Hispanibundia

Arthur Mulligan

Con este título publicaba en mayo de 2018 la editorial Acantilado un bello libro de Mauricio Wiesenthal González , «una combinación de historia, descripciones y pensamiento personal», al decir de Golo Mann , quien se refería a España como «una realidad inmensa históricamente y en su presente. Los que lo niegan […] son para mí fanáticos ciegos o locos».La hispanibundia es para nuestro autor «la energía vibrante que produce el español al vivir, ya se crea español o no, lo acepte o no, se encuentre en el exilio forzado o pretenda ser extranjero en su patria y extraño a los suyos».

Sin ser lo contrario de la hispanofobia, la lectura de este libro la previene. Tal es la simpatía espontánea que despierta. Por elcontrario, en la apropiación por la derecha conservadora de los rasgos externos del patriotismo español cabe encontrar el origen de esa desorientación ideológica de la izquierda que permite aborrecer el himno nacional hasta llegar a calificarlo, en palabras de un histrión con coleta, como «una cutre pachanga fachosa».

Lejos de elaborar su propia interpretación del problema territorial, acorde con los principios del marxismo-leninismo u otros, la izquierda habría sucumbido a los postulados federalistas, confederalistas, plurinacionales y neofeudalistas que las burguesías periféricas y sus intelectuales orgánicos pusieron en circulación a partir del siglo XIX.

La ausencia de raíces de lo nuevo y el extrañamiento que supone la amputación violenta de unas señas de identidad que aún entre brumas guardaban un significado y un sentido de pertenencia, han puesto a prueba -mediante un creciente desapego a la idea de España- hasta el propio nombre del país, al que es habitual referirse como el Estado u otros desagradables circunloquios.

Es muy corriente cuando uno recorre Bilbao observar conversaciones de personas atentas al retorcimiento de la lengua para no expresar en público lo que de modo llano dicen en privado por la acusada mala conciencia que han heredado hacia los nacionalismos periféricos, como éste en el que transcurren sus acomplejadas vidas. Esta actitud insana se extiende a otros consumos culturales compartidos, como la prensa, las televisiones locales o las competiciones deportivas.

La izquierda socialdemócrata española ha dejado de ser ese bastión que propugnaba el concepto de ciudadano en el centro de su discurso; que se preocupaba por las minorías sin querer ser un movimiento minoritario y que huía de ese fetichismo narcisista común a los nacionalismos. Desgraciadamente vemos en varias Comunidades Autónomas la sumisión de los socialistas a las políticas de élites locales para mantener cuotas de poder cuyos efectos inmediatos han provocado obligaciones y discriminación laboral a la vez que las burguesías de esos lugares -incluso las nacionalistas- se refugiaban cínicamente en centros privados.

Cuando la masa crítica para formar esa amalgama no comparecía en forma de nacionalismo militante .la sumisión se ha manifestado por adhesión espontánea al hiperliderazgo surgido de la crisis de representación en los grandes núcleos urbanos.

Que Ada Colau y Manuela Carmena dirijan las dos ciudades más importantes de España constituye en sí mismo un hecho excepcional, uno más al que no es ajeno este socialismo tan extraño.

Colau se encontró una ciudad con problemas y, en condiciones normales, alguien con su perfil no habría ganado las elecciones en Barcelona. En su campaña prometió acabar con los desahucios y hacer más accesible la vivienda, especialmente para los jóvenes y los barceloneses con menor renta. La realidad es que los desahucios continúan, ahora mayoritariamente por impagos del alquiler, y los precios de la vivienda han tenido una de las mayores subidas de la historia durante su mandato, expulsando a miles de sus votantes del centro urbano.

Una ciudad que ha vivido uno de los casos de transformación más exitosos del mundo, con el mérito de no tener la capitalidad del Estado, ha entrado en una dinámica de destrucción de todo lo avanzado en los últimos cuarenta años de democracia y, aún con la ilegal declaración de independencia incluida, transmite una imagen de conflicto muy dañina para una ciudad innovadora del siglo XXI, aunque en términos de futuro para la ciudad, es mucho más dañina la continuidad de los efectos de las decisiones de su alcaldesa tal y como sucede con algunos elementos radiactivos inestables.

Carmena difícilmente puede gobernar una ciudad como Madrid cuando ha sido incapaz de hacerlo con su propio equipo; un equipo que comenzó a trabajar con ideas peregrinas y pronto desechadas, a medida que iba despidiendo a concejales de infausta memoria. Es cierto que ha amortizado deuda devolviendo dinero a los bancos por no realizar inversiones productivas o de carácter social. Sus actuaciones de un sesgo marcadamente ideológico son irrelevantes en términos positivos salvo, tal vez, aquellas que facilitan algunos paseos por el centro.

