Hagan juego

Guridi 

Pues Patxi López se lanzó a la carrera sucesoria del PSOE. Y la verdad es que Patxi siempre ha sido el eterno “tapado”, pero que nunca se había decidido a dar el paso para tomar los mandos del PSOE, algo que se le reclamaba desde los tiempos de Rubalcaba. De hecho, Rubalcaba le vino a insinuar que él sería su sucesor, en un proceso ordenado, con dimisiones de por medio y eso. Pero esa promesa nunca se cumplió y Patxi vio como Rubalcaba se iba, se convocaban primarias, se le adelantaba Madina y cómo él, como muchos otros, puso la zancadilla a Madina: un castigo por haberse presentado antes que él.

Tras la experiencia, Patxi ha decidido que hay que pegar primero, como hizo Pedro en cierta manera. Ser el primero en dar un paso adelante y lanzarse al ruedo, robando a Pedro los apoyos orgánicos de los que creía disponer. No deja de ser irónico que Pedro se haya quedado a solas con las bases, tras haberse golpeado repetidamente el pecho afirmando que era el candidato de éstas. Lo malo de que Patxi se haya llevado a los fontaneros es que ahora Pedro se va a enfrentar a duros problemas logísticos, como la organización de actos, la recogida de avales y la planificación de su campaña. La mayor parte del equipo que le queda a Pedro Sánchez son gente que le es fanáticamente leal, pero que no tiene la experiencia ni los conocimientos para sacar adelante una campaña de primarias. Ahora es cuando va a ser dolorosamente evidente la falsedad de esas cosas de las que Pedro presumía, como que iba a todas partes en su coche particular, que se pagaba él mismo sus gastos y que los militantes le acogían espontáneamente en sus casas.

Patxi tiene otra clase de problemas. Es verdad que tiene en su equipo a gente con mucha experiencia en procesos internos, pero el haber cabalgado a lomos de la ira y las acusaciones de traición esgrimidas por Pedro le van a pasar factura. Tiene a los cuadros necesarios, sí. Pero no tiene a la militancia fanatizada de Pedro, que contaba con traspasar a sus filas.

Además, el discurso de Patxi es muy antiguo. Dice cosas que podían haber ilusionado hace una década o dos, pero que hoy en día suenan a palabrería manoseada. Y sus críticas a la Gestora o a la actual dirección política de los grupos parlamentarios socialistas se ven cómo pellizcos de monja por parte de los críticos y como faltas de educación por parte de los partidarios de la Gestora.

Se puede dar la paradoja de que Pedro tenga los votos, pero no los avales y de que Patxi tenga los avales, pero no los votos.

En esta extraña situación de tablas, Pedro tirará de su recurso más abundante: la osadía. Por eso mismo va a irse este fin de semana a Sevilla, a hacer una exhibición de fuerza en pleno corazón de la provincia de la que nació el poder de Susana Díaz. Sólo si la asistencia a sus actos flojea, Pedro se planteará tirar la toalla. Aunque no apoyará a Patxi. No puede hacerlo, dado que es tal su grado de resentimiento que sólo piensa en ganar para purgar al partido, no para componer lo que él mismo ha roto.

Mientras tanto, Susana Díaz se prepara guardando silencio y haciendo ocasionales exhibiciones de fuerza. Susana tiene sus propios problemas, como cierta parte de su entorno del que debe desprenderse antes de que le cause algún quebradero de cabeza en forma de titulares. Pero también es vista con desconfianza por parte de la ciudadanía, que la ve como una figura muy orgánica pero poco política. Y los modos y maneras de parte de sus colaboradores son percibidos con espanto por sus potenciales partidarios, que temen que con ella llegue un modelo de partido en el que la imposición gane al diálogo, la uniformidad a la diversidad de opiniones y la jerarquía al mérito.

Con Susana Díaz ocurre lo contrario que con Pedro Sánchez y es que las personas que la conocen directamente pasan a ser sus partidarios, mientras que el contacto directo con Pedro siempre conduce a la decepción. Eso explica por qué Pedro se ha quedado sin equipo de repente. Si Susana Díaz decide presentarse tendrá que calcular cuidadosamente si le da tiempo a desactivar la desconfianza que aún despierta en mucha gente. Y a ver si Pedro termina por decepcionar a tanta gente que se quede solo en su rincón.

¿Hay espacio para que se puedan presentar más personas? Todo es posible. Aún queda talento dentro del PSOE, pero en esta época convulsa prefiere agazaparse e intenta ser útil antes que dar un paso adelante y caer víctima de los diferentes aparatos del partido. 

¿Alguién se atreve a hacer alguna predicción?