Inicio de campaña

Guridi 

Pese a que tengo el siglo pesimista, como bien han indicado algunos de nuestros ilustres comentaristas, el arranque de una campaña electoral me conmueve siempre de una manera especial.

La pegada de carteles, el acopio de fe ciega de la militancia de los partidos, las caravanas, el ritmo frenético de los candidatos y candidatas, la sucesión de noticias en los medios, las pegatinas, los carteles, los caramelos, los mítines…

Entiendo que haya gente a la que las campañas les saturen, pero para mí son un recordatorio de lo afortunados que somos, porque no hace tantos años que todo eso estaba prohibido. Hoy, que muchos confunden democracia constitucional con “régimen” y emigrar con “exiliarse”, no está de más recordar lo que de verdad se jugaban los que se enfrentaban al régimen de Franco; que lo pagaban con torturas, cárcel y la vida. Ni tampoco está de más recordar lo que les pasaba a los verdaderos exiliados, que suspiraban en el extranjero por un país que había sido exterminado y que no podían volver, so pena de perder la vida nada más cruzar la frontera.

Las campañas electorales me recuerdan que no vivo en un país perfecto, pero que tengo la oportunidad de dar un empujoncito en la dirección correcta cada cuatro años. Y que aquellos que han ejercido el poder en las instituciones, están obligados a responder ante sus conciudadanos.

Me encanta que pueda votar cualquiera. No entiendo el desdén con el que se dicen cosas como que “la gente que ve Telecinco también vota”. Es algo por lo que nos deberíamos felicitar. La política, el voto es algo más complejo que unos meros conocimientos técnicos, que los estudios o que el grado de pedantería que uno acarree, como el jorobado que acarrea su giba. El voto es decir muchas cosas con una sola papeleta. Es expresar una visión ética de cómo deben de ser las cosas o una afinidad con un personaje que se expone a los peligros de la vida política.

Me encantan los debates. Me encanta observar los pequeños gestos de los candidatos y candidatas cuando están con los ciudadanos, si son más o menos naturales, cómo observan a sus votantes y cómo se relacionan con ellos. A veces, es con el gesto tímido, casi miedoso, de las persona que se ve sobreexpuesta, otras veces es con la sonrisa y la arrolladora seguridad de un vendedor de crecepelos. A veces, como en el caso de Gallardón, no se relacionan con los ciudadanos, sino que lo hacen sólo con los periodistas; pretendiendo hacer pasar una cosa por la otra.

Me encanta el duro desgaste al que se ven sometidos los programas y los líderes al enfrentarse el túnel de viento de la campaña. Algunos aguantan por méritos propios. Otros, se empiezan a arrugar, como un avión de papel. Otros se encargan de sobornar al técnico para que falsifique el resultado de las pruebas.

 Me encanta la sobredosis de información. Las charlas en las cafeterías, entre gente que sabe y gente que no tiene ni idea. Me encantan las filas antes las mesas de votación, las nubes de despistados ante las hojas del censo colgadas en los colegios. Me encantan los jóvenes que votan por primera vez, mirando con tímido recelo a los miembros de la mesa electoral. Me encantan los mayores, que se sienten tan afortunados como yo cuando llegan estos días.

 Adoro los gráficos electorales, las encuestas, las proyecciones de escaños. Cuando fallan estrepitosamente y cuando aciertan por encima de las previsiones de los sociólogos. 

Se me acelera el corazón con el recuento, viendo subir y bajar los escaños asignados, los mapas coloreados, los tertulianos que fingen saber qué es lo que va a pasar y que saben por qué ocurren las cosas. Me encantan las victorias electorales, con su alegría desenfrenada, sus banderas, sus pitos, su gente abrazándose. Admiro el gesto de los veteranos cuando llega la derrota, entornando los ojos, apretando la mandíbula y diciendo que las siguientes elecciones se empiezan a ganar a partir de mañana. 

Este año va a ser muy divertido. Pese a todo. Pese a la cantidad de cosas que no me gustan. Pero habrá un domingo en el que todos seremos igual de poderosos y para ello sólo necesitamos meter un papel en una urna. Ojalá disfrutéis de esta campaña como yo.