Hamastán, la República Islámica de Gaza

Gonzalo Caretti Oria

Ha sido una ofensiva totalmente planificada. Las milicias de Hamas, la Fuerza Ejecutiva y las Brigadas de Izzadine Al Qassam, han tomado todas las instituciones de Gaza y Fatah, para qué andarnos con rodeos, ha perdido la franja por mucho tiempo. Sin duda que era de prever; que la franja era el bastión social, político y militar de Hamas, que allí tiene la mayoría de sus fuerzas. Pero algunos guardábamos la inocente esperanza de que el Acuerdo de la Mecca y el Gobierno de Unidad Nacional durasen algo más que un suspiro. Craso error. Hamas ha “liberado�, según su iluminada dialéctica, Gaza por segunda vez. La primera, dicen los propios islamistas, llegó con la retirada israelí de agosto de 2005. La segunda es ésta, la que le permite tomar el control absoluto de la franja e imponer una solución de estado islámico. Ahora sí, sin oposición ni alternativas. Y con ello, el sueño de un estado palestino unitario, con Gaza y Cisjordania, ha saltado en mil pedazos.

A muchos de nosotros, las declaraciones de Khal ed Meshal, líder del Consejo Consultivo – Majlis As Shura, el máximo órgano decisorio del Movimiento- y responsable de las Brigadas de Izzadin Al Qassam, el brazo armado del partido, nos confundieron en cierto momento y llegamos a pensar que Hamas había moderado algunas posturas. Otros pensaban que Hamas, con la victoria electoral, se había convertido en un movimiento más nacionalista que islamista. Todo eso se demuestra falso, erróneo. Es cierto que, en estos años, Hamas ha cambiado posturas, pero han sido de cara a la galería. Se presentó a unas instituciones, las de la ANP, creadas en Oslo y que fueron fuente de viscerales críticas durante los primeros años de Movimiento. Pero Cambio y Reforma, el partido de Hamas, es sólo una operación táctica y cosmética. La idea básica del Movimiento de Resistencia Islámica sigue siendo la misma que en sus orígenes: Una república islámica en Palestina.

Esta operación de la toma de Gaza ha sido, por la envergadura, por el despliegue y por la organización – la toma de las instituciones más importantes ha sido una operación militar desarrollada de pocas horas- un movimiento militar perfectamente coordinado. Es decir, estaba planeado de antemano. No es el producto de un estallido esporádico de violencia que ha desembocado en este resultado. En algunos casos, la Fuerza Ejecutiva y las Brigadas de Izzadine Al Qassam tomaron el control de las dependencias policiales de Fatah en pocos minutos. Los hombres de Fatah no han ofrecido demasiada resistencia y los líderes han salido corriendo. Hamas tiene el control absoluto de la Franja, puede operar y legislar a su antojo, y a sabiendas de que es muy difícil para el partido de Abbas, fundado por Arafat, una reconquista del territorio.

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina ha reaccionado: Ha destituido al gobierno de Unidad Nacional en el que se encontraba Hamas, ha formado uno de Emergencia – formado por independientes y tecnócratas, al que la Ley Palestina le permite gobernar durante 3 meses sin apoyo del Parlamento- y ha declarado ilegales a las milicias de Hamas, tanto la Fuerza Ejecutiva como las Brigadas de Izzadine Al Qassam. Claro está que todo esto no tiene ninguna validez en Gaza, que desde hace unos días se rige por otras normas. Gaza ahora es el Hamastán, donde se han visto espeluznantes movimientos y hasta alguna ejecución sumaria.

Las miradas están puestas todas en Cisjordania. Allí la fuerza de Hamas es mucho más limitada y, aunque es cierto que existen pueblos como Nablus, Hebrón o Tulkarem donde los islamistas gobiernan, nadie se atreve a asegurar que los votos que consiguieron no son otra cosa que un castigo al nepotismo y corrupción de Fatah. El partido de Abbas tiene que andarse con cuidado con sus reacciones, atar en corto a las impulsivas Brigadas de los Mártires de Al Aqsa y medir mucho sus pasos.

