Hoy no se atiende: estoy de huelga

Barañain

Tal vez debería haber dejado en blanco la página. Hubiera sido un detalle efectista de solidaridad con quienes hoy se suman -nos sumamos-,  a este gesto de dignidad colectiva que es la huelga general contra el engendro de reforma laboral del gobierno de Rajoy. Pero ya que tecleo esto cuando aún es la víspera del paro, aprovecharé la ocasión para recordar unas pocas razones por las que merece la pena librar esta batalla. Una batalla en la que nos jugamos mucho. Una batalla que no se agota en esta convocatoria, sin embargo nada desdeñable, cuyo éxito no depende sólo del seguimiento que obtenga, pues el mero hecho de haberla planteado ya es importante para afrontar con mejores perspectivas este período siniestro de nuestra historia que Rajoy y su banda quisieran que soportaramos con resignación.

Y de resignación, nada. Porque la reforma laboral y el resto del menú que tiene preparado este gobierno ultra merecerán más, mucha más confrontación política, sindical, social. Porque el “interés general” -aunque no creo que todos pensemos en lo mismo al invocar esas palabras tan extrañas -, depende en buena medida de que  Rajoy no consiga los objetivos que se ha marcado  en este bienio negro que nos tiene prometido.Â

Porque esta reforma es ciertamente -como presumía el ministro de economía-,  “extremadamente, extremadamente agresiva” y crecientemente agresiva debería ser la repuesta.

Porque lejos de proponerse acabar con la famosa “dualidad” del mercado de trabajo, esta reforma generaliza la precariedad.

Porque han ignorado cualquier posibilidad de pacto, de acuerdo con los agentes sindicales (decir con “los agentes sociales” sería estúpido, pues es obvio que nada tiene que concertar el gobierno del PP con la patronal, no le hace falta ni a los empresarios ni a “su” gobierno).

Porque rompen el equilibrio de poder más o menos existente en las relaciones laborales. Porque pretenden la liquidación de la fuerza sindical.

Porque esta reforma propiciará la caída de los salarios.

Porque destruirá empleo (aunque ahora las cifras que se prevén para este mismo año dejarán de ser para Rajoy y sus masoquistas seguidores lo “insoportables” que eran cuando gobernaba su antecesor).

Porque abarata el despido de una forma tan desproporcionada que pese a saber cómo las gasta esta gente,  aún me sorprende que fueran capaces de mentir y ocultar esa intención suya  en campaña electoral (no fueron pocas las ocasiones en que negaron tener en cartera tal abaratamiento) de manera tan escandalosa. Tanto que los discursos sobre su “legitimidad democrática” suenan a tomadura de pelo. Porque son mentirosos compulsivos.

Porque, como escribió en memorable artículo Joaquín Estefanía: “¿Por qué hablan de amor (crear puestos de trabajo, reducir la temporalidad) si quieren decir sexo (abaratar el despido, facilitar la reducción de salarios…)?”

¡Ah, qué ganas tenía de escribir un panfleto! (aunque lamento no estar a la altura de género tan dignísimo y tan injustamente despreciado).