No es tiempo de derrotismo

H2S3

Que resurjan los discursos sobre la necesidad de que Zapatero convoque elecciones anticipadas no es sorprendente. Lo que me asombra es la cantidad de voces “amigas” que consciente o inconscientemente se prestan a amplificar su impacto. Pues bien, recordemos un par de cosas obvias: la Legislatura no ha llegado todavía a su ecuador y la responsabilidad de gobernar se adquiere ganando las elecciones, algo que el PP de Rajoy todavía no ha sido capaz de hacer por mucho que en marzo de 2009 sus acólitos así lo corearan en la calle Génova.

Por lo demás, no hay ningún dato que haga dudar de la capacidad del Gobierno de prolongar la Legislatura hasta marzo de 2012, es decir, por dos años y medio adicionales. Más bien al contrario. Zapatero repitió la apuesta de la Legislatura anterior y optó por gobernar apoyándose en mayorías ad hoc variables según el asunto. No es de extrañar porque en la anterior Legislatura le fue muy bien así y en ésta es menor todavía la distancia con la mayoría absoluta.

La gravedad de la crisis económica hizo peligrar la estabilidad gubernamental hace pocos meses, pero el grupo socialista fue capaz de sacar adelante el presupuesto del próximo año que, si fuera necesario, admitiría prórroga el año que viene, algo que difícilmente habría cabido este otoño dada la necesidad de ajustarse al escenario de recesión. El Gobierno fue, además, capaz de sacar adelante un nuevo modelo de financiación autonómica que, a decir de los tertulianos, parecía imposible durante meses y, después, el fin de España y el mercado único. Al parecer exageraban.

No eran pocos los afines al PSOE que recomendaban fervientemente a Zapatero que optara por pactar en el Congreso con CiU o el PNV, al más puro estilo del manual “felipista”. Y ya ven, el PSOE gobierna en Euskadi –recordemos también las advertencias del PNV sobre las consecuencias gravísimas que iba a tener su pase a la oposición- y en Cataluña.

Es obvio que la situación política en Cataluña es compleja y no exenta de riesgos para la estabilidad del Gobierno de Zapatero. Lo raro es que no fuera así teniendo en cuenta las particularidades de los socios del PSC en el tripartito, el desgaste normal de una segunda Legislatura y la proximidad de las elecciones autonómicas. En este caso, además, contamos con la cuestión de la sentencia pendiente del Tribunal Constitucional sobre el recurso del PP contra el Estatut.

No son pocos los que se atreven a predecir el sentido de dicha sentencia. No voy a ser yo menos. Contra el criterio de los periodistas –sobre todo los de PRISA- que una vez y otra también advierten sobre el carácter limitativo que sin duda va a tener, yo sigo apostando por algo mucho más sensato. Atendiendo a su propio papel constitucional, del que es plenamente consciente, el TC no puede sino pronunciar una sentencia interpretativa, es decir, que limite a través de una interpretación restrictiva de algunos preceptos del Estatut antes que anulándolos.

Por ejemplo, no tendría sentido que anulara la mención a la “nación” en el preámbulo, que como el TC sabe bien tiene poco valor jurídico. Más bien, precisará el sentido de dicha referencia, es decir, para lo que vale y para lo que no vale por contradecir la Constitución. De la misma manera, lo lógico es que interprete la obligación de conocer el catalán, prescribiendo hasta dónde puede llegar y a partir de qué punto sería inconstitucional. Y lo mismo para la cuestión de las diferentes competencias que Cataluña se arroga a través del Estatut que, en el peor de los casos, el Gobierno podrá traspasar a través de otros mecanismos legales, como ya hizo el Gobierno de Aznar cuando le convino para mantener el apoyo de CiU. No olvidemos tampoco que algunas de las pretendidas “inconstitucionalidades” del Estatut están contenidas también en otros estatutos de autonomía de reciente cuño, cuyos preceptos análogos no pueden ser anulados dado que no fueron recurridos –un ejemplo más de la coherencia patriota del PP. ¿Sería de recibo anular para Cataluña lo que nadie pone en duda para Andalucía o la Comunidad Valenciana?

Es posible que me equivoque y que el TC desprecie la realidad socio-política, amenazando no ya la estabilidad del Gobierno sino la viabilidad de todo nuestro entramado jurídico-político. Sería tremendamente irresponsable por su parte abstraerse de toda circunstancia práctica y limitarse a la letra del Estatut y a su validez respecto a la letra de la Constitución. Tanto ésta como aquél son meros instrumentos jurídicos que deben ser interpretados a la luz del sentimiento social mayoritario, tal y como establece nuestro ordenamiento jurídico. Y no tendría sentido ninguno olvidar que el Estatut ha gozado y goza del apoyo de los representantes políticos de Cataluña, del Parlamento español y de la ciudadanía de Cataluña, por orden cronológico. Y menos aún que semejante desatino fuera perpetrado por un grupo de magistrados y jueces cuya legitimidad está en duda por las prolongaciones extraordinarias de sus mandatos y demás circunstancias extraordinarias.

