Huelga general

LBNL

No soy muy amigo de las huelgas tanto por el daño económico que causan – a todos y primeramente a los propios huelguistas – como por su escasa eficacia en términos de conseguir sus objetivos. Y menos de las generales que atentan contra las decisiones del Gobierno democráticamente elegido. Pero en esta ocasión me parece que la huelga general está plenamente justificada: hay motivos más que suficientes para rebelarse. Así que espero que hoy haya pocos comentarios y seamos por un día manifestantes callejeros antes que debatientes.

Uno de esos motivos es que la huelga no va dirigida contra el Gobierno de España sino que, se ha convocado en una decena larga de países de la Unión Europea en protesta contra la política de austeridad rígida impuesta desde Bruselas por mandato de Berlín. No es justo que sean los trabajadores y la clase media quienes paguen con sus puestos de trabajo y recortes salariales los desmanes de los que se forraron con las burbujas financiera e inmobiliaria mientras éstos se van de rositas. Además de inaceptable, la austeridad rígida no está consiguiendo los resultados perseguidos: las economías no repuntan y los déficits públicos se agravan. Todo lo cual alienta la sospecha de que lo que realmente pretende dicha doctrina es aprovechar la crisis para socavar el modelo del Estado del bienestar desarrollado en Europa en las últimas décadas.

Los déficits públicos se dispararon porque las deudas privadas, particularmente las bancarias, se trasladaron a los balances públicos, no porque el gasto social sea disparatado o porque la protección social europea nos impida competir con el resto del mundo. La raíz de la crisis fue la desregulación financiera y ahí las reformas son incomparablemente más laxas que las que cercenan los salarios y los servicios públicos.

Muchos comparten la indignación pero se resignan porque no hay alternativa. Sea como fuere, consentimos la creación de un gigantesco agujero que hay que pagar, aunque paguen justos por pecadores. Cierto, tenemos un problema muy serio y hay que arremangarse para solucionarlo y todos somos algo culpables, aunque sólo sea por omisión, al haber permitido que nuestros representantes políticos legislaran mal, nombraran representantes no cualificados para gobernar las cajas de ahorros y derrocharan en obras faraónicas de escasa utilidad y completamente insostenibles. Pero lo mínimo es que también paguen los pecadores, aumentando la fiscalidad a las grandes empresas que tributan a tipos inferiores al del asalariado medio, gravando la especulación financiera y los bonus de decenas y centenares de miles de euros de los que siguen disfrutando los que dirigen las empresas que nos han metido en este lío y castigando penalmente a los que además de gestionar de forma irresponsable e imprudente violaron la ley. Nada de esto se está haciendo suficientemente mientras la mayoría lleva ya años sufriendo en sus carnes las severas consecuencias de la crisis.

Pero es que, además, hay otras alternativas para hacer frente a la crisis que al menos no han demostrado ser tan contraproducentes como las que tan absurdamente se nos vienen imponiendo desde hace casi un lustro. De acuerdo, las recetas keynesianas clásicas de inyectar fondos públicos no son de aplicación porque el Estado no tiene y si le prestan es a unos tipos de interés prohibitivos, que agravarían la situación. Pero hay otras opciones que no sólo serían menos injustas  sino también más conducentes a que podamos superar la dramática coyuntura actual.

El caso de los desahucios es paradigmático. Nuestra regulación es antediluviana y muy ventajosa para las entidades prestamistas. En otros países la dación en pago es la norma y los bancos se cuidan más a la hora de conceder hipotecas. En otros no hay dación pero el deudor en dificultades tiene más asideros para evitar perder, además, la vivienda. Aquí, cuando comenzó la crisis, descartamos la dación en pago porque aplicada retroactivamente supondría la quiebra de todo el sector bancario. Cierto. Pero no habría ningún problema para imponerla de cara al futuro y sin embargo no se ha hecho. Mejor dicho, sólo hay un problema: la resistencia de la banca. Pero su posición contraria es absurda.

