Haití, el terremoto neoliberal (I). Historia y deuda

Senyor_g 

Martes 05/03/2010, 18:30, sede la FCONG. Primera parte.

“Que angustiados estamos por cómo muere la gente. Que despreocupados por cómo viven” P. Sainath. 

Mesa redonda para situar históricamente a Haití, el peso de su deuda y la forma que tenemos de ayudar frente al terremoto sufrido. Después de la ola de solidaridad de los medios de comunicación, los organizadores se preguntaban si se estaba explicando bien lo que había pasado y lo que pasaba. Para ello, un interesante collage a cuatro voces complementarias y a ratos solapadas para no dejar nada en el tintero: 

Javier Laviña, profesor de Historia de América de la Universitat de Barcelona

Iolanda Fresnillo, Observatorio de la Deuda en la Globalización

Carles Soler, Veterinarios sin Fronteras

Jordi Calvo, Centre DelàsJustícia i Pau 

Hoy os presento la crónica de la parte más histórica y económica de los ponentes. Dejo para la siguiente ocasión el tema de la ayuda y su militarización. Como siempre, lo bueno y aprovechable que se diga es cosa de  los ponentes; las incorrecciones, deslices y otros errores sólo atribuibles al Senyor_g.

Javier Laviña: el terremoto liberal de los de libertad, igualdad y fraternidad.

Empezó nuestro historiador discrepando del título antes de entrar al trapo. Más que terremoto neoliberal sufren realmente un tsunami neoliberal, pero de los liberales clásicos de la Libertad, Igualdad y Fraternidad.

La colonia más importante de Francia.

Haití era en su momento, la colonia más rica de Francia, 50% de las naves francesas iban o venían de allí y, al llegar las noticias de  la Revolución francesa, se crea una guerra civil en la isla entre las élites que dominan el negocio azucarero, ya sea los que están a favor de la revolución, como los que están a favor de la monarquía, como los que están a favor de la ocupación inglesa o de la intervención desde Santo Domingo, colonia española con la que compartía la isla.

Empieza la revolución.

En el año del inicio de la revolución, 1789, la población haitiana está compuesta por:

–       500.000  esclavos negros y mulatos,

–       50.000 mulatos libres

–       y 10.000 blancos. 

Declaran la asamblea general. Los mulatos quieren ser iguales, pero iguales a los blancos y manteniendo la esclavitud. Los blancos opinan que eso no puede ser, y los negros continúan por ahora cortando caña. Hasta que en 1793, grupos de esclavos se rebelan y empiezan a cortar cabezas de blancos dejando de cortar la caña. Los blancos deciden abandonar la isla hacía Cuba, los Estados Unidos o Venezuela, con todo lo que tienen, incluso con sus esclavos y, de haber podido, se habrían llevado hasta los campos. Muchos de estos montan cafetales en el oriente cubano.

Los propietarios blancos se han ido, pero quedan en la isla 5 ejércitos:

–       el español en occidente,

–       los ingleses desembarcando en el norte,

–       republicanos franceses en la ciudades,

–       mulatos en el sur

–       y  negros en el centro y norte proclamando la revolución.

Tenemos la primera y única revolución de América Latina, una revolución negra, donde los esclavos pasan a ser libres y la propiedad se prohíbe. 

Una vez  proclamada la independencia en 1804,  Napoleón, con el que es el mejor ejército europeo del momento, intenta recuperar Haití para Francia. Pero es derrotado, unos dicen que por la fiebre amarilla, aunque lo fue sobre todo por la fiebre negra. Puede continuar la ruptura con lo anterior: los blancos no pueden ser propietarios según una constitución que algunos desean escribir sobre la piel de un blanco, con un tintero hecho con la calavera de un blanco llena con la sangre de un blanco. Haití se parte en dos, los mulatos proclaman la república y al norte se proclama la monarquía, aunque también con una constitución.

Comienzan los golpes, contragolpes e injerencias externas.

En el norte se mantiene la estructura económica de los cañaverales y la exportación, sobre la libertad de la población, la propiedad colectiva de la tierra y el trabajo obligatorio. En el sur, en cambio, se reparten las tierras en busca de una economía que tiene como objetivo la autosuficiencia y que carece de exportaciones. Con lo que nos encontramos con una monarquía al norte, que tiene una hacienda de la que no dispone el sur, hasta que en 1820 se produce un golpe de estado que hace caer la monarquía y unifica el país. Un año después invaden Santo Domingo con la voluntad de unificar la isla, un Santo Domingo cedido por España a Francia, aunque ésta nunca se hará cargo.

Empiezan las injerencias por una Francia que en 1825 decide bloquear la isla exigiendo 22.000.000 de francos en oro por los daños causados a los propietarios franceses. Y hasta que acaben de pagar esta deuda en 1947[1] (no es una errata, siglo XX) se producen golpes, contragolpes e incluso los alemanes intentar invadir y cobrar los gastos de invasión a los haitianos.

El orden yankee se impone.

