Hasta luego y gracias por el pescado

José Rodríguez 

Cuando un ecosistema se pone hostil hay tres formas de actuar: mutar y adaptarte; si eres capaz de transformar el ecosistema transformarlo a él; pero si ya es imposible adaptarte y el ecosistema es intransformable para ser compatible para esa especie, hay otra salida, marcharse.

Un ecosistema se vuelve tóxico para algunas formas de vida cuando su entorno mediático se vuelve cerrado, endogámico, cuando el aire no recircula. Cuando los medios (¿de comunicación o de respiración?) solo emiten una mezcla de aires útiles para una especie, ese ecosistema está expulsando al resto.

Un ecosistema se vuelve agresivo cuando la seguridad de una de las especies se vuelve moneda de cambio de la especie mayoritaria. En especies que tienen la capacidad de comunicación, es importante que el ecosistema facilite cada uno de los códigos de cada especie; si solo permite uno (o relega el código de comunicación del resto de especies a un uso restringido) ese ecosistema se vuelve agresivo con el resto de especies.

Hay cadenas tróficas insostenibles: si las especies autótrofas son expoliadas por las heterótrofas hasta el punto de que no pueden seguir funcionando, y ese ecosistema se vuelve hostil para ambas, aunque la heterótrofa no lo entienda ni lo vea y crea que como se extinguirá después de la autótrofa, puede seguir adelante.

Además, un ecosistema ha de permitir la evolución dinámica de sus especies; si una impide el desarrollo del resto, al final será un ecosistema empobrecido e inestable y a largo plazo colapsará. 

Y cuando el ecosistema es claramente hostil a una especie, ésta ya no puede adaptarse más porque ha estirado todos sus recursos adaptativos y el ecosistema es imposible que cambie, a esa especie solo le queda una opción. Buscar nuevos páramos. 

Así que hasta luego y gracias por el pescado.