Huelga precipitada

Millán Gómez

Se cumplieron los pronósticos. Los sindicatos han convocado una huelga general para el próximo 29 de marzo. El anuncio llega menos de tres meses después de que Mariano Rajoy accediese a La Moncloa como Presidente del Gobierno. No han esperado a los cien días de rigor. Podemos poner en tela de juicio si es conveniente respetar o no esos días protocolarios. No es un contexto al uso, sin duda. Estamos inmersos en la mayor crisis económica en décadas. No se puede aplicar la norma general. Así a todo, no hubiese estado de más aplazar unas fechas esa huelga. La desafección hacia los dirigentes y agentes sociales, ya sean políticos, sindicatos, etcétera, es patente. Y va a más. Los supuestos portavoces de los trabajadores han perdido credibilidad en los últimos tiempos. Lo peor de todo es que no se vislumbra apenas autocrítica. La huida hacia delante es el denominador común de quienes desde un espectro u otro dirigen los designios de nuestro país.

Es bien cierto que el Gobierno ha aplicado recortes. Y más que hará. Conocemos más intenciones del actual Ejecutivo por micrófonos abiertos teóricamente cerrados que por declaraciones públicas y oficiales. Es de sobra conocido que los ajustes aumentarán una vez que se celebren las elecciones del próximo 25 de marzo en Asturias y Andalucía. El PP ha atrasado estas medidas por fines electoralistas. Así está nuestra política, señores. Lo anormal es lo habitual. Lo insensato es el pan de cada día. Así y todo, esta decisión postergada del PP sería exactamente la misma que realizaría cualquier otro partido político en el poder. Mientras perviva una sociedad escasamente crítica, el futuro pinta de una clara tonalidad negra. 

Independientemente de la necesidad y utilidad de una huelga general en estas fechas, no parece el momento idóneo. Apenas están tomando asiento los nuevos dirigentes y ya tienen encima de la mesa una huelga general. Un poco de paciencia, quizá, habría mejorado la lastimosa credibilidad de los sindicatos. La respuesta del PP va a ser clara y contundente. El argumentarlo ya viaja de sede en sede del PP: ustedes se manifiestan contra nosotros preventivamente y hacían mutis por el foro cuando gobernaban los socialistas. Dicho lo cual, de las diez huelgas generales promovidas en la España democrática han sido seis con el PSOE en La Moncloa, una con la UCD y tres con el PP. Hay realidades objetivas y realidades subjetivas. Los datos forman parte del primer apartado.

 Es lógico que los sindicatos simpaticen más con la izquierda, pero ilógico es que el nivel de exigencia a la administración sea más bajo cuando quien gestiona es más cercano a ti. La objetividad no existe, sí la honestidad. Con decisiones preventivas, los sindicatos no hacen sino reducir ambas cualidades.