Integrar es muy fácil

Guridi 

Decía Mark Twain que “dejar de fumar es muy fácil, yo lo he hecho muchas veces”. Y es algo en lo que le doy la razón. Cada vez que me planteo dejar de fumar, aguanto un par de semanas y luego me fumo dos paquetes.

Para Pedro Sánchez integrar es muy fácil, sólo tiene que hacerlo en los momentos en los que no esté rompiendo el partido, porque haya acumulado rabietas contra la gente que le rodea, excepto contra aquellos más fanatizados o más bovinos.

Así, Sánchez creó en 2014 una ejecutiva de integración, se cansó de ella, regañó con la mayoría de ella, le montó una gestora a uno y procedió a crear otro nuevo grupo de amigos, el “Comité de Sabios”. Cuando se cansó del “Comité de Sabios” montó el “Gobierno en la Sombra” y cuando se cansó del “Gobierno en la Sombra”, procedió a montar un nuevo comité de sabios. Todo integrando fantásticamente bien.

Creer que ahora habrá recapacitado es una temeridad. Bienintencionada, pero temeridad. Es verdad que todavía no ha perneado al exterior, pero la arrogancia, las ganas de venganza y las malas formas de su equipo ya se dejan ver. Y eso que ahora se están aguantando, porque todavía no se ha celebrado el Congreso, pero alguno y alguna ya se pasea por los pasillos de Ferraz y del Congreso absolutamente ebrio de poder. Hasta que se le cruce un cable al líder y le destierren a las tinieblas entre gritos y bromas crueles, como ya ha pasado tantas veces antes.

Pero hay lo que hay. Ya vimos en su día lo exitoso electoralmente que era Sánchez (nada), cómo desempeñó su labor de Secretario General (acabó regañado con todo el mundo), cómo se llevaba con el resto de partidos (mal) y cómo se le daba acumular rencor y dejarse de hablar con la gente (extraordinariamente bien).

No hemos votado a un Pedro Sánchez más sabio, más bondadoso y más ecuánime. Hemos cedido el paso al poder a un Pedro Sánchez más rencoroso, con más ganas de venganza y más pagado de sí mismo. Desde mi punto de vista no ha quedado tan claro que la militancia quisiera a Pedro, como que manifestase su animadversión contra Susana Díaz. Esa animadversión que las mentes pensantes del partido no quisieron ver y que se ha llevado todo por delante.

Y es que Pedro es un mal tipo al que ha votado mucha buena gente. Y eso hay que hacérselo mirar. Y es que cuando has tratado a la gente como si fuera tonta demasiado tiempo, resulta que la gente termina haciendo alguna tontería. No porque sean menos listos, sino porque están hartos de que te pases de listo con ellos. Ahora toca apechugar con las consecuencias.

En cualquier caso, el proceso de demolición de controles democráticos del partido y de la herencia histórica de la que tan orgullosos nos podemos sentir los socialistas ya ha comenzado. De todo aquello sólo queda lo de cantar “La Internacional”, que ni siquiera es una idea de Pedro, por cierto.  

Con respecto a Susana, después de clamar que ella va a ser presidenta del Gobierno, ahora tiene que apagar varios fuegos en Andalucía. Se avecina crisis profunda de su gobierno, pero la verdad es que dudo de que corrija lo que de verdad tiene que corregir. Para ello tengo un indicador y es ver si será capaz, por ejemplo, de cesar a determinados cargos de segunda fila antes de que les ponga los grilletes la Guardia Civil. 

Pero que, oye, que puede que me equivoque. De hecho estoy deseando equivocarme. Puede que cuando leáis esto Corbyn haya ganado las elecciones y puede que Pedro las pueda ganar en un futuro. Yo creo que con Pedro bajaremos a los 70 diputados. Pero la verdad es que, teniendo la pésima opinión que tengo de él, le prefiero a Rajoy en el Gobierno. Y es que es lo que tiene sentir los colores. Aunque los colores no te sientan a ti.