Homenaje a Julio Anguita

David Rodríguez

La fallida investidura de Pedro Sánchez está dando lugar a muchas lecturas y análisis políticos de diversa índole, pero a mí me gustaría centrarme en un aspecto que aparece mencionado en el título de este artículo. El debate que se ha producido estos días ha supuesto, entre otras cosas, un merecido homenaje a Julio Anguita y, por extensión, al equipo dirigente que le acompañaba cuando era coordinador de IU. Porque el mismo Anguita siempre ha aclarado que él no se consideraba un líder, sino un dirigente.

Tal como comenté en mi último artículo en Debate Callejero, no ha sido posible un acuerdo político que incluya a Ciudadanos, por un lado, y a Podemos, IU y confluencias, por otro. Y no ha sido posible sobre todo porque la política económica de estas fuerzas se sustenta en principios antagónicos. No son cuestiones de matiz, sino de profundidad. Lo expresó hace unos años el propio Anguita, mediante la metáfora de las dos orillas, que algunos malinterpretaron como una teoría absoluta, cuando hacía referencia a diversos aspectos de la realidad, en especial a la política económica. Política que ha sido compartida, con matices, por los dos grandes partidos (PP y PSOE) durante las últimas décadas, y desde la que no es posible tender puentes con las actuales posiciones de Podemos e IU, porque se sustenta en postulados contrarios.

Otro de los aspectos que el PSOE no está entendiendo (o no está queriendo entender) es que un acuerdo de izquierdas no puede fundamentarse en meras reformas de las políticas realizadas hasta el momento, sino en un verdadero cambio. Tal como IU viene destacando desde hace décadas, y Anguita expresó de manera clara, no se trata de alternancia, sino de alternativa. No se trata de repetir la experiencia de Cánovas y Sagasta, sino de avanzar hacia una auténtica y necesaria transformación social. Este discurso ha sido repetido, durante estos días, por dirigentes como Pablo Iglesias o Alberto Garzón.

Todos estos debates suponen en buena medida una repetición de los que se vivieron en España hace un par de décadas. Supongo que por ello el PSOE ha contraatacado rescatando el falaz concepto de ‘pinza’, creado en su día para dar a entender una especie de connivencia de IU con el PP. Ahora, la palabra está siendo lanzada contra Podemos. Toda coincidencia entre las votaciones de Rajoy e Iglesias se eleva a la categoría de estrategia política premeditada para mantener en el poder a los ‘populares’. No es así, en cambio, cuando por ejemplo PSOE y PP acuerdan modificar la Constitución con nocturnidad y alevosía.

Para completar el revival, Felipe González se convirtió en protagonista involuntario del debate de investidura, cuando Pablo Iglesias se refirió a la cal viva. Cabe recordar que Julio Anguita ya señaló su responsabilidad, por activa o por pasiva, en el tema de los GAL, cuando se acuñó el término de ‘Señor X’. Curiosamente, el propio ex consejero de Gas Natural contestó acusando a Iglesias de discípulo de Anguita, a lo que el máximo responsable de Podemos replicó algo así como ‘y a mucha honra’.

Estas constantes apelaciones a Julio Anguita y al discurso elaborado en su día por la dirección de IU tienen interesantes implicaciones. En primer lugar, es bueno darse cuenta que la denominada ‘nueva política’ también se sustenta en el trabajo que la izquierda ha venido realizando hace tiempo en este país. Obviamente, los tiempos que vivimos contienen elementos claros de ruptura con la forma clásica de hacer política, pero la dicotomía nuevo / viejo como conceptos antagónicos es demasiado simplista para entender la realidad.

En segundo lugar, hay que destacar que Alberto Garzón también es un digo continuador de las ideas políticas que en su día comenzó a desarrollar Izquierda Unida, con el añadido de que es el máximo representante en el Congreso de esas siglas. Tal vez esto demuestra que el debate sobre la confluencia de las izquierdas va precisamente mucho más allá de siglas concretas y debería basarse en el ‘programa, programa, programa’. Desde la laicidad en cuando a la defensa de símbolos concretos, pero desde el máximo rigor en el desarrollo de las propuestas políticas.  

Para finalizar, en estos momentos de incertidumbre todavía no sabemos si habrá una gran coalición entre PP, PSOE y Ciudadanos, un gobierno de cambio entre PSOE, Podemos, IU y confluencias o nuevas elecciones (que en el fondo no harán sino retrasar la decisión final). En todo caso, queda claro que los viejos dirigentes socialistas optan de manera clara por el pacto con el partido de Rajoy, poniendo de manifiesto nuevamente que las críticas de IU siempre han tenido fundamento. Si finalmente se imponen sus tesis, el cambio deberá pasar por el ‘sorpasso’, otro de los conceptos que adoptaron y explicaron para el caso español Julio Anguita y la dirección de IU.