La toma absoluta del control obliga a las potencias internacionales a meditar. ¿Que soluciones hay? Parece que más bien pocas. No siempre hay soluciones para todos los errores. Israel, que buscaba este resultado – la guerra civil palestina- desde hace casi 40 años, cuando Arafat y Al Fatah eran el gran enemigo que lideraba y unificaba la causa palestina y el clásico “divide y vencerás� se presentaba como una opción, está ahora asustado. Gaza es una bomba de relojería que puede crear muchos problemas, especialmente con el contexto que Israel tiene a sus alrededores: Líbano en el mismo filo de la navaja, Hezbollah lanzando ofensivas para desestabilizar al gobierno libanés y hacerse con el control, Siria operando de forma sibilina por Líbano mientras recibe ofertas israelíes para negociar los Altos del Golán, Irán proclamando bravatas sobre la destrucción cercana del Estado de Israel mientras no se sabe bien que quiere hacer con su energía nuclear, y ahora Hamas controlando totalmente Gaza, una franja que tiene salida al mar y frontera directa que Israel no controla. Es para asustarse, pero era de esperar, habida cuenta de las grandes barbaridades que se han hecho en la región. Por otro lado, Estados Unidos está bastante perdido, no tiene ideas y ya tiene suficiente con pensar salidas honrosas – estéril tarea- de Iraq, tiene poca capacidad de maniobra, menos prestigio aún en la región y fuera de ella, con cada vez menos socios, y cerca de sus elecciones presidenciales. Europa, que, bueno, es Europa. Pone el dinero, la mediación, pero no tiene suficiente peso ni influencia para presionar de forma efectiva a las partes.

Entre las soluciones que se han oído estos días entre los diplomáticos, una parece destacar y ya ha habido gestos. Olvidarse de Gaza y buscar una negociación Israelí-palestina con base en Cisjordania. Olmert ha dicho que es una oportunidad para negociar la Paz. “Un gobierno que no sea de Hamas es un socio para Israel�, dice, y plantea negociar con el nuevo gobierno palestino de emergencia, en el que no estará Hamas. Pero si eso se hace, tendrán que taparse mucho la nariz, porque en Gaza hay mucha, mucha gente que pagará las consecuencias de una política excluyente y de una guerra civil en Stand By deliberadamente buscada por la geoestrategia política internacional. Quién sabe las consecuencias. Otra opción la baraja el nuevo ministro de defensa Israelí, Ehud Barak, un viejo conocido en la política Israelí: Una intervención militar en Gaza. Y no parece tan descabellado. Como dice, Tomás Alcoverro, corresponsal en Oriente Medio desde hace más de 30 años, y uno de los más certeros analistas de la zona, las guerras en Oriente Medio son para el verano.

Mantener el Boicot, o entablar relaciones con Hamas; Incursión militar, o negociación con base en Cisjordania. Bloqueo económico o abrir las fronteras…Lo cierto es que todas y cada una de las posibles soluciones arrojan consecuencias imprevisibles, y pensar que Hamas ha moderado un ápice sus posturas es ingenuo. Al final, como siempre, y lleva sucediendo desde hace años, la solución para los palestinos será algún cálculo geoestratégico que beneficie a las potencias, subpotencias o actores regionales más allá de sus fronteras. Y esto se ha mostrado un gran fiasco.

Desde su reino, Hamastán, muy probablemente Hamas haga algunas maniobras de confusión en los próximos días que haga pensar que no es tan fiero el león como lo pintan. Posiblemente se libere al periodista de la BBC, Alan Jonston, secuestrado desde hace tres meses. También puede que se vuelva a oír hablar de la liberación del soldado israelí, Shalit, capturado por los Comités Populares de Resistencia hace un año. Movimientos que juegan al despiste, porque Hamas necesita un respiro, dinero, tregua diplomática, y capacidad de movimiento. Pero Gaza es ahora su república, bajo sus reglas, y no olvidemos sus estatutos, que a día de hoy, no han cambiado un ápice: “El Islam es el sistema� (Artículo 1 de Estatuto de Hamas, 1987).

El sueño hecho pedazos. Cuando huyó el enemigo, volvió la guerra. Hamas y Fatah son dos fuerzas igualadas, con modelos de estado diferentes y contradictorios enfrentados. Un estado islámico frente a uno secular y nacionalista. No se puede dar uno en el otro. Están condenados a enfrentarse. La unidad palestina ha saltado por los aires. Sálvese quien pueda.