Hasta los güevos, estamos hasta los güevos…, hasta los güeeeevos…

Mimo Titos

Hay semanas en que servidora no sabe de qué escribir y en cambio hay otras en las que una querría monopolizar los artículos de la semana para poder despacharse a gusto con (contra) Esquerra, Fedeguico, Cebrián (sí, uno tras otro, quién se lo iba a decir a una), los jueces (y juezas, que som@s socialist@s), los batasunos, Ibarretxe mala leche, los agoreros de todo pelaje, los mediocres del PSOE y quién sabe cuántos más. Porque haberlos haylos. País!

Empecemos por Esquerra, esos chicos tan majos que apoyan a un Gobierno que se deja la piel en recuperar la memoria histórica y luego van y no votan la ley. Eso si, a quemar efigies del Rey, mejor aún si es en plan creativo, con efigies de Borbones históricos que de paso te evitan posibles complicaciones legales. La semana pasada me fui a los Paysos Catalans (más bien a Barcelona) a verificar in situ la rebelión civil descrita en las encendidas soflamas de las radios mañaneras. Todito el finde me lo pasé vigilante con la secreta esperanza de poder asistir a una quema de banderas o similar. Mi gozo en un pozo, nada de nada. Hasta el vuelo de vuelta en el que un ejemplar trillado de La Razón que alguien había dejado tirado me demostró que sí, que Cataluña se había pasado el fin de semana demostrando su deslealtad hacia la Monarquía. A la mañana siguiente mi sorpresa se agudizó cuando leí el sondeo de La Vanguardia según el cual es más alta la proporción de votantes de ERC que apoya la presencia de nuestras tropas en Afganistán que la de los del PSOE. Y eso que el Rey es su Comandante Supremo! Alucina vecina.

Creo que fue el martes cuando se me llenó de champú la boca abierta de par en par que se me quedó en la ducha tras escuchar a Fedeguico decir que la situación hoy era igualica a la del 36. Mientras me enjuagaba le escuché razonar que en los meses anteriores a julio de 1936 los periódicos decían, como hoy, que no pasaba nada (al parecer cada vez que uno lea que la situación es normal debe echarse a temblar!). Juro que dijo que la situación era como la del 36 (Perma, échame una mano con la cita!).

El miércoles, o el viernes anterior (con tanto escandalazo artificioso servidora pierde la cuenta), los tertulianos radiofónicos mañaneros bramaron contra Garzón, por decir algo tan obvio como que no conlleva el mismo peligro la actividad de Batasuna con ETA en tregua o sin tregua. Soy afecto al Estado de Derecho (mal que le pese a Cicuta) y es imprescindible exigirle a la Judicatura que utilice criterios objetivos. Pero es que el utilizado lo es. Nadie había dejado de procesar a los Batasunos cuando incurrían en presuntas ilegalidades durante la tregua. Pero comportaban una menor amenaza inmediata, ergo, podían seguir en libertad bajo fianza. Lo más curioso es que los que más bramaban eran los que un día antes exigían la detención de todo batasuno habido y por haber, y la ilegalización de ANV, sin duda. Pero nada, a saco contra el juez que ordena su detención.

Hombre, lo de Cebrián es un poco diferente. Pero no tanto como para no flipar también cuando ese mero Consejero Delegado empresarial, antaño valiente Director de un periódico moderno y que ha hecho una brillante contribución a nuestra democracia, se arroga el papel de faro político y, todavía peor, la zafiedad con la que lo hace, para arremeter contra un Gobierno al que considera responsable de gran parte de sus males. ¿Cree el ladrón que son todos de su condición? Hemos de suponer que Cebrián sospecha de que Zapatero está favoreciendo a un grupo mediático porque sabe por experiencia propia que se hacen esas cosas desde Moncloa?

Menos mal que un juez adoptó medidas cautelares y la guerra del fútbol se ha amansado un poco, que no del todo. Pero tampoco cabe asirse a la Judicatura como soporte de la razón en este país. Lo del Consejo General del Poder Judicial no parece tener solución y viene de antaño, si bien no tiene precedente la irresponsabilidad demostrada por el PP al negarse a renovar su composición sine die.

Más nuevo y más grave es el espectáculo del Constitucional. En concreto, las vicisitudes del “sector conservador” del TC parecen salidas de un guión de Falcon Crest. Un magistrado conservador de prestigio llamado a presidir el Tribunal se atrevió al principio de la Legislatura a votar en contra del recurso de inconstitucionalidad del PP contra la aprobación del Plan Ibarretxe por el Parlamento vasco. Ello hizo que un magistrado falangista le vetara para la Presidencia, que acabó recayendo en una magistrada progresista gracias a la división de voto de la familia “Channing” conservadora. No sabemos si por rencor o por ataque de progresismo, el conservador menos facha pasó entonces a votar en contra de todos los ulteriores recursos del PP. Hasta que la Ángela Channing de turno le recuperó a tiempo para apoyar la recusación de Pérez Tremps, restableciendo el equilibrio en el Tribunal de cara a la votación sobre el recurso de inconstitucionalidad contra el Estatut. Equilibrio que seguramente se inclinará del lado conservador si triunfa la maniobra para reemplazar a la Presidenta cuando su mandato expire, quizás con tiempo todavía para fallar en contra del Estatut.

