Humano

 Guridi

Hay quienes quieren ser políticos profesionales y hay gente que decide hacer de la política su profesión. Esta diferencia no es nada baladí, puesto que los primeros sólo se terminan especializando en ascender en el escalafón, mientras que los segundos descubren los cauces mediante los que se puede ir modificando la realidad, para lograr una sociedad más acorde con sus valores. 

Pedro Zerolo es de esta segunda clase de personas. Como abogado, ha dedicado toda su vida al activismo para evitar la discriminación de las personas LGTB y, cuando Zapatero le ofreció entrar en política, no dudó en ampliar el número de sus defendidos. Aún hoy, pese a su enfermedad, se le ve día y noche con emigrantes, asociaciones de mujeres, personas que luchan contra el racismo, defendiendo la sanidad y la educación pública. 

Cuando Pedro podría haberse negado a situarse bajo unas siglas y vivir de ser un inconformista profesional, como tantos que vemos por la tele, asumió la responsabilidad y las desventajas de tener el carnet de un partido y, como tantos otros fichajes de Zapatero, se ha comportado desde entonces con una lealtad personal a prueba de bombas, encerronas y menosprecios. 

Zerolo es uno de los rostros del PSOE más reconocible en los medios y en la calle. Pero, del mismo modo que le he visto en innumerables ocasiones por la televisión, también le he visto consolando a la familia de compañeros fallecidos, sentado en un banco durante horas con ancianos que le han hablado con total libertad; viajando en el metro con su marido o tratando de resolver los problemas de cualquiera que se acercase a pedirle ayuda -y he de añadir que es extraordinariamente fácil acercarse a Pedro Zerolo-.

Pedro aún continúa interesándose por todo. Conoce perfectamente el mundo de los movimientos sociales en España y fuera de ella. Es un auténtico experto en hacer política para la gente y un completo desastre en lo que a conspiraciones orgánicas, corrillos y conspiraciones se refiere. Por eso no ha ideado ninguna y sólo ha participado en ellas a petición de otros. Pedro no menosprecia a nadie, por eso mismo es tan menospreciado por aquellos que sólo saben menospreciar, acechando en la esquina de algún pasillo.

Cuando Pedro no sabe de algo, lo reconoce y pregunta. Cuando ha hecho una torpeza, lo ha asumido y ha seguido adelante, cuando te has expresado sinceramente ante él, te devuelve esa misma sinceridad, mezclada con esa enorme humanidad con la que impregna todo y a todos los que le rodean.

 Decir que la influencia de Pedro sólo se ha limitado a conseguir que se reconozcan los derechos de las personas LGTB es quedarse muy corto. Ha aprovechado su faceta pública para hacer suyos los problemas de todas aquellas personas que sufren situaciones de injusticia. Y ha respondido con el silencio a brutales menosprecios y mofas, inherentes a esa misma imagen pública; algo que cuesta grandes sufrimientos personas con sensibilidad. Aún así, puedes criticarle o señalarle algún error, sin temer las escenas que te montan aquellos que le acusan de divismo.

 Pedro es humano. Ha metido la pata de tanto en tanto y tiene sus defectos, aunque se me quede la mente en blanco al tratar de pensar en alguno.

 A Pedro se le ha querido relegar, aunque su persona es de las que desbordan los escalafones y las tarjetas de visita. Ahora que su enfermedad hace que muchos personajes grises le hayan tachado de su lista de competidores, Zerolo -Pedro- sigue siendo un ser humano mejor que todos ellos juntos. Pedro no es bueno ahora, que está atravesando momentos muy duros; Pedro ha sido buena persona siempre y ha conseguido que otras personas, al menos, deseen ser mejor de lo que son.

 Pedro es de esos pocos políticos privilegiados a los que la gente todavía para por la calle para darles las gracias. Quienes han tratado de imitarle han terminado haciendo el mamarracho, porque no se trata de imitarle; sino de pensar en qué es lo que le ha convertido en un político así. Hay una palabra para ello: humanidad. Así que, tal vez, cuando llegue el momento de elegir a personas para puestos de responsabilidad, no nos deberíamos preguntar por su fotogenia, experiencia o preparación, sino si es una persona a la que el adjetivo “humano” se convierte en virtud, en lugar de justificar algún defecto. 

Y si veis a Pedro por la calle, dadle las gracias.

3 pensamientos en “Humano

  1. Pues a mi me gustan mucho los post así. De vez en cuando no está de más recordar que hay políticos buenos.

  2. No conocía mucho de la personalidad de P. Zerolo excepto su defensa abierta de la homosexualidad. Este extraordinario artículo de Guridi me ha mostrado otras facetas. Es un relato muy sentido que revela su admiración por el mismo. Sobre todo me ha gustado lo de “Zerolo es uno de los rostros del PSOE más reconocible en los medios y en la calle. Pero, del mismo modo que le he visto en innumerables ocasiones por la televisión, también le he visto consolando a la familia de compañeros fallecidos, sentado en un banco durante horas con ancianos que le han hablado con total libertad; viajando en el metro con su marido o tratando de resolver los problemas de cualquiera que se acercase a pedirle ayuda -y he de añadir que es extraordinariamente fácil acercarse a Pedro Zerolo”.

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