Instrucción judicial a la española

Barañain

Leo hoy en La Vanguardia que “las víctimas” del accidente ferroviario de Santiago responden a la petición de perdón del maquinista animándole a “decir lo que sabe” para desenmascarar así “a los otros responsables”. Retomo ese asunto que ya abordé al poco de ocurrir la desgracia, ahora que se van cumpliendo las peores previsiones. http://www.debatecallejero.com/las-cosas-suelen-ser-como-parecen/

Hace ya tiempo que las víctimas dejaron de mostrarse en plural, con sus voces diversas, cada una con su tragedia a cuestas, para constituirse en un singular colectivo, con una voz única, a menudo airada –como cuando, intolerantes,  censuran la presencia de las autoridades en la conmemoración del aniversario-, que se encarga de animar a que la justicia siga enredando esa madeja sin fin en que se convierten las instrucciones judiciales en nuestro país. Todo a fin de que se haga justicia “de verdad”. Porque lo que no pueden admitir es que la responsabilidad no resida en un nivel tan alto como la magnitud de su pérdida. Al otro lado de la ventanilla, en el juzgado, no necesitan muchos estímulos para seguir con su ciclópea tarea, lo suyo es no parecer que se conforman con cualquier cosa e identificar a unos culpables –uno sólo sería una vulgaridad-, que sean de un rango tal que conviertan al juez de turno en un héroe mediático. Se juntan el hambre y las ganas de comer.

Hace  unos meses, a finales del pasado año, pasó sin pena ni gloria  la noticia de un accidente ferroviario en el estado de Nueva York (EEUU). El titular de prensa era expresivo: “El maquinista del tren de Nueva York se durmió”. El tren había descarrilado al entrar, a la altura del Bronx,  en una curva pronunciada a casi el triple de la velocidad permitida, dejando cuatro muertos y más de 60 heridos. El cronista informaba que “la culpa no fue de la curva, ni hubo una avería en el freno ni un problema en las vías, se durmió el maquinista”. Un allegado suyo explicaba que el maquinista, según propia confesión, tuvo un momento de debilidad y dio cabezadita, cuando faltaba poco para la curva, lo que describió como “una hipnosis de autopista”.  Lo mejor de la crónica, o lo que marcaba la diferencia con nuestra visión de esas cosas,  estaba al final. El gobernador del estado de Nueva York, Mario Cuomo declaró, con rotunda naturalidad que ese hombre “no va a volver a operar un tren”. Por supuesto, también allí se habrá abierto una negociación para las indemnizaciones a las víctimas pero no parece que nadie tuviera ningún especial interés en buscar al gato más pies de los debidos, ni en lanzarse a una cruzada a la búsqueda de cuantos más responsables, y más poderosos, mejor. El maquinista se durmió y no volverá a coger un tren. Punto.

Mientras, a este otro lado del atlántico, en un juzgado gallego seguirán incorporándose miles de folios a una instrucción “a la española” para ver si además de encausar a las vías del tren, a las máquinas, a los técnicos de mantenimiento, a los responsables de RENFE o de ADIF,  se puede también involucrar al gobierno, al Congreso, a la Comisión Europea, a quien haga falta…para que la “Justicia” resplandezca,… todo con tal de no admitir lo evidente. La última vez que me asomé a la ver como iba la instrucción, y han pasado ya meses, la lectura no podía ser más desalentadora:

 “La instrucción judicial del accidente del tren Alvia en Santiago el pasado 24 de julio vuelve al punto en que se encontraba a los cuatro días del siniestro, cuando el juez Luis Aláez imputó al maquinista, Francisco José Garzón, por el homicidio imprudente de 79 viajeros. Desde entonces, Aláez quiso indagar más posibles causas además de la conducción desatenta de Garzón, reconocida por él mismo, e imputó a otras 27 personas, entre técnicos y directivos de Adif, la empresa pública gestora de la red ferroviaria. Pero la Audiencia Provincial de A Coruña acaba de levantar esos cargos por considerar que son “prematuros” ya que “hasta el momento” el juez no ha recabado las pruebas necesarias (…)  La Audiencia anima al juez a realizar una “investigación exhaustiva” ante “la magnitud de la tragedia”. Y, sin cerrar otras posibilidades, la Audiencia apuntaba la necesidad de indagar, como ya venía haciendo, en la decisión de no instalar el sistema de control constante de la velocidad, el ERTMS habitual en los AVE, en Angrois,.. bla, bla, bla. Una investigación exhaustiva. Para poner los pelos de punta.

 Así que los medios no perdían la esperanza de que el juzgado de instrucción les brinde nuevos momentos gloria mediática: “El levantamiento de las imputaciones es un varapalo para la instrucción que venía realizando hasta ahora el juez Luis Aláez, pero no la invalida por completo. En los 100 días transcurridos desde el accidente, el sumario del caso acumula 8.000 folios, pero aún faltan por aportarse a la causa numerosas pruebas periciales que podrían reactivar las imputaciones ahora anuladas, que no sobreseídas…”. Tranquilos, eso era a los cien días del accidente; se llegará a los 10.000 folios. Como Dios –y la tradición judicial española-, mandan. Y es que a menudo invocar la “complejidad” de los problemas suele ser una excusa para dilatar, diferir o enredar…. y no resolver: en suma, una forma de incompetencia (que tiene, sin embargo, mucha coartada  “justiciera”).

 Pasarán unos años (como con el caso del “Prestige”) y una sentencia final desenredará todo lo que ahora se está liando estúpidamente y entonces viviremos unos días –breves- de nuevo ruido mediático, pero en esa ocasión  será a cuentas de la frustración de los que habrán estado años esperando una determinada indemnización (tanto más golosa cuanto mayor fuera el nivel de las responsabilidades que se establezcan) y de los que habrían deseado cobrarse un precio político, confiados unos y otros en que no se llegase a la conclusión que se habrá estado tratando de evitar: que todo ocurrió porque un maquinista se despistó.

 No es un caso aislado. Ahí tienen a la juez Alaya, con su aspecto de niña bien con máscara japonesa, hierática, empeñada en satisfacer a su numeroso club de fans –jauría de supuestos justicieros  caracterizados por su profundo odio a la política (y a la autonomía)-, a base a engordar hasta el delirio una causa que ya casi nadie sabría decir,  a bote pronto, cuantos miles de folios y sospechosos acumula. Ahora pretende que le fotocopien todo un montón de documentación administrativa generada a lo largo de años por la Junta de Andalucía. Y es que eso de abrir “causas generales” suena entre nosotros como muy regenerador y catártico. Y si de paso, se mantiene vivo el asunto hasta las próximas elecciones, mejor, alguien agradecerá el empeño a su desvergonzada señoría.  Todo es un  desvarío absoluto cuya relación con la justicia es pura coincidencia.