Hobana: lección para los duro-dignos

LBNL

Como todos Ustedes habrán visto, oído y leído, Obama ya está en la Habana. Llegó anoche tan tranquilamente, dejando de lado de un plumazo décadas de enfrentamiento – también bélico – todavía no completamente desmantelado: el “bloqueo” sigue parcialmente en vigor. Hasta hace muy poco tiempo parecía completamente imposible. Pero llegó Obama y mandó a parar, aprovechando el paso al costado previo del otro Comandante, la mejor conducta internacional de la “Revolución” – las tropas que antes enviaba a luchar en Ángola han sido reemplazados por médicos en Venezuela y la complicidad con las FARC se ha trocado en mediación para la paz en Colombia – y el relevo generacional en el exilio de Miami. No son pocos los desencantados de Obama pero como quien no quiere la cosa, sin darse mucho bombo, las mata callando, a algunos como a Bin Laden, literalmente.

Lo de Cuba tenía bemoles. Se habían intentado muchas vías y todas habían fracasado. Los analistas eran unánimes: los obstáculos son demasiados e inmensos. Si Obama fuera el tibio e indeciso centrista que algunos lamentan, no habría arriesgado. Lo hizo, con tiento, utilizando a algunos de sus mejores asesores para desarrollar negociaciones secretas, y ganó. Los dos países hicieron concesiones, liberaron prisioneros, restablecieron relaciones diplomáticas y están dando pasos graduales para ir restableciendo relaciones económicas plenas. El proceso podría torcerse porque Cuba sigue siendo una dictadura y no va a convertirse en una democracia plena de la noche a la mañana y, además, las pulsiones anticastristas en Estados Unidos son muy potentes. De ahí la visita: Obama ha querido apuntalar personalmente un proceso que sin duda es lo mejor para que la libertad vaya normalizándose en Cuba.

¿Cómo que sin duda? ¡Otra equivocación garrafal de buenismo! ¡Qué bajada de pantalones tan indigna! ¿Cómo se puede abandonar a los defensores de los Derechos Humanos cubanos? Las críticas son tan predecibles que es mejor anticiparlas. Y rebatirlas, porque es sencillo hundir las argumentaciones de los Trump, Ansars, Esperancitas y demás libertarios de pacotilla. Para empezar, décadas de “bloqueo” ferreo no han propiciado ningún avance democrático en Cuba. Ni han puesto fin a las detenciones arbitrarias de activistas civiles cubanos. Como tampoco las ofensivas político-militares que hasta no hace tanto pretendían acabar con el régimen (Bahía de Cochinos, los múltiples intentos de la CIA para asesinar a Fidel, las octavillas descargadas desde el cielo…).

Lo que sí han dado resultados – escasos pero concretos – han sido las negociaciones discretas para la liberación de activistas a cambio de concesiones económicas y políticas, lo cual es aberrante pero lo habitual cuando se tiene enfrente a un régimen autoritario que tiene menos apego al bienestar de su población que el que le tienen sus supuestos enemigos. El futuro de Cuba lo tienen que decidir los cubanos y si queremos influir en él, la única manera legítima y sensata es a través del diálogo. Es muy respetable la posición de quienes no quieren mancharse las manos negociando con sátrapas. Lo que no es de recibo es que nos acusen a los posibilistas de idiotas y traidores a la causa. Especialmente cuando la firmeza no ha producido resultados y el pragmatismo sí. Como los tuvo la real politik de Willy Brandt con la DDR o los tiene nuestra cooperación con la monarquía alauí para evitar miles de muertes tratando de cruzar el Estrecho.

Lo de Cuba era difícil pero más difícil era lo de Irán y Obama lo consiguió también. No fue él sólo, obviamente, porque en las negociaciones ayudaron y mucho tanto la Unión Europea como Rusia y China. Pero al final era Estados Unidos quien tenía que tomar la decisión de poner punto final a otro enfrentamiento de décadas con un régimen que le había desafiado con éxito. Y la tomó. Netanyahu, que llevaba años desgañitándose advirtiendo de que el mundo se iba a acabar, no pudo sino callar la boca. Y llevamos ya muchos meses de proceso exitoso con Irán, durante los que la teocracia iraní ha cumplido con todos los compromisos asumidos y, en consecuencia, el mundo es ahora más seguro dado que Irán ha retrocedido al menos un par de años en el tiempo que tardaría en poder construir una bomba atómica. Los disidentes siguen sometidos o encarcelados, las minorías religiosas siguen teniendo problemas y los guardias de la revolución siguen tocando las narices probando misiles balísticos de cuando en cuando y apoyando a muerte a Asad en Siria. Pero el objetivo era evitar la proliferación nuclear en Oriente Medio y se ha conseguido. Y el buen resultado de los moderados en las últimas elecciones iraníes permite albergar esperanzas para el futuro.

