El abismo primaveral

Guridi

Las hojas del calendario no sólo caen en otoño, sino que prosiguen su inexorable camino al suelo día tras día, con las elecciones municipales y autonómicas del año que viene asomando a la vuelta de la esquina. Después de la convulsión expresada en las elecciones europeas de este año, todos miramos a las encuestas con la misma fascinación y temor con la que los augures romanos trataban de descifrar la voluntad de los dioses, mirando si los pollos sagrados tenían apetito.

 Según las encuestas, el PP se encontraría en caída libre, con una deserción inédita de sus votantes hacia la abstención. En Génova 13 y en la Moncloa no parecen querer darse por enterados. Nuestro Presidente del Gobierno ya ha dejado saber que se sigue considerando imprescindible para las próximas elecciones generales, dejando claro su convencimiento de que, si ellos están mal, sus adversarios políticos están peor. Puede que no le falte razón. El P, atrincherado detrás de las instituciones, se comporta cada vez más arbitrariamente, dejando que éstas se lleven todos los golpes y sustituyendo a un correligionario caído por otro aún peor. Tal es el caso de RTVE, donde han sustituido a relamidos manipuladores por autoritarios censores. O del mismo Ministerio de Sanidad, donde Ana Mato ha pasado a ser sustituida por Alfonso Alonso, que continuará desmontando la sanidad pública con mayor eficiencia, mayor maldad y más descaro que su predecesora. Ni los jueces, ni la policía nos pueden proteger ya de ellos, como ha demostrado la escandalosa manera mediante la cual se han quitado de en medio al juez Ruz. El Gobierno de Mariano Rajoy y los de sus subordinados autonómicos, parecen dispuestos a no ahorrarse una gota de ricino con la maltratada población española. Se creen impunes y los hechos parecen, por desgracia, darles la razón.

El PSOE, mientras, sigue renqueante. Pedro Sánchez se comporta más como un ganador de “Gran Hermano” haciendo bolos, que como el líder del centenario partido. No hay estrategia porque no hay proyecto. Y no hay proyecto porque no hay ideas. Sánchez fue aupado al poder por una alianza de barones regionales que querían ponerse a salvo de cambios en el status quo; ahora, por desgracia, se dan cuenta de que van a ser igualmente arrollados. La militancia no pudo o no quiso moverles de sus sillas. Las encuestas indican claramente que la gente les moverá fuera de la política. Se decidió confiar en la inercia para salir del hoyo, sin reparar en que hay fuerzas más poderosas empujando al PSOE hacia él. El golpe va a ser muy duro. Ojalá el PSOE pueda recuperarse. Pero alguna federación socialista va a quedar severamente tocada, demasiado como para poder recuperarse a tiempo de las Generales.

Izquierda Unida, mientras, corre hacia la extinción con todas sus fuerzas. Del mismo modo que escondieron a su número 1 en las europeas detrás del número 7, ahora quieren esconder sus siglas detrás de las diferentes plataformas “Ganemos”. La parte que no quiere esconderse se está pasando en masa a “Podemos” y es más que posible que, tras los resultados de las municipales y autonómicas, Alberto Garzón entregue en bandeja gran parte de la organización a sus antiguos amigos de Podemos. Mientras, los viejos comunistas guiñan los ojos perplejos, porque todos sucede a demasiada velocidad para ellos.

Podemos es el gran misterio. ¿Qué demonios harán en esas elecciones y después de ellas? De momento, están exigiendo a IU que, si quieren acudir a las elecciones con ellos, renuncien a sus siglas, a su programa y firmen todos los documentos políticos que los politólogos de Somosaguas les pongan por delante. También se están hartando de decir que son demasiado puros como para pactar con nadie. Mi apuesta personal es que, en todos los casos en los que una alianza pueda desalojar al PP del poder, Podemos pondrá como condición que sus candidato sean Presidentes o Alcaldes, sean los más votados o no. Una trampa en la que el PSOE ha demostrado que le es fácil caer, como pasó en los gobiernos de coalición con el PNV o como pasó en Cantabria. Dos sitios, por cierto, donde ni llegará a tercera fuerza política en las siguientes elecciones. Teniendo, además, en cuenta cómo desean administrar éstos el poder, lo más seguro es que ni siquiera transijan a formar gobiernos de coalición, sino que exijan gobernar en solitario. O el PP, o ellos. Aunque sean tercera fuerza política. De esta manera forzarán a “la casta” (todo lo que no sean ellos mismos) ha hacerse un harakiri político.

¿Y los nacionalistas? ¿Qué pasa con los nacionalistas? Los nacionalistas siempre creen que todo de lo que se hable tiene que ver con ellos, así que dejo que los lectores bendecidos por la voz de la Patria lleven el agua a su molino en los comentarios, como ya suelen hacer se hable de lo que se hable.