Inseguridades y certezas

Jelloun

Este lunes, leía yo las respuestas de Miguel Sebastián a los internautas mientras, como trasfondo o banda sonora, el noticiario de Cuatro daba cuenta de lo ocurrido durante el fin de semana. Iñaki Gabilondo presentaba una inteligente secuencia de hechos e imágenes impactantes de los últimos días: la brutal reyerta de Alcorcón con acentos racistas, el asalto en Villaconejos del pueblo –en plan “todos a una�-, contra la vivienda de un matoncete local, “okupas� ensañándose con el mobiliario urbano, vecinos patrullando las calles de una urbanización hartos de robos en sus viviendas, la espectacular imagen de los guardias civiles uniformados concentrados contra el Gobierno en la Plaza Mayor de Madrid, etc. La cuestión que el periodista planteaba a la luz de este panorama es si no estamos ante una enorme crisis del principio de autoridad. ¿Crisis de autoridad? ¿Inseguridad?

Sobre lo de Alcorcón –con el fantasma de las revueltas parisinas de hace unos meses inspirando a los comentaristas mas calenturientos-, enseguida empezó a hablarse de “bandas de latinoamericanos�, pese al radical desmentido de las autoridades y expertos policiales. Cámaras de televisión invaden el pueblo arrancando de los ciudadanos declaraciones perplejas y algún que otro exabrupto xenófobo mientras se hacen eco, con naturalidad, de nuevos llamamientos a secundar la cacería de latinos.

A propósito de esos sucesos, cuya gravedad no hay que ignorar pero tampoco exagerar, un exultante Acebes – ¿quién si no?-, rápidamente apuntaba las responsabilidades del gobierno de Zapatero y su Ministro de Interior. Con un impreciso y demagógico mensaje que prefigura lo que puede ser el estilo con el que la derecha aborde la problemática de la inseguridad ciudadana, ligándola a la presencia de inmigrantes y la supuesta incompetencia del gobierno.
Como se ha señalado ya en este mismo blog, ese puede ser el gran filón, junto al monotema vasco, con el que la oposición quiera dar la batalla al gobierno en este último tramo de la legislatura. En línea con las preocupaciones y enfoques de la derecha extrema en toda Europa.
Mientras escuchaba a Gabilondo, seguía la comparecencia digital de Miguel Sebastián. Entre sus más de cincuenta repuestas a otros tantos internautas y más allá de la característica irregularidad de este tipo de charlas hay una respuesta del candidato que me impacta por su aparente simplicidad (¿o debo decir brutalidad?).
Alguien le preguntaba por su receta para mejorar la seguridad en Madrid ya que, añadía el anónimo interpelante, “desde que el Sr. Zapatero está en el poder han entrado en España todo tipo de personas, los inmigrantes que vienen a trabajar y también muchas bandas peligrosas (rumanos, albano-kosovares) que atacan a los ciudadanos tanto en la calle como invadiendo sus domicilios, con impunidad, etc…�. El candidato responde que, si bien apuesta por políticas integradoras, “la llegada de gente de fuera no puede suponer una merma de los derechos y oportunidades de los españoles y a los extranjeros irregulares que cometan delitos creo que hay que DEPORTARLES (así, con mayúsculas).�
Eso era el lunes. Ayer, martes, en un acto público volvía a incidir en ello aunque en esta ocasión –según la referencia que ha dado la Cadena SER-, sin aludir específicamente a los inmigrantes “irregulares�. Parece que se trata de un mensaje consciente del candidato y no de una improvisación.
Viéndolo por el lado positivo, debemos felicitarnos –quienes deseamos éxito a Sebastián-, porque el candidato de la izquierda aborde esta cuestión de manera tan directa sin temor a asumir el punto de vista del ciudadano acogotado por la sensación de inseguridad. Algo infrecuente. Lo negativo es que a fuerza de querer transmitir firmeza pueda acabar contagiándose del lenguaje autoritario de la derecha, siempre dispuesta a garantizar “ley y orden� al precio que sea. O que sea así percibido por los ciudadanos, aunque no fuera esa –que sin duda, no lo es-, su intención. Lo que sería un error, también desde el punto de vista electoral, porque ese es un terreno en el que siempre llevará las de perder ya que, puestos a elegir, los ciudadanos preferirán la versión original, no la “copia�.
Hace bien la izquierda es replantearse el binomio seguridad-libertad, dejando de lado viejos clichés que desdeñaban las preocupaciones por la seguridad y el orden público como si se tratara de prejuicios conservadores. Afortunadamente, en los últimos años se ha ido consolidando la certeza de que sin seguridad no es posible el ejercicio de la libertad. El PSOE fue claro, en ese sentido, durante la campaña electoral e hizo de la cuestión uno de los ejes principales de su programa de gobierno.
Pero, a la vez, un gobierno progresista tiene que dar un significado a la “seguridad� que implica mucho más que asegurar el orden público. Hay otras certezas a las que la izquierda no puede renunciar. Sobre todo, la izquierda no debería dejarse arrastrar a un debate sesgado en los términos en los que lo plantea la derecha conservadora.
La agenda del gobierno progresista en esa materia tiene que partir de sus propias certezas. La inmigración no plantea hoy un problema global de inseguridad ciudadana y menos aún de merma de derechos y oportunidades para los españoles. Aún. Sabemos que los problemas pueden darse, así está ocurriendo en otros países, con la segunda generación de inmigrantes cuando la integración no ha sido efectiva. Se trata de tomar medidas en el presente que eviten desastres en un futuro cercano.
Pero se trata también de tomar medidas en el presente que solucionen problemas que ya se están dando, por insuficiencia o distorsión en los servicios públicos, problemas que sufren todos los ciudadanos ya mismo, en especial los sectores de renta más baja y que son fuente de deslegitimación de la política gubernamental respecto a la inmigración.
Lo que estamos viviendo –lo decíamos hace unos días en este blog-, es un progresivo desajuste entre el aumento de necesidades derivado del crecimiento del número de inmigrantes, muy rápido en nuestro país, y el mas limitado de los recursos sociales que hacen posible, entre otras cosas, esa necesaria integración.
La España del superávit sigue teniendo un gasto social muy bajo comparado con la Europa cuya renta per-cápita aspiramos a igualar. Y tenemos unas necesidades crecientes entre otras razones por esa inmigración. Solventar esas necesidades, atajando los problemas de convivencia que ese desajuste podría provocar, esa debería ser la agenda de la izquierda.

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