Obama tampoco se ha quedado quietecito en casa. Estados Unidos es muy grande y muy complicado y el Presidente tiene poderes “domésticos” mucho más limitados de lo que tiende a percibirse desde fuera, especialmente con el Congreso controlado por un Partido Republicano desatado, como en los últimos tiempos. Pero antes de que así fuera, Obama consiguió sacar adelante el “Obamacare” que, desde nuestra óptica no deja de ser un remedo bastante deficiente de un sistema de sanidad público europeo, pero que es una realidad que, en su momento, los Clinton no fueron capaces de lograr.

Cierto es que la prisión alegal de Guantanamo no ha conseguido cerrarla todavía pero apuesto a que antes de cumplir su mandato y subirse por última vez al helicóptero que le sacará de la Casa Blanca, conseguirá cerrarla. No sólo porque fuera un compromiso electoral sino porque no tiene ningún efecto positivo en la lucha contra el terrorismo yihadista sino todo lo contrario: los terroristas deben ser juzgados y enchironados y si no hay pruebas contra ellos, deben conseguirse o liberarlos. Es así en todas partes. Con la diferencia de que durante el mandato de Obama se han incrementado brutalmente las “eliminaciones físicas” de yihadistas in situ mediante drones. No es un método muy edificante dado que supone matar a un ser humano sin juicio, sobre la base de informaciones procedentes de las agencias de inteligencia que, en general, preferimos pasen por un filtro judicial. Pero hay mucha mala gente por ahí fuera, en Afganistán, en Iraq, en Siria, en Yemen, en Somalia, en Libia… y matan mucho, a sus compatriotas y también a los extranjeros, a cargo del Daesh o de Al Qaeda y su eliminación “quirúrgica” por medio de un misil lanzado desde un dron controlado desde Estados Unidos permite mitigar la amenaza y, generalmente, evitar los daños colaterales que tantas vidas han segado y tanto daño político generaban en los tiempos de Bush. La invasión de Iraq fue un error sin paliativos y la guerra contra los Taliban y Al Qaeda en Afganistán se desarrolló con errores garrafales que supusieron miles de muertos inocentes y legitimaron las posiciones de los fanáticos yihadistas. Matar únicamente a los líderes más destacados es más eficaz y tiene menos coste. Otra lección para los apologetas de la dureza en nombre de la libertad.

La libertad se defiende mejor con firmeza – en vez de dureza – y diálogo, también con los malos, cuando se dejan, y cuando se dejan a base de drones si pegan tiros. Los iraníes no están atacando a nadie – por más que su defensa del régimen sirio no nos guste – y la revolución cubana todavía menos. Dialogar con Daesh o Al Qaeda no tiene ningún viso de prosperar y por tanto dron al canto cuando hay oportunidad. Con los taliban si es posible y por ello se está intentando (habría sido mucho mejor haberlo intentado antes). Y con Irán y Cuba el diálogo era la única vía con visos de prosperar, especialmente habiendo constatado la futilidad de la dureza.

Obama está en la Habana y las perspectivas para que la situación en la isla mejore son mejores que nunca antes durante las últimas décadas, gracias a su audacia, a su sensatez y al trabajo de muchos otros que contribuyeron en los últimos años a ir abriendo boquetes a la sinrazón, entre los cuales Zapatero cuyo diálogo con la dictadura castrista logró sacar de la cárcel a más de setenta disidentes que llevaban encarcelados casi una década. Que los activistas civiles cubanos se quejen de lo mucho que falta por hacer todavía no sólo es lógico sino necesario porque es eficaz combinar el diálogo con la presión. Pero que no vengan los de siempre a vendernos de nuevo la milonga de que la única opción aceptable es la dureza y la confrontación sin cuartel. No lo es y además no funciona.