Héroe de la clase trabajadora

Lobisón

Caitlin Moran es una periodista y escritora británica, que comenzó su carrera en las revistas musicales y se ha dado a conocer en España con su ensayo autobiográfico Cómo ser mujer (Anagrama, 2013). A mí el libro me pareció excepcionalmente divertido, entre otras cosas porque es extremadamente veraz y cruel al hablar de sí misma y de los ambientes en los que ha vivido. De hecho puede parecer demasiado veraz, porque a menudo traspasa las barreras del decoro y escribe de cosas de las que no se debe hablar, aunque lo que diga sea bastante sensato. Pero además la autora me pareció de una audacia casi suicida, porque el propósito del libro es defender la perspectiva feminista como una cuestión de sentido común.

Hoy me he encontrado en el sitio de la Editorial Anagrama una entrevista que le hizo Kiko Amat en Barcelona, supongo que con motivo del lanzamiento del libro. También me he divertido bastante, cosa muy necesaria en estos tiempos, pero no sólo he descubierto que la delicada cantante Tracey Thorn (de Everything But the Girl) tiene más carácter que la señorita Rottenmeyer, o que Alison Moyet se siente insegura sin una botella de tequila en el cuerpo, sino que me he encontrado con una feroz defensa de la cultura de clase, toma ya.

‘En nuestro país se asume que cuando empiezas a ganar buen dinero por lo que haces pasas mágicamente de la clase obrera a la clase media… Eso me hace hervir la puta sangre. Yo soy de clase obrera y moriré de clase obrera’. Y desde esa convicción se pregunta por qué los artistas de clase trabajadora están siendo apartados del discurso… y las clases medias están tomando su lugar. Hablando de música, al menos, es una afirmación discutible: aunque los muy pijos Blur encajen en el esquema, el éxito paralelo —y superior por momentos— de Oasis encaja peor.

Ahora bien, ni sus mayores admiradores considerarían a Oasis un grupo rompedor, aunque el entusiasmo de los hermanos Gallagher por la cerveza y la bronca pueda considerarse una muestra de la cultura de la clase obrera británica, como sostienen sus defensores. En todo caso Moran y Amat coinciden en que el Britpop fue un espejismo, creado según Moran por una insolación colectiva.

Moran sugiere una explicación materialista de la pérdida del protagonismo creador por los jóvenes de clase obrera. En los años sesenta estos jóvenes hacían discos y cobraban derechos de autor, y su público compraba revistas musicales, en las que podían ganarse la vida y aprender el oficio de periodista otros jóvenes de clase trabajadora. Pero este círculo virtuoso se rompe con las descargas de internet, y ahora sólo los jóvenes de clase media pueden permitirse el lujo de montar grupos y no hay revistas en las que los jóvenes de clase obrera puedan aprender periodismo sin tener un trabajo distinto para comer.

El razonamiento puede estar equivocado por varias razones. Al fin y al cabo los conciertos dan dinero, y para los grupos nuevos es posible difundirse por internet y ganarse su propio público. Otro problema es que las revistas musicales han ido siendo sustituidas por blogs que no dan de comer, y no siempre hay periodistas dispuestos a corregir y enseñar el oficio a jóvenes ‘becarios’, que no cobran por su trabajo.

Pero además hay dos problemas a los que Moran —centrada en su propia experiencia generacional— no presta atención. Por un lado los precios de los discos han subido desde los años ochenta más que el ingreso de las familias de clase trabajadora, aunque eso se está revirtiendo con los menores precios de las descargas de pago. Y por otro lado, la clase trabajadora inglesa ha sufrido una devastadora ofensiva cultural, encabezada por Thatcher y Blair, para desprestigiar todo lo que no sea de clase media. Ofensiva que, por cierto, se ha extendido con éxito al resto de Europa.

Ha pasado mucho tiempo desde que John Lennon cantaba eso de que vale la pena ser un héroe de clase obrera. Él mismo se hizo famoso por el diseño de sus gafas, el diseño normal de las que proporcionaba el NHS. En todo caso me parece maravilloso el consejo final de Moran para quienes tienen éxito en la clase trabajadora: ‘ayudar a tus amigos, hablar siempre de desigualdad de clase, del Estado de bienestar… Es el impuesto que se te debe aplicar si eres famoso. Y si no lo cumples eres un capullo’.