Desde 2007 ha habido en España más de 400.000 ejecuciones hipotecarias ejecutadas. Además del drama que eso supone para los que pierden su hogar, que ya era evidente antes de los recientes suicidios sin los cuales nuestros gobernantes seguirían sin mover un dedo al respecto, la injusticia de nuestra reglamentación no es positiva para las entidades bancarias. De acuerdo, echan al ocupante que no paga pero se quedan con una casa que no pueden vender por falta de demanda y, en el improbable caso de que consigan venderla (el stock de viviendas disponibles sigue rondando las 600.000) sólo recuperan una pequeña parte del valor al que tasaron la vivienda durante la burbuja por lo que registran pérdidas en sus balances. Los desahuciados siguen penando con la deuda de por vida pero en las condiciones actuales tampoco parece que ello vaya a permitir a los bancos desquitarse sangrándoles hasta el fin dada su insolvencia.

Una amiga me habló hace meses de un sistema por el que los prestamistas acordarían una ampliación de hipoteca por 2 años con una carencia para los 2 primeros a cambio de abrir una cuenta de ahorro con un depósito mensual de una cantidad inferior a la cuota hipotecaria que, además de suponer un activo para el banco, quedaría ligada al pago de la hipoteca en el caso de que al término de la carencia persistiera el impago. El banco podría también facturar un seguro de impago al deudor, cobrando la comisión pertinente. Todo ello convenientemente regulado para que la ampliación no implique un incremento del TAE u otros abusos a los que tan acostumbrados nos tienen nuestras queridas entidades financieras.  La ventaja fundamental para el banco sería que la hipoteca dejaría de constar como morosa y por tanto volvería a la parte sana de su balance. Mi amiga, obviamente, no tiene un pelo de tonta, pero no es una experta. ¿No tienen los bancos a nadie estudiando opciones que, además de más justas, serían más ventajosas para sus intereses que seguir masacrando cientos de miles de vidas y hundiéndose a sí mismos? Se me olvidaba, el Gobierno les va a resolver el problema con el banco malo, quizás esa perspectiva haya operado como desincentivo.

Otro amigo, del que les he hablado aquí en varias ocasiones, Antonio Quero, publicó hace algunas semanas unas propuestas económicas tremendamente sofisticadas que incluían el “rescate de los hipotecados” paralelo al “rescate de los hipotecarios” que supone la creación del banco malo. En concreto, Quero propone rebajar durante dos años los pagos por hipoteca o alquiler de residencias principales al 20% de los ingresos familiares de aquellos hogares con ingresos inferiores a 3.000 euros al mes, y reduciendo la rebaja a la mitad un tercer año.

Mi amiga, ejecutiva en el sector privado, ideó una moratoria, sin quita, que relajara la presión sobre los deudores pero permitiendo a los bancos combinar otros productos financieros de los que disponen: win-win. Quero, socialista, no aboga por una moratoria sino por una quita parcial para los más necesitados, pero muy reducida puesto que sólo supondría una reducción del 5% del beneficio (capital + intereses) que los bancos siguen obteniendo con las hipotecas particulares, que siguen teniendo una morosidad bajísima (alrededor del 3%) dado que todo el mundo se deja la piel antes de perder la casa.

Me resisto a creer que soy tan privilegiado como para conocer a las dos únicas personas que tienen alguna idea constructiva que aliviaría el sufrimiento social y contribuiría a reactivar la economía al aumentar la demanda privada. ¿No había nadie en el Gobierno estudiando la cuestión hasta que empezaron los suicidios? ¿Y entre los supuestamente muy preparados y expertos ejecutivos de la banca? Por no hablar del PSOE, que ayer pidió perdón por la manifiesta insuficiencia de las medidas que adoptó cuando estaba en el Gobierno pero que, me consta, ni siquiera respondió a la propuesta que Antonio Quero le transmitió formalmente a su dirección hace ya varias semanas.

Hay alternativas, al drama de los desahucios y a todo lo demás. Si Merkel es idiota y/o pretende darnos gato por liebre por motivos ideológicos, hay que plantarse, por más que la CEOE concuerde con ella. A nadie beneficia, tampoco al PP en el Gobierno, que sigamos hundiéndonos en la miseria. Por eso, hoy huelga general, sin duda ninguna sobre su justificación.