En fin, que hasta que la realidad no me demuestre lo contrario, seguiré pensando que el TC conseguirá pronunciar una sentencia equilibrada que causará un cierto revuelo temporal en algunos ámbitos –espero que sobre todo en Génova- y que permitirá que las próximas elecciones catalanas tengan lugar con plena normalidad democrática y constitucional –, ojalá con un rotundo hundimiento de ERC y del ínclito Laporta si es que se presenta.

De ETA no hace falta siquiera hablar: está en sus peores momentos e, incluso si volviera a matar, el Gobierno no se vería afectado por ello –quizás al contrario- dada su posición de firmeza sin fisuras.

La verdadera amenaza es, evidentemente, la gravísima situación económica. No quiero quitarle hierro, pero el otro día un amigo de un amigo me invitó a cenar a Zalacaín a media tarde: ya no quedaban mesas de no fumador. Anécdotas aparte, los analistas consideran que lo peor ha pasado y que en los próximos meses volveremos a la senda del crecimiento. Yo no las tengo todas conmigo, más bien al contrario. Me parece que queda mucha deuda por destruir, mucho “desapalancamiento” por realizar y que es muy probable –ojalá me equivoque- que el mundo entero sufra una segunda ola de crisis de proporciones similares a la de otoño de 2008, con el agravante de que ahora la capacidad de respuesta de las autoridades económicas está muy mermada. En el mejor de los casos, me temo que nos enfrentamos a uno o varios lustros –si, lustros- de mediocridad económica, creando muy poco empleo y haciendo esfuerzos para pagar los recibos de la deuda pública.

En todo caso, mis predicciones agoreras son a escala global, por lo que el Gobierno debería ser capaz de explicar que España es víctima de una situación internacional, en la que no entró por su propio pie y de la que no puede salir sola. Este es, a mi juicio, el mayor problema del Gobierno de Zapatero: su incapacidad para trasladar a la opinión pública algunos mensajes sencillos y claros, y ciertos por lo demás.

Cualquier taxista afirma sin dudar que España se ha quedado atrás en la recuperación económica y, sin embargo, todavía estoy esperando a que algún portavoz gubernamental recuerde a la opinión pública que también España entró en recesión uno o dos trimestres después de los que ahora están saliendo de ella. Desde que tengo memoria, nuestro ciclo económico registra un cierto retraso con respecto del de las principales economías del mundo, pero nadie lo dice.

Mucho me temo que los fallos de comunicación del Gobierno no responden sólo a las manifiestas limitaciones de la Vicepresidenta primera para actuar como portavoz. El otro día la oí muy de cerca en un acto público y no pude escuchar lo que decía porque mi mente se entretenía imaginando cuán sería mi rechazo si esa señora fuera del PP. La expresión de su rostro absolutamente arrugado, la cresta amarilla que corona su cabeza y la grima que provoca su increíble figura, provocan en mí un efecto a la “Michael Jackson”, que me imposibilita atender al contenido de lo que dice. Entiéndaseme bien, no creo que haya que nombrar sólo a portavoces guapos; lo que estoy diciendo es que un histrión como esa señora no puede ser la mejor opción, especialmente si evoluciona a peor, quien sabe si por el lógico cansancio o por la pérdida de poder relativo por la proliferación de vicepresidencias. O por ambas cosas.

Claro que, puestos a mover el banquillo, Zapatero debería ir bastante más allá. Es claro que ahora no es el momento. Para bien o para mal, este es el equipo de gobierno que debe afrontar el semestre de Presidencia de la Unión Europea, que exige un esfuerzo descomunal y que implica una responsabilidad a escala europea e internacional. Raro será que el Gobierno no saque provecho de ello, incluso en el caso de que se presenten retos internacionales graves e imprevistos. Zapatero y sus ministros van a tener mucho trabajo, pero también mucho protagonismo, codeándose con los grandes líderes internacionales y liderando muchas soluciones a problemas importantes; es decir, muchos minutos de televisión. Es seguro que los tertulianos de la derecha tienen ya sus diatribas escritas sobre lo chapucero de la Presidencia española, pero también que la ciudadanía es capaz de juzgar por encima del ruido mediático interesado, como demostró la reválida electoral de Zapatero pese a haber sido acusado de cómplice de ETA, del 11M y haber acabado con la unidad de España.

Pero eso sí, una vez completada la Presidencia será impostergable remediar de una vez por todas los graves fallos de comunicación y de coordinación interna de la acción de este gobierno, que vienen lastrando su eficacia desde el principio pero que en los últimos tiempos se han convertido en su principal amenaza. En paralelo, convendría que Zapatero hiciera un esfuerzo por recuperar el contacto directo con la sociedad, con los jóvenes, con las mujeres, con las ONGs, que saliera más a cenar fuera, etc. En este sentido ¿cómo es posible que habiéndose registrado un enfrentamiento de Copa del Rey –a doble partido- entre la Cultural Leonesa y el Barça no fuera al campo? ¿No era una ocasión inmejorable? Es decir, menos partidos en Moncloa con Rubalcaba y cia. y más trato con la gente.

Volviendo al principio, la democracia tiene sus cosas y una de ellas es que, mal que le pese a algunos, Zapatero va a seguir gobernando durante los próximos dos años y medio. Bien mirado, tampoco es tiempo de derrotismo para el PP porque ello les da tiempo para poner su casa en orden e incluso para cambiar de candidato si verdaderamente quieren ganar en marzo de 2012.