Hacia la guerra civil en Irak

Magallanes

La retirada del último contingente de tropas americanas de Irak el 18 de diciembre, después de 9 años de ocupación y 4500 militares muertos, no ha supuesto un mayor sentido de responsabilidad política por parte de los políticos representantes de las dos facciones rivales: chiíes y suníes. Siguen comportándose como si alguien les fuera a impedir llegar a las manos a pesar de que solo quedan unos 200 militares dentro de la Embajada estadounidense.   

Un mes antes de la retirada, el actual primer ministro Maliki, que dirige un gobierno de mayoría chií, viajó a Washington donde firmó contratos de entrega a Irak de importantes armamentos para sus ejércitos de aire y tierra y de material antidisturbios. Allí prometió seguir compartiendo el poder con  una minoría de ministros chiíes. Además hay un Presidente kurdo y un vicepresidente suní.

Sin embargo, el mismo 18 por la mañana, Maliki acusó al vicepresidente suní Hashimi de haber dirigido en el pasado unos comandos terroristas suníes y exigió su arresto. El vicepresidente logró escapar al norte de Irak, donde manda un gobierno autónomo de kurdos que le han amparado. Pero Maliki arrestó a varios de los lugartenientes de Hashimi y les hizo confesar que su acusación era cierta. Rápidamente, el vicepresidente estadounidense Biden llamó a Maliki urgiéndole a que retirara la acusación y veladamente le indicó que el envío del material militar comprometido podía retrasarse.

A pesar de ello, Maliki ordenó la vigilancia continua de las oficinas del partido Iraquiya, de mayoría suní,  y se dirigió a los kurdos advirtiéndoles de que tendrían problemas si no entregan a Hashemi. El secretario general del partido Iraquiya, Allawi, que fue Primer Ministro en el gobierno anterior al actual,  se ha dirigido al Gobierno estadounidense advirtiendo que si Maliki prosigue en su actitud, es probable que Irak se deslice hacia una guerra civil. Además, ha ordenado a los parlamentarios de su partido que dejen de acudir a las sesiones del parlamento. En respuesta, Maliki ha amenazado con sustituirlos por congresistas de otros partidos.

Ha  habido crisis políticas entre chiíes y suníes anteriormente, pero se considera que esta es la más grave. Y, sobre todo, no era previsible que la crisis se agravase con  el estallido de bombas en lugares públicos. El 22 de diciembre, al día siguiente de la comparecencia de Maliki en televisión, en la que amenazó con la terminación del gobierno mixto, se produjeron varias explosiones coordinadas en Bagdad con el resultado de 63 muertos y 180 heridos graves. Todavía no ha sido revindicado este atentado, pero se supone que es obra de Al Qaeda, que trata de crear un enfrentamiento armado entre chiíes y suníes aprovechando la crisis actual.

Un nuevo golpe a una posible reconciliación ha venido del ala más radical y proiraní de la coalición de Maliki, el partido del clérigo chií Moktada Al-Sadr. Éste ha pedido la disolución del actual parlamento y la convocatoria de nuevas elecciones. Sin duda, aprovechan la crisis convencidos de que sin la presencia de las tropas norteamericanas, los resultados electorales elevarán el número de congresistas chiíes del 51% actual a uno mucho mayor. Y, seguramente, muchos de ellos serán del partido del clérigo. Sin embargo, técnicamente eso supondría  la convocatoria de elecciones y no es una solución a corto plazo del impasse actual. Además, se recuerda cómo en las elecciones parlamentarias anteriores, el parlamento elegido tardó 8 meses en constituir un gobierno. Está claro que Al-Sadr simplemente ha querido mostrarle a Maliki que por parte suya no hay ningún obstáculo en nombrar a dedo parlamentarios nuevos para sustituir dictatorialmente a los suníes. Pero Maliki tampoco puede enemistarse con Washington so pena de caer en manos del chiísmo radical.

Ahora bien, Irak está en el centro de Oriente Próximo, rodeado de 3 grandes potencias musulmanas: Turquía, Irán y Arabia Saudita. Desde un punto de vista religioso-cultural y geopolítico, éstas vigilan que ninguna de ellas acabe rigiendo los destinos de Irak.

Aunque hay en Irak chiíes que no se sienten atados a Irán, la mayoría se siente política y culturalmente atraída por ese país, sobre todo los del partido radical de Al-Sadr.  Arabia Saudita, en cambio, se considera protectora de la minoría suní de Irak y no toleraría que estos perdieran aún más su limitado poder en Irak. Finalmente, Turquía, cuyo partido islamista no comparte los principios teocráticos de Irán, ve con mucho temor la creciente influencia de Irán en Irak. Turquía, además, mantiene buenas relaciones con la autonomía kurda de Irak en el entendimiento de que tienen que controlar a los separatistas kurdos turcos que desde las montañas que separan ambos países hacen frecuentes incursiones en Turquía. No le interesa en absoluto que la mayoría chií de Irak pudiese establecer un gobierno fuerte en Bagdad que redujese o acabase con la autonomía kurda del norte de Irak.

Finalmente, al sur de Turquía y oeste de Irak está Siria, donde todavía manda el dictador Asad. El gobierno de Asad es aliado de Irán y de los chiíes de Líbano, cuyo partido Hezbolá es poderoso. La mayoría suní de Siria está intentando derrocar a Asad y sus partidarios, aunque están lejos de conseguirlo. Turquía, que tradicionalmente ha mantenido buenas relaciones con Siria e Irán, se ha distanciado con la inhumana represión que  Asad está cometiendo en muchas ciudades sirias, casi todas muy cercanas a Turquía. Por ende, también se ha distanciado de Irán y lo que menos le gustaría sería que existiese un eje Siria-Irak-Irán rodeándole por el sureste. Por ello, no podría tolerar que los suníes y kurdos de Irak fueran expulsados del poder por los chiíes iraquíes. Detrás de Turquía, está EEUU, que tampoco podría aceptar una mayor hegemonía de Irán en la región. Ello acabaría con la intervención en el conflicto de Israel y la contaminación radioactiva de toda la región. EEUU no puede volver con tropas, pero sí puede dar todo su apoyo militar a Turquía y Arabia Saudita.

En una palabra, si los políticos iraquíes son incapaces de salvar su incipiente democracia y se precipitan hacia un conflicto armado, sus facciones se verán apoyadas por  potencias extranjeras y el conflicto podría extenderse. Esperemos que todo esto no sea más que un mal sueño de este articulista.