Humildad, Unidad y Pluralidad

Alfonso Salmerón

Tres de cuatro. De los cuatro grandes partidos que concurrieron a las elecciones generales, en el caso de Podemos, en coalición con IU, tres han celebrado ya sus congresos. Primero fue el de Ciudadanos, que, aupado por el liderazgo incontestable de Rivera, certificó su giro liberal, al suprimir de su ideario fundacional toda lejana referencia socialdemócrata. Semanas más tarde, el pasado fin de semana, Partido Popular y Podemos compartieron agenda mediática y proximidad geográfica. Los populares liquidaron de un plumazo todo vestigio de su huella aznariana y reforzaron al flamantemente reelegido presidente del Gobierno. Por su parte, Podemos ha librado una batalla sin cuartel entre sus dos almas fundadoras. El resultado, todos lo saben, como mandan los cánones de más auténtica tradición izquierdista, quien intenta arrebatar el poder al secretario general lo acaba pagando. Ningún aspirante logró nunca ganarle un congreso al jefe, ni siquiera cuando aquél controlaba buena parte del aparato como ha sido el caso.

A la espera del congreso del PSOE, los demás partidos han resuelto sus congresos cada cual a su manera, dentro más o menos de lo que era esperable. Todo está preparado, a la espera de los socialistas, para el inicio de la legislatura propiamente dicha. Conviene recordar que hay Gobierno, pero no presupuestos. La necesidad de tener presupuesto fue uno de los argumentos, por cierto, que dio la gestora del PSOE para justificar la abstención que le permitía a Rajoy formar gobierno. Sin embargo, cuatro meses después, todo apunta a que no habrá presupuesto hasta que no se resuelva el último de los congresos. Cosas de la política española.

El factor Pedro Sánchez. Todas las miradas se centran ahora en Pedro Sánchez. La candidatura del que fuera descabalgado de la Secretaría General por los barones de su partido, augura un congreso movido. Sánchez se presenta como el candidato de las bases, con el programa del gobierno alternativo que no pudo ser, bajo el brazo. El acuerdo con Podemos que nunca intentó, cabe recordarlo, pero que supuestamente forzó su salida, será previsiblemente el mayor de sus argumentos para volver al mando del partido. Las bases contra el aparato. Un guion que apunta entretenido, con tintes de contienda épica, por más que el perfil y la trayectoria del propio candidato levante serias y justificadas sospechas.

El factor Pedro Sánchez ha planeado también, de alguna manera, en la segunda Asamblea ciudadana de Podemos. La relectura de los días previos a la su fracasada investidura frente a Rajoy era también, no la única, ni siquiera la más importante, una de las claves del enfrentamiento entre Pablo Iglesias e Iñigo Errejón. Resulta curioso comprobar como una propuesta de acuerdo, que en realidad nunca existió como posibilidad real, haya podido tener y sin duda, tendrá, tanta resonancia en las dinámicas de ambos partidos.

En Vistalegre II se impusieron las tesis y el equipo de Pablo Iglesias por amplísima mayoría pese al despliegue y el apoyo que ciertos grupos de comunicación han brindado a Errejón. Iglesias se impuso de una manera amplia y clara. Conviene no olvidar en ese sentido, para aquellos que todavía hoy tachan a la formación violeta de poco democrática, que, en la elección de los documentos, el consejo ciudadano y el secretario general, participaron de manera directa, nada más y nada menos que 153000 personas.

Con Errejón, el acuerdo con el PSOE era posible, se voceaba desde las tribunas próximas a Ferraz. Con Iglesias, habrá Rajoy para rato, llegó a decir el aspirante, que ha llevado su oposición al secretario general muy lejos, demasiado según algunas personas del núcleo dirigente, tanto que su rehabilitación en la nueva dirección es uno de los problemas más complejos que tiene que resolver el reelegido secretario general.

En los próximos días, se ha de resolver el problema abierto. Errejón ya no es de facto, el número dos del partido (de hecho, en número de votos lo ha superado Echenique), sino el portavoz de la minoría mayoritaria. Sin embargo, su peso específico, su talento, y su capacidad de atracción es un activo demasiado importante como para no tenerlo en cuenta. Haría bien Pablo Iglesias de tener este dato muy en cuenta. Ha ganado la política de manera clara y holgada; el acuerdo con Izquierda Unida y la apuesta por un frente político y social amplio. Su liderazgo ha salido ampliamente reforzado en una situación extremadamente delicada.

El resultado le permite encarar de una manera determinante la legislatura que acaba de empezar. Una legislatura incierta, en la que Unidos Podemos se juega su futuro y su proyección a medio y a largo plazo. Está en juego convertirse, de facto, en la principal fuerza de oposición al gobierno a la vez que erigirse en la única alternativa realmente existente. Sin embargo, ahora Pablo Iglesias y su equipo, han de acertar en la gestión de su victoria. Los militantes coreaban Unidad. Unidad y humildad, agregó él. Unidad y pluralidad, matizó el aspirante, todavía imbuido por su papel de candidato. Unidad, pluralidad y humildad para gestionar de manera adecuada una victoria tan importante. Una vez ganada la política, ahora debe vencer a la tentación del revanchismo. Su asalto a los cielos debe poder conciliarse con una gestión parlamentaria rigurosa y eficaz para que pueda cristalizar en una verdadera alternativa política. Los gobiernos del cambio les enseñan la senda a seguir. Ambición política toda, pragmatismo para gestionar adecuadamente aquellas cosas que hacen la vida de la gente un poco mejor, también.