Igualdad

José S. Martínez

¿Ha pensado al leer el título de este comentario en la igualdad entre hombres y mujeres? ¿O en la igualdad entre catalanes y madrileños? ¿O la igualdad entre un asalariado temporal sin cualificación y un alto ejecutivo? Estoy seguro de que casi nadie habrá pensado en la última posibilidad, la mayoría de los que se consideren de (la nueva) izquierda en la primera y en la segunda quienes se sientan más de derechas o/y sean más nacionalistas españoles.

Creo que así están a día de hoy las connotaciones ideológicas de la igualdad. Un valor claro de la izquierda frente a la derecha es el de la igualdad, pues sin igualdad no hay condiciones para ejercer la libertad. Pero no está tan claro lo que se entiende por igualdad, frente a lo que es simple diferencia entre personas, y mucho menos cómo se consigue: ¿aboliendo la propiedad privada de los medios de producción?, ¿con la redistribución por parte del Estado de los recursos generados por particulares?, ¿con discriminación positiva?, ¿con un Estado que se limite a garantizar libertades civiles y políticas y propiedad privada? Dependiendo de cómo responda a estas preguntas probablemente se sitúe de diferente forma en el espacio ideológico (comunista, socialdemócrata, izquierda cultural o liberal).

Mi motivación para escribir estas líneas se debe a que el concepto de igualdad se está reduciendo a igualdad de género. La creación del reciente Ministerio de Igualdad, con un organigrama muy centrado en las políticas de igualdad de género, mientras el resto de las políticas sociales están en otro ministerio, es una prueba de esta reducción ideológica. Desde el punto de vista de la igualdad de género, esta reducción opera simplificando las mujeres a la mujer. Es decir, las vivencias de la desigualdad de género varían mucho dependiendo de qué tipo de mujer estamos hablando, pues no la vive de la misma forma la mujer ingeniera que la ama de casa sin estudios. No existe la mujer, sino las mujeres. Y desde el punto de vista ideológico de la izquierda, se están obviando otras desigualdades, y, por tanto, reduciendo el espacio de confrontación con la derecha. A estas alturas, en España parece una vulgaridad hablar de desigualdad de clases (aunque medios tan poco marxistas como The Economist de vez en cuando lo hacen), pero lo cierto es que la condición socioeconómica de las personas sigue pesando en distintos ámbitos de la vida, como el acceso a la educación, la salud, la participación política, etc.

El excesivo énfasis puesto en algunas cuestiones de la igualdad de género hasta el momento, como las cuotas o el acceso a profesiones prestigiosas en las que hay pocas mujeres, puede que sea parte de la influencia de las mujeres de clases medias y altas, por luchar contra las discriminaciones que más les afectan. Ellas cuentan con más recursos de movilización en esta lucha que las mujeres y hombres de clases bajas. Por ejemplo, vean lo sucedido en educación. Se oye hablar de la falta de mujeres catedráticas, pero no tanto de la desigualdad de oportunidades para cursar estudios secundarios, tanto de las mujeres como de los hombres de clases populares, como puede apreciarse en los gráficos adjuntos. Además, en este ámbito, las mujeres han superado a los hombres, con sus propias luchas individuales contra sus familias y contra los prejuicios del profesorado. Es importante resaltar este aspecto de luchas individuales de las mujeres, pues mientras se producía este sorpaso quienes investigaban sobre la escuela, a mediados de los 80, resaltaban el sexismo que en ella imperaba, tanto en el profesorado como en los materiales escolares. El ejemplo del incremento del nivel educativo de las mujeres señala la importancia de las dinámicas sociales para superar prejuicios. Por un lado, un discurso reivindicativo. Por otro, un cambio en los incentivos que llevaron a que a las mujeres y a sus familias le saliese más a cuenta seguir estudiando que dedicarse al trabajo doméstico y al mercado matrimonial. Es probable que la energía más fuerte en este proceso de igualación fuesen las variaciones en la producción doméstica: agua corriente y electrodomésticos fueron las condiciones objetivas para liberar a las hijas de las obligaciones del trabajo doméstico.

También cabe resaltar de estos gráficos cómo la desigualdad de oportunidades educativas entre las mujeres se ha reducido, pues las diferencias entre las hijas de agricultores y jornaleros son más pequeñas que las que había, y mucho más pequeñas que entre los varones. Curiosamente, se llega a donde se estaba a principios del siglo XX… en aquella época las desigualdades educativas entre las mujeres también eran pequeñas, pero por lo contrario, porque logro educativo de todas las mujeres, independientemente de su origen, era bajo. Lo que podemos aprender de esta lección es que se puede producir una revolución silenciosa, como la sucedida en educación, si se facilitan las condiciones objetivas y subjetivas para ello. En la nueva agenda por igualar los derechos entre hombres y mujeres, una buena medida puede ser que las leyes, como las de paternidad, sean insensibles al sexo, como por ejemplo que los permisos por nacimiento sean iguales y obligatorios para ambos progenitores.

No hicieron falta cuotas para el sorpaso educativo. Lo cual es más remarcable si se tiene en cuenta que en los regímenes de socialismo real sí se establecieron cuotas por clase social en el acceso a la educación, pero sin embargo no disminuyeron las desigualdades entre las clases. Es decir con cuotas, no se acabó con la desigualdad de oportunidades educativas por clase social (tampoco con las raciales en EEUU). Y sin cuotas, sí se acabó con la desigualdad de género en la misma cuestión… La otra lección que nos enseña esta historia del logro educativo es que vencer a la desigualdad de género es vencer sólo una de las desigualdades a las que se enfrentan las mujeres, y los hombres, de clases populares.

 Pulse aquí para ver el gráfico de varones

Pulse aquí para ver el gráfico de mujeres

Fuente: Segundos trimestres de las Encuestas de Población Activa del INE

Fuente: Segundos trimestres de las Encuestas de Población Activa del INE

Fuente: Segundos trimestres de las Encuestas de Población Activa del INE

Fuente: Segundos trimestres de las Encuestas de Población Activa del INE