Hastío

Millán Gómez

La política, en algunos casos, aburre. Transmite una sensación de que nada avanza, de que nada progresa y que nos encontramos ante debates sempiternos que vuelven cíclicamente a la actualidad que muestran los medios, la cual no tiene por qué ser coincidente con la discusión de la opinión pública en la calle. Estamos en esa situación. Nuestros representantes públicos continúan enfrascados en cruces de declaraciones sobre la crisis económica y sobre “anécdotas” como el uso de los pinganillos en el Senado mientras este país continúa propagando datos negativos y, lo que es peor, estimaciones muy negras para el futuro a medio plazo.

Resulta lastimoso leer cada mañana la prensa nacional, autonómica y local. Resulta agradablemente extraordinario leer una noticia positiva que insufle cierto ánimo a la población. La culpa no es del mensajero aunque habrá quien, como suele ser habitual, dirija sus dedos acusadores hacia los que se dedican a contar lo que pasa. Pero, por supuesto, alguna culpa tendremos los ciudadanos de a pie si continuamos sin castigar a quienes han provocado la crisis, viven de ella, continúan cometiendo los mismos errores de antaño y no han mostrado la más mínima autocrítica.

Cuando ocurren situaciones como la actual se suele decir que “tenemos lo que merecemos”. En parte es cierto, no cabe duda. La sensación que damos si nos comparamos con otros países de nuestro entorno es que nos mostramos ensimismados, aburguesados y con una preocupante falta de autoestima a la hora de defender nuestras posiciones. No es cuestión de ir a las barricadas pero sí de no tolerar (pacíficamente y a través de nuestras decisiones democráticas y civilizadas) ciertas decisiones que cometen quienes mandan tanto o más que los políticos y viven con la tranquilidad de saber que los problemas de los demás no les afectan lo más mínimo y que seguirán en sus cargos.

Uno de nuestros objetivos como ciudadanos es dejar a las siguientes generaciones un futuro mejor. Hemos avanzado, por supuesto, pero siguen siendo más habituales los datos negativos que los positivos. Es descorazonador leer según qué datos. A veces dan ganas de coger la prensa sólo por la sección de cultura y dedicar el tiempo a informarnos sobre cuestiones más prescindibles pero mucho más placenteras que el perpetuo debate donde parece que avanzar un metro requiere un esfuerzo hercúleo.

Este país ha demostrado a lo largo de la historia su capacidad para levantarse ante las adversidades y saber adaptarse a situaciones críticas. Por eso, es doloroso comprobar que hay sectores sociales absolutamente complacientes y pasivos ante lo que ocurre a nuestro alrededor. Una sociedad acrítica es imposible que avance. Seremos más libres cuanto más y mejor participemos en las decisiones que nos afectan en el día a día. Todos conocemos a gente que se autodefine como “apolítica” cuando esta afirmación es falsa pues la política lo ocupa absolutamente todo, cualquier decisión que tomamos en nuestra vida es una determinación política. Quizás uno sea apartidista pero no apolítico. Si queremos cambiar las portadas de los medios de comunicación deberíamos participar más en la toma de decisiones de lo que nos afecta directamente y no silbar mientras algunos hacen caja con una crisis que sufrimos todos en mayor o menor medida.