Han pasado 15 días desde los 15 muertos

LBNL

Vistas las imágenes de los videos que la Guardia Civil se vio finalmente obligada a entregar al juez, quedó claro que sí se dispararon pelotas de goma a las personas que estaban en el agua, tanto desde tierra como desde embarcaciones; que estas últimas entraron en aguas marroquíes cuando lo entendieron oportuno y por tanto pudieron haber socorrido a los que se ahogaban; que los que salieron fueron inmediatamente expulsados sin hacer siquiera ademán de verificar que se encontraban en buen estado de salud; que no se ahogó uno por infarto o dos por una corriente sino quince, que son muchos, tras un largo rato de agónico intento de cruzar a nado la frontera bajo fuego cruzado, aunque fuera de pelotas de goma; que no hay un protocolo de actuación para los intentos de cruce de frontera a nado que prohíba o autorice (esperemos que nunca) la utilización de pelotas de goma contra los que están en el agua y que cuando se pidió la confección de dicho protocolo, el PP declinó hacerlo.

En vista de todo lo cual, el Gobernador civil de Ceuta, el Director de la Guardia Civil y el Ministro del Interior, han sido desmentidos una o más veces, en ocasiones por sus superiores. O bien no tienen ni idea de lo que ocurre en la frontera y se creen lo que les dicen que digan, en cuyo caso demostrarían incapacidad para el puesto, o mentían como bellacos a medida que iban improvisando versiones contradictorias.

Nadie ataca a la Guardia Civil, ni siquiera a los guardias que trataron de impedir el paso a nado de la frontera. No tienen protocolo de actuación y algún mando les ordenaría utilizar las pelotas de goma. En caso contrario deberían ser sometidos a las sanciones disciplinarias oportunas, que deberían ser graves en vista del trágico resultado. Pero no lo han sido de lo que no podemos sino deducir que cumplían órdenes, no ilegales en vista de la ausencia de protocolo, pero manifiestamente ilegítimas por inhumanas y peligrosas.

No ha habido ceses de mandos intermedios o mandos superiores ni dimisiones de responsables políticos. Ha habido quince muertos, quince, que se dice pronto, y no ha pasado nada, más allá de mucho escándalo y vociferio, sobre todo por parte de aquellos que estúpida, interesada o desalmadamente han tratado de mezclar el homicidio o asesinato de quince seres humanos con el problema, grave, de la presión migratoria y las severas dificultades para hacerle frente.

Es evidente que hay una brecha de prosperidad enorme entre la cada vez más pobre España y los países al otro lado del Estrecho. Está claro también que, por inhumano que resulte, no podemos dejar que entren en Europa todos aquellos que quieren hacerlo o no tienen más remedio que intentarlo. Ello supone un conflicto brutal entre la solidaridad y la seguridad de solución imposible y gestión muy complicada, que debe necesariamente irse adaptando a la evolución de la situación. El derecho internacional obliga a que cualquiera que llegue a nuestro territorio pueda demandar asilo y no sea expulsado hasta que se resuelva su petición. Pero son cientos de miles los que tienen razones más que legítimas para que se les conceda el asilo, de tal forma que tratamos de impedir que pongan pie en “nuestra” tierra para que no puedan demandarlo. Los europeos no somos los únicos hipócritas. Basta con detenerse en el caso de EE.UU. y Cuba, a la que solicitan que no ponga trabas a quienes quieren salir y a cuyos ciudadanos se les concede automáticamente asilo en cuanto pisan las playas de Florida. Lo cual sólo pueden hacer si consiguen sortear las trabas del departamento de inmigración norteamericano, que si les atrapa en el mar les devuelve corriendo a la isla.

Pero no valen todos los medios. No vale dispararles con fuego real ni con pelotas de goma, ni dejar que se ahoguen por sí solos. No vale electrificar la valla ni como sugería un amigo mío cuando la crisis de los cayucos, bombardear un par de ellos para que así los demás no se echen a la mar e impedir así muchos más muertos por ahogamiento que los producidos por los bombardeos. Puede ser un cálculo racional pero demasiado cercano al racionalismo nazi.

Además, hay maneras. Paguémosle a Marruecos los millones necesarios para edificar una valla en su territorio y costear cientos de guardias jurados que impidan con más obstáculos pasivos que lleguen a nuestro territorio. Legislemos un estatuto especial para Ceuta y Melilla por el cual los inmigrantes irregulares puedan ser devueltos a Marruecos en las primeras 24 horas de estancia, tras ser atendidos médicamente si es necesario. Tendría un efecto disuasorio inmediato porque ya no valdría la pena arriesgar la vida para llegar a territorio español.

Pero sobre todo, no confundamos. Los inmigrantes que tienen dinero entran irregularmente por otros medios, a espuertas, desde el Sur y por avión, y antes (supongo que ahora mucho menos) por la frontera con Francia. Son miles y miles los que entran por otros caminos y España no se hunde por ello. Por tanto, no es tan grave que pese a los obstáculos, entren algunos cientos por Ceuta y Melilla.

Lo que es grave es que mueran quince seres humanos y nadie sea imputado y ningún alto cargo sea cesado o dimita.