¿Hasta dónde llegará la derecha?

Ignacio Sánchez-Cuenca

El 14 de marzo de 2004 pasó algo muy parecido a lo sucedido el 6 de junio de 1993: en ambos casos, la derecha daba por segura su victoria en las elecciones generales. La victoria de Felipe González en 1993 fue un duro golpe para el PP. Los que tengan buena memoria recordarán a Javier Arenas y a Alberto Ruiz Gallardón en la noche electoral, asomados al balcón de Génova mientras lanzaban sospechas sobre el recuento de votos. A punto estuvieron de proclamar que había habido pucherazo. Tal era la seguridad que tenían en la victoria. Al día siguiente comenzó una legislatura bronca, en la que el Partido Popular utilizó todos los medios legales y alegales (no se ha demostrado que llegara a utilizar medios ilegales) para llegar al poder. Fue la primera legislatura de la crispación. Las reuniones de Cascos y Amedo en el despacho de Pedro J. para organizar la escandalera a propósito del GAL (Amedo dice en sus memorias que el dinero que se le pagó por sus declaraciones al Mundo lo puso el PP), la conspiración de la que habló Ansón con bastante detalle, las historias que el propio Garzón ha contado (y de las que él no sale bien parado) sobre sus tejemanejes con Pedro J., la operación en torno a Mario Conde, el intento de chantajear al Estado con los papeles reservados de Perote, son algunos episodios horribles de aquella legislatura.

Por supuesto, muchos de los escándalos que surgieron durante esos años tenían una base cierta: el episodio de los GAL (que había ocurrido mucho antes, y que produjo menos muertes que el terrorismo ultra de la época de la UCD), Roldán, Mariano Rubio, y un largo etcétera. El clima se hizo tan irrespirable que incluso muchos socialistas se sintieron aliviados cuando por fin ganó el PP, con muchas dificultades, en 1996.

Tras ocho años en el poder, Aznar y los suyos tenían la certeza, después de haber conseguido la mayoría absoluta en 2000, que revalidarían su victoria. Sin embargo, desde unos meses antes de las elecciones, se vio en las encuestas que los socialistas de Zapatero recortaban distancias. Llegaron a la campaña electoral prácticamente empatados. Y tras la tragedia del 11M y la desastrosa gestión que hizo el PP de aquel suceso, basada en la manipulación y la desinformación, se produjo el vuelco en las urnas. El PP no ha conseguido digerir esa derrota. Es bastante claro que muchos de sus dirigentes siguen creyendo que, de alguna forma, “les robaron la cartera�. Por eso, se han propuesto recuperar el poder “injustamente� perdido, cueste lo que cueste.

Los medios de comunicación reaccionarios se han puesto las pilas, igual que se las pusieron en 1993, y han lanzado una campaña furiosa contra el Gobierno y, en especial, contra Zapatero. En medios como Libertad Digital le han llegado a llamar pro-etarra, golpista, nazi, además de otros muchos insultos. La COPE abre cada mañana con palabras cargadas de odio contra el Gobierno y el PSOE.

Incluso con esa inestimable ayuda, el PP considera que debe también aportar su granito de arena a la ración diaria de insultos. Rajoy ha llamado a Zapatero “bobo solemne�, “insolvente�, “irresponsable�, “grotesco�, le ha acusado de “traicionar a los muertos�, de “hablar en batasuno�, de “triturar la Constitución�, de “mendigar una tregua a los terroristas�, etc. Una diputada del PP, Alicia Castro, dijo en un mitin en Asturias el 26 de enero de este año: “Hay un perfecto imbécil al frente del Gobierno central�. Se ha perdido el respeto y las formas. Aznar, en la presentación de un libro en FAES, llegó a decir el 25 de septiembre de 2005, cuando se iba a aprobar el proyecto de Estatut en el Parlamento catalán, “Esta semana probablemente se den los pasos decisivos para un cambio de régimen, sin mandato ni consentimiento de nadie�. Una acusación nada velada de golpe de Estado.

En esta estrategia de crispación, el objetivo último consiste en que muchos votantes se desanimen, den por inútil su participación en las elecciones, concluyan que todos los partidos son iguales, en fin, que baje la alta participación que hubo el 14M. Saben que cuanto más baja sea la participación en las próximas eleccions, más gente de izquierda se quedará en su casa en comparación con gente de derecha. La derecha participa más que la izquierda. Por eso, aunque haya una mayoría permanente de españoles en la izquierda, en ocasiones la derecha llega a ganar las elecciones.

Para desanimar a la gente, se han centrado en temas que oscurezcan o ensombrezcan los logros del Gobierno en materia económica y social. Tienen que hablar constantemente de terrorismo y de la unidad de España, de nacionalismo y del 11M, para que cunda la sensación de que el país va a la deriva. La gente de izquierdas se desanima con esos temas. Si en 1993 consiguió el PSOE una victoria inesperada, fue porque en la campaña lograron transmitir los logros acumulados durante los diez años anteriores en educación, sanidad e infraestructuras. El PP no quiere que se hable de esos temas. Todo ha de girar en torno a ETA, el Estatuto catalán, y temas parecidos que no tienen mucho que ver con los conflictos clásicos entre izquierda y derecha.

Pero ni siquiera están seguros de conseguir sus objetivos con esa estrategia. Por eso han decidido subir un peldaño más y entrar a saco en la justicia. Los ataques brutales a jueces como Garzón, decisiones insólitas de la Audiencia Nacional y del Supremo (doctrina Parot, sentencia sobre De Juana), la politización más absoluta del Consejo General del Poder Judicial (haciendo un informe sobre el Estatuto que nadie le había pedido, por ejemplo), y ahora el asalto al Tribunal Constitucional, muestran que el PP va a tensar las cosas al límite.

El PP ya recurrió de forma obsesiva a los jueces en la primera legislatura de Felipe González. Eran tantos los proyectos legislativos del Gobierno en los que el PP ponía recurso previo de constitucionalidad, que consiguieron bloquear la gestión gubernamental. No quedó más remedio que suprimir el recurso previo, por el manifiesto abuso del PP.

¿Qué les queda por hacer? Si no acaban de despegar en las encuestas, ¿hasta dónde se atreverá a llegar la derecha? ¿Hay algún modo de frenar esta estrategia destructora de la derecha?