No han paralizado los desahucios, no han creado una banca pública municipal como decían, no van a construir las 4.500 viviendas; apenas han hecho centros culturales, centros para mayores o escuelas infantiles.

La gris intervención de Causapie es el prolegómeno de un fichaje estelar de un amigo del Presidente cuyo mayor mérito político es no haber dicho nada conocido acerca de política municipal.

Un partido socialdemócrata sin las habilidades de un aprendiz de Pedro Sánchez y renovado, previa depuración de sus jóvenes iletrados, podría captar toda esa energía dispersa pero real y recobrar la centralidad con una capacidad notable de pacto y transformación, sin los enemigos de la idea de España y sin la arrogancia de una izquierda parasitaria.

El objetivo esencial sería lograr la colaboración de los márgenes al hacerse prescindible su resistencia, de modo que nunca más el destino nacional pivote sobre la irresponsabilidad desmesurada de grupos territorializados.

España lo necesita y es posible hacerlo; el compromiso debe ser facilitar la alternancia sin claudicar de una idea para nuestro país con el carácter plural e integrador que inspira nuestra Constitución. Sin sacrificar lo que somos en la desesperante indecisión de la precariedad que nos debilita como Estado.

7 pensamientos en “Hispanibundia

  1. Tan fascinante son las caricias a la identidad española como los ascos a que otros tengan otras.Tan abismal supongo el desconocimiento de la polítcia municipal barcelonesa, como, puedo comprobar el de la madrileña. Que el no tener mucha idea nunca te impida emitir juicios campanudos (postulado de probada eficacia y resultados evidentes)
    Los consejos que pueda dar sobre el futuro de la socialdemocracia, son valorados de manera acorde a la trayectoria mostrada repetidas veces aqui.
    He echado de menos “pactar con Vox” y con el PP más retrogado como hoja de ruta aconsejable, cosa que se estila mucho. Y poner cordones sanitarios al PSOE tb
    Viva España

  2. Al fin y al cabo las mentiras ,los secretos más inconfesables y la verdadera realidad se abren paso y salen a la luz.
    Estoy hasta la coronilla de tanto despropósito mental.

  3. Se refiere sin duda al repaso que le han metido en Hortaleza a Errejón. Es lo que hay.
    Humo.

  4. Conocí hace años a Wiesenthal en Cádiz. Un tipo genial. Su biografía de Rilke es una maravilla. Su crítica al nacionalismo, que incluye lo que él llama españolidad, lo comparto en gran medida pero no acabo de entender qué tiene que ver Wiesenthal con ese inventario de mantras que hace el articulista sobre la izquierda. Le parece mejor la derecha a la que nunca nombra? El artículo, además, destila ese revisionismo histórico tan del gusto del trifálico. Tan cansino como falso.

  5. No es cierto que no nombro a la derecha ; lo que digo y creo que bastante claro es que èsta se apoderó de los símbolos externos con los que identificamos las manifestaciones patrióticas. Lo que es verdaderamente cansino es ese infantil trifálico de pésimo gusto , a cuya autora intelectual ya hemos oído en medio de sus refinadas amistades glosando escatologías varias. Y es infantil porque trata de resumir en un juego de palabras una realidad incómoda: la inesperada preferencia del electorado andaluz por un cambio de gobierno y el rechazo al socialismo realmente existente que había gobernado hasta la fecha esa región.
    Por otra parte trato de establecer en el pequeño espacio de un artículo la errática querencia de los socialistas por la extrema izquierda y el nacionalismo contra las que se había conjurado la anterior dirección del partido.
    Y desde luego pienso que es bueno y , sobre todo útil , revisar los mitos fundacionales de cualquier movimiento político , incluido el españolismo. Wiesenthal tiene que ver con lo que dice el propio Wiesenthal- al que no sustituyo en ningún momento – y , en efecto, me parece un tipo genial con su neologismo y su caracterización, de la que afirmo que despierta una simpatía espontánea. Todo el libro es una declaración de amor hacia la cultura española de la que es un fiel embajador , con pasajes que emocionan porque apreciamos las verdades que contienen. En un momento en que se cuestiona la misma idea de que exista una cultura española y un sistema político pacifico y democrático en la que puede desenvolverse en libertad , me ha parecido útil la defensa no cainita que hace el autor de la idea de España.
    Y desde luego me parece más correcta la defensa de la Constitución y la lucha política de C’s en Cataluña que la del inconsistente tripartito del PS- IU- ERC.
    Ya ve , depende de lo que se trate . No tengo ninguna obligación de agitar banderas ni de pronunciar mantras.

  6. Gracias por el artículo y la posterior ampliación y aclaración. Muy interesante.

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