¿Hay truco en los datos de final de 2012?

José D. Roselló

Estas semanas estamos empezando a conocer un auténtico aluvión de cifras referentes al final del pasado año y a las perspectivas del siguiente.

Recapitulando las más importantes, parece que la economía española se contrajo un 1,3% en lugar del 1,4% previsto y que el año que viene las instituciones internacionales nos auguran una nueva contracción de este nivel, aunque la previsión del Gobierno está en un -0,5%. Se detecta en los últimos tiempos una presión bastante fuerte en el discurso del gobierno y sus medios más favorables hacia intentar forzar una impresión positiva, o de mejora, como queriendo iniciar el cambio de ciclo desde los titulares más que desde los datos de fondo.

La EPA de ayer vino a añadir nuevos elementos a esta impresión.

Recapitulando sus magnitudes más importantes: el año pasado se destruyeron más de 850.000 empleos;  la tasa  de paro sobre población activa se elevó al 26,02%, implicando un aumento de casi 700.000 parados en este año, lo que dejó la cifra total en unos curiosos 5.964.400 parados, al filo de los 6 millones, pero justito por debajo.

Y es ahí en este punto donde la EPA ha sorprendido ligeramente. Una destrucción tan intensa de empleo, tan intensa que solo se ve superada por la del año 2009 que superó el millón, se ha transmitido menos al aumento de parados de lo que daba la impresión. La variable que ha permitido esto ha sido la caída de la población activa, de un 0,7%, la mayor de la serie histórica hasta donde es comparable.

La disminución de la población activa implica que a una persona que no trabaja no se la contabiliza como parado, sino como inactivo, es decir que ha abandonado el mercado laboral. El abandono  de, o la incorporación a, la búsqueda trabajo son variables que se mueven en la misma dirección que la ocupación, llamándose su disminución “efecto desánimo”. Este efecto desánimo se observa con mayor intensidad en las crisis prolongadas.

Lo más llamativo del efecto desánimo de 2012 no es ya su volumen, sino que se ha dado casi única y exclusivamente en el último trimestre del año. En estos tres meses 176.000 personas, a tenor de los datos considerados, han abandonado el mercado laboral.  Es un abandono atípicamente alto, que triplica a cualquier otro abandono observado en este ciclo recesivo. La explicación oficial ha sido “echarle la culpa” al colectivo de trabajadores jóvenes, que han disminuido en un 8% la actividad; esta explicación no deja del todo satisfecho, ya que abandonos similares, o incluso en porcentajes  mayores, de los jóvenes se han producido en años anteriores sin que haya habido un impacto tan elevado en el total. Lo mismo ocurre al hablar del retorno de los inmigrantes, colectivo siempre socorrido, que por lo visto, han decido volver todos al unisono desde septiembre.

Si no hubiera habido una huída masiva de la actividad en este último trimestre, estaríamos por encima de los 6 millones de parados. A efectos económicos, una diferencia  de 40.000 no es tan grande. A efectos de titulares en prensa, es harina de otro costal, y a efectos de argumentos para el debate en corto que se tiene en medios de comunicación y tertulias, también. “España rompe la previsión de los organismos internacionales y no llega a los 6 millones de parados”, abría ABC su artículo sobre la EPA.

Esta EPA de 850.000 empleos menos, lo que supone un 4,8% en caída del empleo, pone también en cuestión esa variación del PIB anunciada del -1,3% frente el 1,4%. De nuevo, una décima o menos  debería ser risible, y lo es en términos económicos. No en términos mediáticos. Una destrucción de empleo tan elevada se compadece muy mal con un desempeño “mejor de lo esperado” en el crecimiento de la economía. Según la relación observada entre empleo y crecimiento del PIB, este descenso en la ocupación se alinea más con cifras en el entorno del -2%. Máxime si decimos que además de trabajar menos, somos menos a consumir (ya que se pierde población) por el retorno de los extranjeros.

No se puede hablar de mentira o manipulación, son palabras muy gruesas e inexactas, pero sí de “forzar” a la baja, quizás, las hipótesis que se están haciendo para cifrar este crecimiento del PIB de 2012. Al fin y al cabo, lo que se maneja a estas alturas es una mezcla de datos observados con estimaciones, no se dispone de la totalidad hasta junio de 2013 que es cuando el INE proporciona una revisión de esta primera cifra que conocemos a estas alturas, y cabría esperar que esta revisión , visto lo visto, fuese a caídas mayores. Sin embargo, eso es en junio y en junio, pues ya veremos.

El responsable de esta caída del empleo y la actividad es conocido. Se llama políticas de austeridad, en alguna medida impuestas desde Europa, en otra medida acogidas sin mucho discutir. Lo que, en opinión del que les escribe, es más flagrante, es que han sido vendidas como medicinas mágicas por gente que conocía perfectamente en el momento de publicitarlas, que sus efectos iban a ser los hoy experimentados.

Un recorte como el que se anunció en junio de este año, equivalente al  6% del PIB, tiene estas consecuencias, que afectan a finales de 2012 y gran parte de 2013.

Lo sabía el FMI, lo sabía la OCDE, lo sabían en Europa y lo sabían en el Gobierno de España, porque esto lo sabe cualquier persona en el segundo año de carrera de economista.  Bien está que se pidan responsabilidades por las corruptelas políticas, pero también es hora de pedirlas por tratar de imponer a los ciudadanos unas ideas que ni se corresponden con la realidad, ni les benefician, mientras se les dice lo contrario. Que paguen, también los culpables intelectuales, o al menos, que se expliquen si pueden.