de la postguerra. Algunas de estas intervenciones, como aquella en Corea en 1950, fueron resueltas y auspiciadas por la ONU. 

 Las intervenciones de EEUU y URSS durante la postguerra están asociadas, de manera no ambigua, a un menor grado de democracia. El efecto de rusos y americanos en este sentido fue prácticamente el mismo. Es decir, los efectos negativos sobre la democracia no dependieron si el país interventor era una democracia, como EEUU, o una dictadura como la URSS.

 Más ilustrativo resulta analizar los posibles efectos sobre las transiciones. ¿Existió una relación entre la aparición de la CIA o la KGB en un determinado país y la inauguración de un nuevo tipo de régimen político en el mismo país? En el caso de la Unión Soviética, dicho cambio fue prácticamente nulo. Los rusos se encargaron de intervenir, o invadir directamente, países que no eran democráticos. Las democracias de casi todos los países de Europa oriental ya habían colapsado con anterioridad al ataque soviético. Lo mismo muchos estados asiáticos y africanos donde se hizo sentir el predominio de la URSS. Existe un solo caso en que los soviéticos ayudaron a voltear una democracia: Somalia en 1969.  

 La presencia de la CIA, en cambio, coincide con la caída de la democracia en varios países. Al igual que la URSS, los americanos intervinieron desde el final de la segunda guerra. Pero posteriormente, el portafolio de intervenciones norteamericanas fue más abultado e incluyó muchas democracias. En al menos 7 casos, la aparición de la CIA en un país está asociada a golpes de estado de regímenes democráticos: Cuba (1952), Guatemala (1954), Ecuador (1963), Brasil (1964), Grecia (1967), Chile (1973) y Argentina (1976). Se observa que Latinoamérica fue el continente más castigado. No asombra el tono crítico con que la prensa de esos países ha reportado la nueva intervención de la OTAN en Libia.

De un total de 81 intervenciones perpetradas por EEUU (58) y URSS (23) durante la guerra fría, sólo en un caso el efecto de la intervención fue recuperar la democracia: Panamá en 1989. Por cierto, la CIA había intervenido Panamá durante 30 de los 43 años que duró la Guerra Fría.

 Respecto a las consecuencias económicas de las intervenciones, se verifican dos patrones. Primero, las intervenciones tuvieron un efecto insignificante sobre el posterior crecimiento de los países. Las variables asociadas al crecimiento, como inversión o escolaridad, no aumentaron por efecto de las intervenciones. La presencia de las potencias tampoco ayudó a modernizar estos países; las tasas de urbanización e industrialización no muestra cambios en los territorios que sufrieron dicha presencia.

 En segundo lugar, las intervenciones sí aumentaron el nivel de dependencia de los países intervenidos respecto a las potencias. Las intervenciones de la CIA fueron seguidas por el aumento de las importaciones desde EEUU al país intervenido, pero no un aumento de sus exportaciones hacia EEUU. El aumento de las importaciones desde EEUU se concentró en industria donde los americanos tenían desventajas – no ventajas – comparativas en la producción.

 Las intervenciones de EEUU y URSS fueron la mayoría de aquellas perpetradas durante la guerra fría. No obstante, los efectos de estas intervenciones parecen ser bastante generales. Un sencillo análisis de caso para la intervención de los británicos y franceses, sobre todo en África, no arroja resultados más alentadores.

 En síntesis, hoy tenemos fundada evidencia de que las intervenciones de la última mitad del siglo 20 destruyeron la democracia y no alentaron el crecimiento de los países menos desarrollados. Sin embargo, el discurso de “intervenir para ayudar” sigue tan vigente como hace cien años.