Hombres de hierro y mujeres acogedoras

Magallanes

El  General Petraeus se distinguió por haber acabado con la inexpugnable insurgencia en Irak. Donde otros fracasaron, él triunfó permitiendo a Obama declarar que se retiraban de Irak sin que pudiera verse como una derrota. Se decidió entonces que podría hacer lo mismo en Afganistán y fue destinado allí posteriormente. También  consiguió mejorar algo la situación en este laberíntico país y para coronar este éxito Obama le nombró nada menos que Director dela CIA. Sorprendió a todo el mundo que 3 días después de que Obama ganara las elecciones, un profesional de su talla dimitiera de su cargo y lo justificara por una relación extramarital.

Hacía muchos años que Petraeus, casado y con hijos, mantenía una relación muy estrecha con una mujer militar, Paula Broadwell, que se había propuesto hacer una biografía del General. Con este propósito, ella quiso estar muy cerca de él, acompañándole en sus viajes a Afganistán y residiendo también en Afganistán, dónde se les veía haciendo footing juntos por la mañana. Dado el motivo, a nadie le pareció que aquella intimidad fuese censurable. Cuando el General fue nombrado Director dela CIA, ella estaba a su lado en la ceremonia de investidura, lo que no fue criticado por nadie. Llevó a cabo su propósito y presentó su libro con el título: “Todo dentro: La educación del general Petraeus”. Estados Unidos es un país muy puritano, en el que las relaciones extramatrimoniales son suficiente para hacer caer a un enemigo político, pero para ello tiene que haber una denuncia con pruebas.

Todo saltó por los aires cuando una mujer casada, la Sra. Jill Kelley, le comunicó a un agente del FBI, lo suficientemente amigo de ella como para haberle mandado fotos con su torso desnudo, que estaba recibiendo correos amenazantes y anónimos en su ordenador. El amigo, ante la dificultad del caso, decidió pasarle el  encargo a una unidad  del FBI que descubrió que los mensajes venían de la cuenta personal de Petraeus en Gmail. No de la cuenta que usaba como Director dela CIA. Pero el contenido de los mensajes descartaba que fuesen de él, por lo que la investigación se dirigió hacia otra dirección IP que utilizaba esa misma cuenta, que resultó ser de Paula Broadwell, la biógrafa de Petraeus. Ella mandaba los mensajes amenazantes exigiendo a Jill Kelley que dejara de intentar seducir a David Petraeus. El asunto fue considerado como un ataque a la seguridad de EEUU, por lo que el FBI lo pasó a la Agencia Nacional de Seguridad, que tiene derecho a intervenir y desvelar toda la correspondencia privada de cualquier ciudadano norteamericano en caso de sospecha. De refilón, se descubrió también que el general sustituto de Petraeus en Afganistán, John Allen, había estado mandando frecuentes y muy afectuosos mensajes a Jill Kelley, la denunciante original. Da la casualidad de que Allen iba a ser nombrado comandante supremo de la OTAN y, como consecuencia de esta correspondencia amorosa, el nombramiento ha quedado descartado.

Pero, ¿Quién es esta Jill Kelley  tan temida por Paula Broadwell y tan apreciada por John Allen desde Afganistán?

Todo este cuadrilátero amoroso surge en la ciudad de Tampa, en Florida, dónde está la base militar Macdill, sede del Comando Central desde donde se dirigen todas las operaciones militares en Irak y Afganistán. La base es muy grande y significa mucho para la economía de la ciudad. Hace unos 15 años, cuando los generales Petraeus  y Allen prestaban servicio en dicha base, el matrimonio Kelley se instaló en una gran mansión de dicha ciudad. Se distinguieron enseguida por sus grandes fiestas, con especial dedicación a los altos mandos de la base militar. Ellos disfrutaban con este matrimonio tan acogedor que dulcificaba el día a día de la disciplina militar. Además, Jill, de padres libaneses y de penetrantes ojos negros, tiene una hermana gemela divorciada, Natalie, que también amenizaba a los militares en dichas fiestas. Pero tanto Petraeus como Allen acudían a esas fiestas con sus esposas, por lo que los mandos militares superiores que sospechasen que no era bueno tanta intimidad de militares de alta graduación conocedores de secretos militares con civiles, nunca pudieron impedir esta confraternización. Tanto Petraeus como Allen firmaron una petición al juez para que se concediera la custodia de su hijo a Natalie. Siempre que había que recibir en la base a un dignatario militar extranjero, se encargaba al matrimonio Kelley la correspondiente fiesta. Se ha sabido, además, que el matrimonio Kelley tiene una enorme deuda hipotecaria con un banco. El Sr. Kelley es médico y dirige una fundación de investigación oncológica que hasta la fecha ha recibido un volumen de donaciones mayor que el importe de sus gastos de investigación.

Todo el asunto es bastante divertido. Toda la energía de la Agencia Nacional de Seguridad buscando una espía tipo Mata Hari  y descubriendo que los militares, aunque sean de alto rango, cuando están en las peladas montañas de Afganistán, alejados de sus esposas e hijos, tienen su corazoncito abandonado y buscan como niños llenarlo de cariño. Posiblemente, Petraeus de vuelta en Washington para dirigir la CIA y con su familia, ya no sintió ganas de seguir intimando con Paula y relajó su relación. Posiblemente también, Paula tuvo noticias de que la seductora Jill andaba cortejando a Petraeus y atribuyó el distanciamiento de Petraeus a la influencia de esta americano-libanesa. Y todo ha salido a la luz porque a raíz de la tragedia del 11-S se atribuyó a la Agencia de Seguridad Nacional poderes excepcionales de control de la vida privada de los ciudadanos.

La prensa  estadounidense ha recordado cómo Eisenhower tuvo una amante militar durante toda la segunda guerra mundial disfrazada de ayudante de campo y, cómo el también Director de la CIA, Allen Dulles, tuvo muchas amantes a las que no ocultaba demasiado. Pero los tiempos han cambiado y  las infidelidades son un ingrediente importante de la lucha entre los demócratas y republicanos.