Indignación medida y comparada

José D. Roselló

Las ciencias sociales tienen el loable propósito o vicio irredento de tratar de definir y medir (por ciencia) aquello que observamos en el entorno humano que nos rodea (por social).  Cómo renunciar pues, en línea con la más rancia a dejar indemnes de medición, a los “indignados” y el incipiente movimiento social que conforman. Movimientos de este tipo se han desarrollado y están gestándose a lo largo y ancho de la geografía continental, nacidos de la irritación contra las políticas llevadas a cabo por los poderes públicos y también contra una situación originada en no pocas causas objetivas.

 Si, en las líneas siguientes se va a medir la “Indignación” no de una, sino de dos maneras, y no para un país sino para 18, ya puestos.

 Para ello se han cogido datos referidos a peso en el total de población, actividad y paro, del porcentaje de contratos temporales y porcentaje de población con estudios universitarios terminados de los menores de 30 años, que es el colectivo núcleo de los indignados. Todos los datos están tomados de Eurostat.

 A continuación se han elaborado 4 ejes, Población, Laboral, Temporalidad y Educación Recibida. Se supone que las medidas más altas en cualquiera de las variables implicadas influyen positivamente en la “Indignación” de un país. A mayor paro, o mayor peso en la población de los jóvenes, o mayores sus estudios universitarios, más probabilidad de enfadarse.

 Luego, a cada uno de estos cuatro ejes se le otorga un porcentaje en la suma final; en este caso el eje laboral aporta el 40% de la nota.

 Por último, con todos los países juntos, al máximo se le otorga la puntuación 100 y el resto se expresa como porcentaje de este.

 En una primera manera de medir se cogen los valores de las variables en términos absolutos. Por ejemplo si el país X tiene una tasa de paro juvenil del 30%, es este treinta el que va al indicador.

 Así un joven indignado se entiende que lo está más cuánto más alto sea su  peso en la población, paro, temporalidad y estudios universitarios. Llamémosle, “Indignación absoluta”.

 Sin embargo, puede aducirse que un joven se indigna no ya porque le vaya mal a él, sino porque sienta que su situación es mucho peor tratada que la de otro conciudadano. Es decir, que se indigna más si él experimenta una tasa de paro o temporalidad muy superior a la media del país. Llamémosle en este caso “Indignación relativa”.

La clasificación absoluta la encabeza, no sin sorpresa, España, seguida de Polonia, y… Suecia y Francia. Vaya.

 En el caso de España es fácil figurarse que las altas tasas de paro y temporalidad, sumadas con el buen número de universitarios, hacen que, definida según se define aquí, saquemos buena nota en indignación. Los seguidores muestran una configuración similar, únicamente están menos indignados porque sus cifras de paro son menores. Los menos indignados según este indicador son Turquía y la República Checa. La República Checa presenta unas tasas menores en todos los indicadores. Los jóvenes checos, siendo una parte similar de la población, soportan menos paro, menos temporalidad y, también obtienen menor puntuación por tener menos licenciados universitarios en sus filas. La buena posición del Reino Unido que se representa por considerarlo un caso de “no indignado” interesante, se basa únicamente en la baja tasa de temporalidad entre sus jóvenes, si no, permítase la licencia, estarían tan cabreados como suecos, franceses y españoles.

 

Cuando se observa la Indignación Relativa, el panorama experimenta algunos cambios interesantes.

 Francia y Suecia siguen a la cabeza, pero aparecen por ahí Italia e Irlanda, y, sorprendentemente abajo, España y Portugal. Llama la atención la posición de Alemania, más arriba de lo que uno esperaría, quizás, en un ranking así. En este caso los triunfadores deben su posición a lo “mal” que están sus jóvenes respecto a la media de la población.

 Este indicador relativo es más rico en casuísticas diferentes. La condena de Francia, por ejemplo, la constituye su alto porcentaje de población universitaria; sin embargo, la pena de los jóvenes suecos e italianos es que soportan tasas de paro del 20% que más que duplica a las más elevadas que sus medias nacionales del 8% aproximadamente, sucediendo una relación similar al medir la temporalidad.

 El uso de medidas relativas al total de la población hace que aparezcan algo menos indignados los jóvenes españoles o portugueses. Soportan tasas de paro más elevadas en términos absolutos que muchos otros países, y de temporalidad igual, pero están menos distanciadas de las medias nacionales. ¿Mal de muchos consuelo de tontos en Iberia o brecha intergeneracional en el mercado de trabajo en los otros países europeos?

 Por último la nota teórica. Son muchos los indicadores económicos que se elaboran siguiendo metodologías similares a la expuesta. Se denominan índices sintéticos y son herramientas de un interesante poder descriptivo al ser capaces de aprehender y resumir variables de distintos orígenes para describir conceptos complejos. Ejemplos son los Índices de Clima Económico, claves para evaluar cambios de ciclo en el crecimiento y… ay de nosotros… el Rating de un determinado título de deuda pública o privada (aunque este tema, qué duda cabe, da para mucho más).

 Para curiosos e interesados, no hay problema en poner a disposición los datos y cálculos elaborados, si es que hay alguien de tan preocupantes tendencias masoquistas en la audiencia.