Por fin los Estados Unidos deciden poner orden en 1905, tal como acostumbran o acostumbraban, con una invasión de marines, el Citibank comprando una parte del Banco Nacional Haitiano y llevándose una parte de las reservas a Nueva York, ¿dónde iban a estar más seguras? Y decidiendo que los depósitos de los haitianos no tienen por qué cobrar intereses. Los EEUU se retiran, pero mantienen hasta 1947 el control de las aduanas, haciendo pasar todo el comercio haitiano por ellos.

Se suceden golpes y presidentes, en 6 años llega a haber 8, hasta que con el apoyo de los EEUU, de quién si no, Duvalier accede al poder, pacifica, pone orden y controla las finanzas. Le conceden préstamos, y se empieza a generar una deuda que es disfrutada por la familia Duvalier. Cuando el hijo abandona el país camino de Suiza, se lleva consigo gran cantidad de dinero.

Por fin, en 1986 empieza Haití a existir como país independiente. Se elige un presidente que no es un dictador impuesto por extranjeros y a su servicio.

A Haití se le debe.

Recordando un artículo aparecido en La Vanguardia, Haití no debe, se le debe el negocio que hizo Francia, la esclavitud y la revolución industrial que no se podría haber hecho sin esclavos. Es la hora de que Europa reconozca la deuda y la pague.

Haití no es un desastre, lo son los gobernantes y los que los han puesto, como Papa Doc con la ayuda de los USA. 

Iolanda Fresnillo:

Iolanda Fresnillo partió de lo explicado por Javier para explicar otra historia, la historia de la deuda externa de Haití. Una historia que percibimos aquí como algo muy abstracto. Son una serie de deudas históricas, monetarias, ecológicas,… que desde la ODG reconocen y que no acabaron con el pasado colonial, sino que continúan hasta ahora.

La deuda externa no es algo aislado, sino que está rodeada por una serie de aspectos con los que conforma un mismo modelo. Con unos mecanismos para generarla a los que no nos podemos considerar extraños y de los que intentó mostrar los vínculos.

Ya en el Foro Social Mundial del 2005 se pedía la cancelación de la deuda externa de Haití y la retirada de las tropas de la OUN. Y 5 años después seguimos con la misma situación.

Una historia de deuda externa, y privatizaciones.

La deuda de Haití se remonta a aquella deuda que tuvo que pagar por su independencia, a la que se le fueron sumando nuevas cantidades por préstamos de diferentes dictadores. Por ejemplo, con Duvallier la deuda se multiplicó por 17,5, generó 750 millones de dólares de deuda y su hijo se llevó a sus cuentas, cuando abandonó el país, 900 millones camino de Suiza. Es verdad que son cuentas bloqueadas, pero el Estado suizo se niega hasta ahora a restituir este dinero al pueblo haitiano. Puede parecer una historia de un malvado Duvallier, pero como nos hizo notar Iolanda, alguien le debía prestar al dictador sabiendo además para qué usaba estos préstamos un tipo como Duvalier. Para eso estuvieron bancos de EEUU, Reino Unido y Francia, o el mismo Estado americano y el FMI. Es una deuda odiosa. 

En los 80’s esta deuda siguió creciendo gracias al BM, al FMI y a bancos públicos regionales, con presencia española. Esta deuda ascendía en el 2008 a 1.802 millones de €[2]. Son nuevos préstamos, pero son a cambio de contrapartidas, tienen letra pequeña. Así,  el FMI dejó dinero a cambio de privatización del agua potable, la electricidad, los aeropuertos y la telefonía. Es decir, son préstamos con la clara intención de que se abran los mercados a los dueños de las instituciones que prestan.

Aligerar la deuda, pero no cancelarla.

Nos recordó las iniciativas que nos llegan de tanto en tanto para aligerar la deuda de países como Haití. Aligerar que no cancelar, en algunos casos se habla de aligerar hasta 80% de la deuda de los países del HIPC, los países más pobres del mundo, sobre todo subsaharianos y también Haití. Cómo no, también hay letra pequeña: para acceder es necesario realizar un proceso, eso que se llama modernizar la economía. El FMI le pone el nombre de planes de crecimiento y reducción de la pobreza. Pero a la postre se traducen en completar la privatizaciones de las telecomunicaciones o de la Fábrica Nacional de Harinas o de Cemento. Haciendo de este país el más liberalizado de América Latina.

Aligerar, pero no demasiado. Hay que pensar que los tan anunciados descuentos son sobre el monto e intereses de futuro, así que después de la reformas aún les quedan por devolver 1.275 millones de deuda al FMI, al BID, a Venezuela (que la cancelará totalmente), a Taiwan e incluso 30 millones de euros a España. Nuestro país dice que donará 4 millones de €, y que piensa cancelar el 60% y el otro 40% destinarlo a proyectos conjuntos con empresas españolas. El ODG está criticando este hecho con mensajes y mociones en los ayuntamientos, aprovechando que el gobierno sigue estudiando la propuesta.  Aún así, Haití deberá pagar grandes cantidades durante décadas. En esta situación ¿cómo puede afrontar la reconstrucción si aún tiene tanto que devolver a sus acrredores? Pero realmente ¿quién debe a quién?

[1] Creo que deberían tomar  nota los islandeses.

[2] Las cantidades me bailan un poco, a veces tengo anotado € y otras $, en cualquier caso estamos hablando de grandes cantidades y no cambia el sentido de la intervención.

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