¿Adivinan qué magistrado se convertirá en nuevo Presidente del TC si triunfan las maquinaciones de la familia Channing? Acertaron, el anteayer conservador, ayer progresista y hoy futuro Presidente Sr. Conde. Con el apoyo del falangista, por supuesto. ¿Qué he hecho yo, o Vds., para tener que sufrir las consecuencias de las peleas de estos dos señores al frente del Tribunal que dicta la última palabra sobre la norma fundamental que nos gobierna? ¿Quién hace más daño a las instituciones: quién les falta al respeto como este dúo o el memo que quema unas fotitos delante de un cámara de La Razón?

Habrá que volver sobre el tema porque el Gobierno está listo para recusar al falangista y a su escudero en el Tribunal por haber escrito una carta contra la prórroga del mandato presidencial. Seguramente sería mejor para la democracia que el Tribunal pudiera finalmente hincarle el diente a la maraña de recursos contra el Estatut antes de las próximas elecciones. Especialmente dado que el Estatut no parece frontalmente inconstitucional y que algunos de los recursos son esquizofrénicos (el mejor ejemplo es el artículo catalán que el PP recurre pese a aceptar uno idéntico en el estatuto valenciano). Pero el Gobierno no se va a arriesgar y, si echan a la Presidente, intentará recusar a los dos citados de la resolución del recurso sobre el Estatut, con el consiguiente escándalo mediático. Curiosamente los pirómanos radiofónicos no han dicho nada de la maniobra contra la Presidenta…

Y por supuesto, no podemos acabar sin ocuparnos de Ibarretxe, de Ibarretxe mala leche, la que provoca el hartazgo de escucharle repetir las mismas majaderías sin fin y citarse continuamente en tercera persona agitando sus inefables orejas venusianas. La verdad es que tiene motivos para añorar Lizarra, período en el que estaba en todas las salsas, ganaba elecciones y todo el mundo le hacía caso. Ahora en cambio ETA empieza y pone fin a las treguas sin consultarle, sin ni siquiera exigirle nada a él, subrayando que el PNV es de Josu Jon. Su valía como “vote winner” es cada vez más dudosa: desde 2001 el PNV no deja de perder votos y en las últimas elecciones municipales y forales el fracaso fue estrepitoso. Aznar, con su rechazo y desprecio, le convertía en personaje. En cambio, Zapatero le ningunea con esa indiferencia del que está dispuesto a recibirle en Moncloa cuando lo reclama pero que nunca le pide que venga.

Ha venido, Zapatero le ha dicho lo que había dicho que le iba a decir y se ha ido por donde había venido, rezando porque el Gobierno caiga en la trampa y le dé excusas suficientes para volver a recrear el clima defensivo que necesita para que todas las matronas nacionalistas salgan a votarle en masa, como en 2001, a él, que iba de moderado, de tranquilo, dejándole la crispación a Madriz. Pero de momento no parece que esta vez vaya a salirle bien. Pese a la admonición inmediata de Zaplana, que reclama una reacción de Zapatero más contundente (sin por supuesto explicar en qué podría consistir), el Gobierno apunta a que va a mantener el discurso firme pero sosegado de la legalidad y la Constitución, aderezado con algunas gotas de sentido común: lo que no puede ser es imposible y por tanto no será.

Pero que Ibarretxe tenga motivos personales para insistir en su añorado Plan no justifica en modo alguno su irresponsabilidad mayúscula. Además de incoherente (el referendum iba a celebrarse originariamente sólo “en ausencia de violencia”), su discurso abunda en la arrogancia y, peor aún, bordea el enfrentamiento civil: por menos de un quítame allá un referéndum no consensuado ha muerto mucha gente, señaladamente en los Balcanes. ¿No era Euskadi el mejor sitio para vivir del mundo mundial? ¿Es de recibo que un gobernante amenace con ponerlo todo en riesgo sólo para intentar revivir sus expectativas electorales?

En fin, el jueves pasado me cogí otro avión para disfrutar del puente fuera de España. Mi escapada no fue total porque el esperpento nacional me alcanzó desde una pantalla de televisión en un bar mientras compartía un trago con un grupo de personas que disfrutan de una vida normal, de unos políticos normales, mediocres pero normales, de unos jueces ordinarios y previsibles, que no tienen que preocuparse ni luchar contra terroristas nativos y sus cómplices… Gente que no tiene el disgusto de saber quién es Otegui, ni ha padecido las mentiras de un ex Ministro del Interior como Acebes el 11-M, que ni siquiera sabe que España se resquebraja continuamente y que su Gobierno ha vendido Navarra y declarado la guerra a la Iglesia católica y a la familia. Lógicamente estos amigos alucinaron con la pitada a Zapatero durante el homenaje a los caídos, pero creo que su alucine fue aún mayor cuando traté de explicarles que los que pitaban eran precisamente aquéllos que dicen defender a la Patria y a la bandera más que nadie. Ellos no me entendieron a mí pero yo entendí su alucine perfectamente.

Hasta los güevos estoy y creo que con toda la razón del mundo. España es un país entrañable por mil razones, con una calidad de vida más que aceptable, con una prosperidad notable, creciente y comparativamente bien repartida. Y lleno de buena gente. Pero cada vez me carga más tanto escándalo artificial, tanta demagogia, tanta mentira. Y más si cabe esta semana en la que todos deberíamos centrarnos en lo verdaderamente importante que no puede ser sino carrera de Fórmula 1 del próximo domingo. Conociéndoles, fijo que si en vez de ser amigo del yerno de Aznar, Fernando Alonso lo fuera del de Pepiño, los peperos animarían a Hamilton. País… Otrosí, ¿se alegrará Ibarretxe cuando Alonso consiga su tercera corona? ¿Y Carod?